Llegan 50 mil pingüinos a Puerto Deseado

Llegan 50 mil simpáticos ejemplares para reproducirse en estas costas. Un espectáculo único.

"En la Ría Deseado nidifican todos los años alrededor de 25.000 parejas de pingüinos de Magallanes, es decir que los visitantes podrán ver a unos 50.000 individuos. En setiembre, los primeros en llegar son los machos y unas dos semanas después, las hembras", explica el Dr. Esteban Frere, miembro del Centro de investigaciones Puerto Deseado, Global Seabird Programme y BirdLife International.

Acercarnos a los bichos

Las empresas de servicios turísticos de Puerto Deseado ofrecen múltiples opciones para disfrutar de los pingüinos y demás especies de la zona sin alterar el hábitat. Una de las opciones más divertidas es surcar las aguas que rodean la ciudad a bordo de una lancha hacia la Isla Pingüino, futuro Parque Nacional, donde los pingüinos de Magallanes sorprenden con sus piruetas al lanzarse al mar.

El paseo incluye una caminata por la isla que no mide más de un kilómetro pero que también alberga a cormoranes grises, gaviotas marineras, gaviotines, skuas, petreles, ostreros, lobos marinos de un pelo y elefantes marinos del sur.

En la costa de la isla, una colonia parece dar la bienvenida a los viajeros que desembarcan. Y a pocos metros de caminata por el sendero demarcatorio, ya son centenares los ejemplares que se dan cita. Cámara en mano, es posible registrar sus dos tipos de nidos: cuevas en el suelo o debajo de los arbustos. Un guía especializado será el compañero ideal para interpretar todas las conductas cotidianas de los pingüinos.

Una temporada cada año

En poco tiempo más, miles de parejas de pingüinos de Magallanes comenzarán a concentrarse, como todos los años, para reproducirse. "Los machos se dirigen a las colonias donde nidificaron la temporada anterior siempre y cuando haya sido buena la descendencia. Si no, cambian de sitio en la misma colonia. Ellos acondicionan el nido y lo defienden de sus vecinos (nunca faltan las peleas).

Luego llegan las hembras, que también tienden a volver al mismo nido y, por ende, mantienen la pareja, siempre y cuando el compañero haya sido exitoso en criar a sus pichones. Ya en octubre la hembra pone dos huevos, y son incubados por 40 días por ambos padres. A principios de diciembre nacerán los pichones, que estarán bajo la tutela de los adultos durante tres meses", agrega Frere.

Al nacer los pichones, pesan apenas 80 gramos. Dos meses después, habrán crecido hasta los tres kilos. En febrero o marzo, cuando las condiciones del mar empiecen a ser cada vez más adversas, deberán independizarse de sus padres, iniciar su etapa migratoria y encargarse por sí mismos de conseguir anchoítas, sardinas, calamares, pejerreyes y peces pelágicos, base de su alimentación.

Más información de Puerto Deseado

Dirección de Turismo de Puerto Deseado. 0297- 4870220, San Martín 1525 , Santa Cruz, Puerto Deseado.
turismo@deseado.gov.ar
puertodeseado@santacruzpatagonia.gob.ar
www.turismo.deseado.gov.ar
Fuente: Los Andes Online

Malargue. Al galope por la nieve

Alternativas para el invierno mendocino.
En el sur de Mendoza, Malargüe ofrece distintas opciones para disfrutar del manto blanco que cubre los pliegues cordilleranos. Cabalgatas, trekking y travesías en 4x4 por reservas protegidas invitan a la aventura invernal, entre paisajes fantásticos de volcanes, lagunas y formaciones rocosas antiquísimas.

Las primeras imágenes rosadas de la tarde aparecen en el horizonte de Malargüe. A contraluz, una fila perfecta de picos blanquísimos habla por sí sola: la cordillera andina no necesita intérprete. Es la época en la que la ciudad toda se alborota y se entusiasma con negocios donde se ofrecen actividades y ropas de abrigo por doquier, entre nevadas que caen a cántaros. La escena es, a decir de los mendocinos, una doble bendición para su tierra. Primero por ser clave para la temporada turística, que con buenos niveles de nieve se asegura una afluencia continua de visitantes; segundo, por ser la materia prima del agua de la cual vivirá la provincia prácticamente durante un año. Mendoza es más parecida al desierto de lo que suele creerse, y si se la ve verde y llena de vida es sobre todo gracias a la tecnología hídrica que se aplica con esfuerzo y conciencia.

Pero la nieve es mucho más que eso, y por estos meses Malargüe y sus alrededores ofrecen entretenidas salidas para disfrutarla más allá del esquí. Una visita a la Dirección de Turismo local es el primer paso para conocer las opciones de cabalgatas, trekking y travesías 4x4 que invitan a aprovechar los magníficos paisajes nevados durante la temporada invernal.

Baqueando por un día

El programa de cabalgatas, un clásico de Malargüe, se renovó este año para ofrecer siempre nuevos motivos de regreso a la región. La nieve es la invitada principal, especialmente en dos excursiones espectaculares organizadas por la estancia La Herradura. La primera, de día completo, dura ocho horas y propone llegar al cerro La Ventana partiendo del Choique, mítico casco del establecimiento ganadero, 22 kilómetros al oeste de la ciudad. “Lo primero que hacemos al llegar es una buena mateada con yuyos y pasteles. Mientras tanto, charlamos un rato con la gente para saber con quién vamos a compartir la salida. De dónde son, si es la primera vez que vienen y qué tipo de excursiones les gusta más: si la cabalgata tranquila o el galope. Mientras, los compañeros alistan los caballos para partir al cerro”, cuenta Jorge García, guía malargüino y amante del folklore local como pocos. El traqueteo sobre los animales empieza por senderos de la estancia, atravesando arroyos y vegas, y en pocos minutos se mete en un fascinante mundo de paisajes y formaciones geológicas. La primera parada es en las condoreras, lugares de nidificación de cóndores, y pronto llegan las bardas, que rodean y acompañan al grupo hacia los valles superiores. El camino promedia al mediodía: entonces la segunda parada llega con un buen asado campero, mientras se elaboran, in situ y a la brasa, las tortas fritas para la tarde. Al llegar al mirador del cerro hay un descanso para contemplar los alrededores desde las alturas; luego hay que regresar hacia el Choique antes de que oscurezca. El lujo final comienza cerca del casco, cuando los caballos se lanzan a galopar por canales cercanos al río, levantando polvo y nieve y haciendo experimentar a los jinetes la adrenalina de sentirse un auténtico baqueano, con la posibilidad incluso de arrear algunos animales.

La otra cabalgata que ofrecen García y su gente necesita tres días y convoca al cerro El Morro. La actividad repite parte de la anterior, y llega a La Horqueta, otro paraje bellísimo donde se establece el primer campamento en el sector de la Vega del Burro. Cena y pernocte en las monturas, hechas de mantas criollas: es el tiempo del fogón y la guitarra, y del sueño, para poder seguir temprano por la mañana. Se visita el Cajón de Los Oscuros y El Salto, un valle a casi tres mil metros de altura encerrado entre montañas y nieves eternas, con una de las mejores vistas de la depresión de los Huarpes. Luego se sigue con paradas intermedias hacia el fondo la Laguna de Llancanelo, reservorio de aves de toda Sudamérica. Otra noche de montaña y canto dan paso al día final en El Morro, un cerro lleno de magia e historias, donde todavía se encuentran vestigios de rituales aborígenes y “chenques” (entierros) a cada paso. Si se tiene suerte, es posible galopar con alguna de las tantas tropillas de caballos salvajes que habitan estos cerros.

Entre Las Carcavas

Otra de las cabalgatas malargüinas invita a los pagos de Alberto Quesada, un puestero de montaña descendiente de los pobladores originarios, que criaron ganado en la zona desde siempre. Es la excursión al famoso Malacara, una combinación de travesía 4x4, cabalgata y trekking hasta las entrañas mismas del volcán. Para hacerla hay que trasladarse unos 40 kilómetros hacia el sudeste por la mítica ruta 40, atravesando la ciudad hasta donde la llanura empieza a mostrar de cerca sus elevaciones. Allí espera don Beto con sus caballos criollos, listos para iniciar el recorrido ladeando montañas hasta los cráteres de una región que fue ocupada hace millones de años por los océanos Pacífico y Atlántico. Esa situación, además de generar la gran riqueza petrolera y gaseosa del departamento, sin contar el legado de restos fósiles, fue clave en la formación de pasadizos, cárcavas y chimeneas del Malacara: su erupción de tipo hidromagmática muestra el contacto sufrido entre la lava y el agua. Y es que a diferencia de otros volcanes “clásicos”, el Malacara estaba sumergido al estallar, y así el agua enfrió sus canales de lava en plena salida, lo que produjo verdaderas tuberías de piedra, como la Cárcava Oscura.

Una vez dejados los caballos en la entrada al volcán, arranca un trekking de medio día donde hay que agacharse, trepar y hacerse flaco para pasar entre rocas que dejan el espacio justo para el cuerpo. Más adelante espera la Cárcava de Tito Alba, nombre que hace suponer el paso pionero de algún antiguo poblador, pero corresponde, sin embargo, a una especie de lechuza blanca de la zona, que habita la cima del volcán. Pocos metros después, la luz del medio día aporta algunos rayos y entonces comienzan a brillar tonos rojizos y ocres sobre los oscuros pasadizos, que van llevando a la última cárcava, la de Los Puentes, donde la visibilidad es mayor y todos logran obtener alguna imagen para el recuerdo. Silencio y aire fresco de por medio, el lugar se improvisa para el mate y el descanso, y aunque se mire para todos lados cuesta creer que estos cañadones de piedra hayan nacido cientos de metros bajo el agua.

Además, otras cabalgatas contratadas en las prestadoras o en la misma Dirección de Turismo llevan en trayectos de medio día o día completo hacia la Laguna de la Niña Encantada y la doble dolina conocida popularmente como el Pozo de las Animas.

Desde la ciudad

Otros escenarios de vida natural se pueden conocer a través de excursiones que parten de la ciudad, con distintas duraciones. Uno de ellos es Manqui-Malal, un paraje con refugio de montaña donde abundan restos fósiles marinos y terrestres, como el Ictiosaurio hallado hace un par de años y llevado a Mendoza para su estudio. Allí es posible realizar un trekking paleontológico hasta el nacimiento de la Cascada Dorada, un enorme salto de agua que en invierno suele semicongelarse, dejando estalactitas en las rocas y la flora adyacente.

Más o menos hacia el mismo lado, pero saliendo de la ruta 40 un poco antes, se llega a los legendarios Castillos de Pincheira, gigantescas bardas con forma de torres que deben su nombre al cuatrero chileno-español José Antonio Pincheira. Si bien aquí se cuenta que su tropa llegó a conformar casi un ejército con centenares de españoles y algunos nativos renegados que secuestraban mujeres y traficaban ganado, otros más encariñados con la leyenda recuerdan al líder como un Robin Hood criollo, que solía repartir sus botines entre los más pobres. Lo cierto es que en estos accidentes geográficos donde Pincheira plantó su fortín hoy hay camping y un restaurante que promociona su chivo a la cruz como el mejor de la ciudad y ofrece cabalgatas por encima de los paredones naturales.

El tercer escenario de singular belleza llega a 75 kilómetros de Malargüe: la Reserva Natural Laguna de Llancanelo, área declarada sitio Ramsar, cuyo humedal hospeda garzas, flamencos, cigüeñas, cisnes de cuello negro, patos, gavilanes y chimangos, entre 155 especies de toda Sudamérica. Lugar soñado para el safari fotográfico, sus 65.000 hectáreas, con 120 kilómetros de perímetro, son accesibles también en invierno y con nieve.

El cierre de actividades al aire libre y con el manto blanco como compañero llega sobre la Reserva Natural más grande de Mendoza (442.996 hectáreas): la Payunia. En este desierto de volcanes negros la excursión con nieve es imperdible y representa una verdadera travesía donde la destreza del conductor al volante hace las veces de rally. En el sacudido camino se contemplan gotas de lava petrificadas de algunos de los 800 conos volcánicos y demás materiales piroclásticos. En medio de ellos se alza, soberbio, el Payún Matrú, el pico elevado a 3715 metros sobre el nivel del mar.

Antes de dejar la ciudad, Malargüe invita a conocer su polo tecnocientífico, con el observatorio de rayos cósmicos Pierre Auger y el nuevo Planetario, pasajes hacia el misterioso y cada vez más cercano universo en una ciudad que parece tenerlo todo.

Datos útiles

Dirección de Turismo en Malargüe: allí se puede adquirir la Malargüe Card, con promociones y descuentos que van del 10 al 30% en servicios de esquí, hoteles, restaurantes, excursiones, farmacias y comercios. La tarjeta también se puede imprimir gratuitamente desde la web. Tel.: (02627) 471-659. infoturismo@malargue.gov.ar; www.malargue.gov.ar.
Cabalgatas y excursiones
Cabalgatas La Herradura: Jorge García o Pablo Rubio. Tel.: (02627) 15519432/471213. pampasnegrastur@hotmail.com.
Karen Travel: (02627) 470342; consultas@karentravel.com.ar.
Tierra Firme: (02627) 155173; soliz@infovia.com.ar.
Choique: (02627) 47039; malargue@choique.net.
Aires de Libertad: (02627) 471416; info@airesdelibertad.com.ar.
Huarpes del Sol: (02627) 155-57878.

Como llegar a Malargüe

En avión se parte desde el aeroparque Jorge Newbery hasta Malargüe, pero sólo en invierno (ver promociones de compañías aéreas). Aerolíneas Argentinas va a Mendoza todo el año y de allí se toma un ómnibus a Malargüe. Teléfono: (0810) 222 86527.
En ómnibus, varias empresas realizan el trayecto en unas 13 horas (www.andesmar.com.ar/ 4310-0700), con tarifas que arrancan en los $214. En auto, desde Buenos Aires hay que tomar la Ruta 7 hasta Junín, luego la 188 hasta Alvear, la 143 hasta San Rafael, la 144 hasta El Sosneado y finalmente la 222 hasta Malargüe.

Fuente: Página 12 Turismo

En bicicleta por el mundo

Para deportistas y no tanto, con movilidad propia o alquilada, la bicicleta sigue siendo una romántica manera de recorrer el mundo.

La aventura acepta variados niveles de riesgo y extensión, y siempre está la garantía de sentir el viento golpeando sobre la cara y los músculos en tensión. Hay innumerables senderos bien acondicionados para acceder a paisajes y lugares donde no ingresa el automóvil o son muy lejanos para emprender un trekking. Aquí presentamos algunos de los recorridos ciclísticos más populares del mundo, aptos para los adeptos al cicloturismo, habituados a caminos agrestes, y los ruteros, acostumbrados a cubrir largas distancias, en general por asfalto.

En Argentina

Dentro del país todas las regiones ofrecen interesantes circuitos para recorrer en dos ruedas, con diversa dificultad. La Patagonia es tal vez el sitio más buscado para emprender este tipo de aventuras, con hermosos paisajes y rústicos caminos de tierra que se transforman en sendas, no siempre llanas, para el pedaleo. En San Martín de los Andes el circuito de los Siete Lagos y Quila Quina son de los más buscados, porque lleva por una de las playas más populares del lago Lacar. Más al sur, en Bariloche, Arroyo Chacay, Circuito Chico y Circuito Grande están al tope del ránking. En la vecina Villa La Angostura se suele completar el recorrido hacia el Bosque de Arrayanes, con retorno en catamarán. En el Noroeste, la vuelta a los Valles Calchaquíes salteños puede completarse haciendo ciclismo, en no menos de tres días y con tramos muy agotadores, incluyendo la Cuesta del Obispo, que no es apta para improvisados.

Para paseos relajados de un día o una tarde es ideal San Lorenzo, a pocos kilómetros de la ciudad de Salta. Algunas localidades de Córdoba y San Luis sobresalen también en la elección de los ciclistas. En tierras cordobesas Capilla del Monte, en el Valle de Punilla, tiene buenos tramos en camino al cerro Uritorco; mientras que en tierras puntanas se destaca Potrero de Funes.

En las grandes ciudades la bicicleta sigue siendo un tema pendiente, pese a los intentos que se están haciendo en Buenos Aires con la instalación de bicisendas.

Caviahue, el elegido de la nieve

La villa tiene actualmente más de un metro y medio de nieve. Los más chiquitos, agradecidos.

Con un metro y medio de nieve acumulada en la base y en el pueblo, Caviahue está viviendo una excelente temporada de invierno. Con una ocupación a pleno, los visitantes se van maravillados con este auténtico pueblo de nieve. Lo primero que sorprende al arribar a Caviahue es la inmensidad del silencio. El cielo es muy abierto. El movimiento en las calles, poco. Inmediatamente, invade la sensación de que se está en un sueño o compartiendo un secreto bien guardado. Se puede sentir que se ha descubierto un verdadero paraíso.

Al bajar del vehículo la cantidad de nieve es verdaderamente una sorpresa. De golpe, todo lo que se ve es blanco. Pero blanco de verdad. Los autos tapados de nieve, las motos de nieve circulando y la imposibilidad de distinguir entre los limites de las calles y las veredas. Los techos y las entradas de las casas, totalmente cubiertos. De noche, la gente saca los esquíes y se desliza por las tranquilas calles, extendiendo la diversión del día y disfrutando a pleno de este lugar mágico.

El pueblo de Caviahue está ubicado a 1.647 metros sobre el nivel del mar (msnm), la razón de este clima extremo. Al contar con un clima frió y seco, esta ecuación asegura una larga temporada de cinco meses de nieve en polvo. A diferencia de otros centros de esquí, el cerro queda a solo un kilómetro del pueblo, lo que determina comodidad en el acceso y el placer de esquiar en un centro de esquí de nivel internacional pero con la tranquilidad y la seguridad de una villa de montaña de 900 habitantes. En Caviahue, la nieve no se termina al bajar de los medios.

El público de este lugar es en su mayoría familiar. Y eligen el Centro Internacional de Esquí por el encanto de este pueblo y por los servicios de su centro de esquí. En Caviahue no hay demoras en los medios de elevación. Se debe a que el pueblo cuenta con una capacidad de 1.200 plazas hoteleras y el cerro, una capacidad de arrastre de 7.400 esquiadores por hora.

La amplia diferencia que existe entre la capacidad de transporte del cerro y las personas que acceden a él hacen de Caviahue el único cerro con cero demoras en sus medios de elevación y aprovechamiento al máximo. Los medios de elevación llegan a 11 y las pistas son 20, con tres niveles de dificultad, un itinerario del bosque y una pista de conexión.

Más allá de brindar todas las facilidades necesarias para los esquiadores, Caviahue se distingue por ser un centro invernal que ofrece una experiencia global, no sólo de la montaña, sino de toda la villa. Las excursiones trascienden los límites del centro de esquí. Aquí es posible conocer los principales atractivos de la villa a bordo de vehículos oruga, motos o raquetas de nieve, trineos tirados por perros, esquí de fondo o con los originales paseos en banana o nocturnos.

Viajar a Caviahue es lo que se dice una verdadera experiencia de nieve. Es un lugar donde aún está todo por hacer y sin embargo, se puede hacer de todo. Un territorio prácticamente virgen donde encontrarse con uno mismo y la familia.

Ficha técnica de Caviahue

Veinte pistas: 18 con tres niveles de dificultad; un itinerario del bosque; y una pista de conexión.
Once medios de elevación.
Longitud máxima esquiable: 7.250 metros.
Superficie esquiable: 325 hectáreas.
Altura de la base: 1.647 msnm.
Plataforma intermedia: 1.781 msnm.
Altura máxima : 2.751 metros. Llegada con medios de elevación.
Pendientes: 5º mínimo - 35º máximo.

Como llegar a Caviahue

En auto: está a 1.504 kilómetros de Rosario, se accede por las rutas 33, 1, 102, 143, 151, 237, 22, 21 y 26.
En bus: desde Rosario hasta Neuquén, y luego ómnibus regular o transfer.
En avión: vuelo a Neuquén y viaje de 360 kilómetros en transporte terrestre.

Fuente: La Capital Turismo

Tierra del Fuego. De excursión por las vías del Tren del Fin del Mundo

Una parte del Parque Nacional Tierra del Fuego puede recorrerse a bordo del Tren del Fin del Mundo, cuya historia está ligada para siempre al antiguo presidio y los orígenes de Ushuaia. Una historia para conocer desandando el pasado y admirar los bellísimos paisajes del extremo austral argentino.

La Isla Grande de Tierra del Fuego no sólo está separada del continente por el estrecho de Magallanes, sino que está rodeada al sur por el canal de Beagle, al este por el océano Atlántico y al oeste por el océano Pacífico. La isla es compartida por Chile, a quien pertenece la sección oeste, y la Argentina, a quien pertenece el este. Pero si la parte chilena, donde la Cordillera de los Andes entra en contacto con el mar, es elevada, muy accidentada y con gran cantidad de fiordos, la parte argentina posee en cambio costas menos abruptas. A semejante escenografía se le debe sumar un clima inhóspito, con veranos cortos y frescos –en los que incluso puede nevar– e inviernos largos y húmedos durante los cuales el sol aparece alrededor de las 9.30 y se va rápidamente hacia las tres de la tarde. Con tales condiciones, ¿qué mejor lugar para establecer una cárcel de reclusos peligrosos?

Corría el año 1895 cuando el entonces presidente argentino Julio A. Roca firmó un decreto para establecer una colonia penal en los territorios del sur del país, en la actual Ushuaia, cuyo nombre significa en lengua yámana “bahía que penetra hacia el poniente”. Si bien los orígenes de la ciudad se remontan a 1869, con la llegada de un misionero anglicano llamado Stirling que había ido a evangelizar a los nativos, fue la decisión de instalar el penal lo que impulsó su desarrollo y crecimiento. A partir de 1896 se habilitó una cárcel en instalaciones muy precarias, adonde llegaban condenados a pena de presidio, reclusos de cuidado destinados al peldaño anterior a la pena de muerte.

Entretanto más al sur de Ushuaia, en la Isla de los Estados, había un presidio militar junto al faro de San Juan de Salvamento. Conocido como “Faro del Fin del Mundo”, es el mismo que inspiró a Julio Verne su novela homónima y cuya réplica hoy se puede ver, en tamaño natural, en el Museo del Presidio. Pero en 1899 se decidió trasladar a los presos hacia Tierra del Fuego, debido al frío y la extrema humedad de la Isla de los Estados. Además en Tierra del Fuego, un destino un poco más humanitario, los reclusos podrían cumplir tareas de forestación y minería. Finalmente en 1902 treinta y seis de los prisioneros fueron llevados a la Isla Grande para comenzar a levantar el edificio definitivo del penal.

Presidio y tren

La construcción comenzó ese mismo año, frente a la esquina de las actuales calles Yaganes y Gobernador Paz, con la mano de obra de todos los reclusos. El edificio fue erigido con materiales de la zona: roca basáltica, madera, arcilla y arena de los riachos cercanos. Pero el traslado de los materiales se hacía arduo y sumamente lento, de modo que el entonces director del penal, el ingeniero Muratgia, solicitó la compra de rieles tipo Decauville. Mientras esperaban los rieles, que arribaron recién en 1908, utilizaron otros equivalentes de madera y armaron un xilocarril (tren de madera) con bueyes que arrastraban los pequeños vagones de carga. Ese humilde xilocarril, con una trocha inferior a un metro de ancho, fue el origen del tren más austral del mundo.

A partir de 1909, el pequeño tren de los presos se desarrolló velozmente con rieles tipo Decauville y una trocha de 60 centímetros. El nuevo medio de transporte salía todos los días del presidio hacia el campamento de tala de bosques, cruzando la ciudad por la costanera a través de la actual Avenida Maipú. Así se convirtió en una herramienta fundamental para acelerar la construcción del penal y proveer durante todo el año leña destinada a cocina y calefacción. Con el correr del tiempo se aumentó el número de las máquinas y vagones, y el tren comenzó a usarse también para carga y descarga de mercadería del muelle al presidio y viceversa. El tren contó con locomotoras como la Orenstein & Koppel y la Jüng. En la actualidad se pueden ver la Nº 2 (una de las Orenstein & Koppel) y un coche en el predio del Museo de la Prisión. En un comienzo, y durante dos décadas, el tendido ferroviario corría por la ladera este del Monte Susana, pero cuando las locomotoras originales no pudieron subir las partes más elevadas el ramal continuó por el centro del valle del río Pipo, en lo que hoy es el Parque Nacional Tierra del Fuego.

El presidio terminó de construirse en 1920. Contaba con cinco pabellones de dos pisos cada uno, dispuestos en forma de estrella alrededor de un vestíbulo central. En total había trescientas ochenta celdas. Cada celda, de cuatro metros cuadrados y muros de roca de sesenta centímetros, alojaba un solo prisionero. Sin embargo, en algunos momentos la cárcel llegó a alojar a más de seiscientos penados usando las caballerizas como celdas comunes. Recién en 1943 se inauguró un moderno hospital que, por mucho tiempo, fue el único de la zona. Además se instalaron talleres de carpintería, herrería, sastrería y panadería para dar a los presos un oficio cuando estuvieran en libertad. Sin embargo, estos talleres no sólo satisfacían las necesidades de la cárcel, sino que prestaban servicios a toda Ushuaia brindando la primera imprenta, el primer teléfono y electricidad. Así fue como la ciudad fue creciendo, de la mano de los presos que construían calles, plazas y puentes.

El penal fue, sin dudas, uno de los principales motores de la actividad económica de Ushuaia. Unas doscientas cincuenta personas, entre guardias y celadores, custodiaban a los penados. Hasta que, en 1947, la cárcel fueguina fue clausurada por el presidente Juan Domingo Perón, por razones humanitarias. Las instalaciones fueron transferidas al Ministerio de Marina y en ellas se instaló una base naval. Entretanto, en 1949 se produjo un terremoto y gran parte del tendido ferroviario quedó bloqueado: los días del tren parecían estar definitivamente contados. El gobierno trató de ponerlo en servicio nuevamente, pero el tren de los presos dejó de circular en 1952.

Al parque por los rieles

En 1994, cuarenta y dos años después de su último servicio el convoy retomó su recorrido histórico, pero esta vez convertido en tren turístico y a cargo de una empresa privada. En la actualidad es la vía férrea en funcionamiento más austral del mundo. El tramo actual reconstruido es de ocho kilómetros (el original era de veinticinco) y la trocha tiene sesenta en lugar de cincuenta centímetros. Las locomotoras actuales son dos a vapor y cuatro diesel, la última de ellas incorporada en 2006. De las dos a vapor una fue adquirida en Inglaterra a la firma Wilson Engineering (una 2-6-2T bautizada “Camila”) y la otra fue fabricada en Argentina. El recorrido es la parte final de la línea que unía el presidio con los campos de trabajo situados en lo que hoy es el Parque Nacional, que abarca 63 mil hectáreas y se encuentra 11 kilómetros al oeste de Ushuaia.

La reserva, que este año festeja sus cincuenta años con varios eventos, fue creada en 1960 para proteger la zona más austral de la Cordillera de los Andes y el bosque subantártico. En este clima se han desarrollado árboles de la familia de los Nothofagus como la lenga, que en otoño pasa del verde a un rojo intenso. En algunas zonas más expuestas los vientos son tan fuertes que los troncos y las ramas crecen torcidos por la fuerza de las ráfagas: son conocidos con el nombre de “árboles-bandera” por la forma que adquieren en su lucha contra el viento. También hay turbales rojizos que dan un gran colorido al verde predominante de la isla. El Parque Nacional Tierra del Fuego es el único de la Argentina que combina costa, bosque y montaña y donde habitan zorros colorados, guanacos, nutrias marinas, cauquenes marinos, patos y más de noventa especies de aves. También se pueden ver conejos y castores, verdaderos ingenieros hidráulicos que traen serias complicaciones cuando construyen diques en ríos y arroyos para proteger su madriguera. El problema radica en que los castores, nativos de Norteamérica, fueron introducidos, no tienen depredadores naturales y para comer y hacer diques derriban cuatrocientos árboles al año desequilibrando el ecosistema. Se estima que en Tierra del Fuego hay 70 mil castores, una verdadera plaga.

El tren actual no sale del presidio sino de la Estación Fin del Mundo, cabecera del ferrocarril que se encuentra continuando la RN Nº 3 ocho kilómetros al oeste de Ushuaia, cerca del Valle del río Pipo, entre el Monte Susana y la cadena montañosa Le Martial. La pintoresca estación alberga un salón de espera donde muchas veces hay una banda tocando música en vivo. Los rústicos vagones de carga han sido reemplazados por pequeños y cómodos coches pintados de color rojo, tan pequeños que es necesario agacharse un poco para entrar, y le dan a todo el tren cierto aspecto de juguete. Una vez en marcha, desde los grandes ventanales se puede apreciar una parte del Parque Nacional donde prácticamente no quedan árboles luego de la intensiva explotación forestal por parte de los presos. En la estación Cascada de la Macarena los pasajeros pueden descender por quince minutos: entretanto, una entretenida y novelada voz en off, con traducciones a varios idiomas, va relatando la historia del tren y las penurias allí vividas. Cuesta imaginar que cien años atrás esas mismas vías transportaban a reclusos con trajes a rayas, habitantes de las cercanías de un paraíso pero en condiciones de penuria inimaginables

Fuente: Página 12 Turismo

Chubut. El reino de la ballena franca

Con el avistaje de ballenas y de la fauna patagónica como abanderados, Chubut se prepara para otra temporada estival exitosa.

Hasta diciembre podrán observarse en la costa de Puerto Madryn y Puerto Pirámides a ballenas francas australes reproduciéndose y amamantando crías.

Se trata de cetáceos de 15 metros de largo y 50 toneladas de peso que se pasean mansamente en la zona de los golfos Nuevo y San José. El avistaje es una actividad que durante las últimas temporadas ha atraído a más de cien mil turistas argentinos y del mundo entero.

Seguridad

Hoy, a más de 30 años de los inicios de la actividad de avistaje de ballenas, hay seis empresas habilitadas por el Gobierno de la provincia que cuentan con embarcaciones con capacidad para llevar a 70 personas y están equipadas con la mejor tecnología y con todos los elementos reglamentarios para brindar total seguridad a los embarcados.

Décadas atrás no se acercaban tantas ballenas a la zona como ocurre ahora, por lo cual el avistaje se limitaba solamente a los meses de octubre y noviembre. En la actualidad, la temporada de avistajes se extiende desde comienzos del mes de junio hasta diciembre.

Península Valdés, declarada en 1999 Patrimonio de la Humanidad, es el lugar de mayor concentración mundial de esta especie de ballenas, y esa es la razón por la que está garantizado encontrarlas cuando las embarcaciones bogan mar adentro.

También es posible ver a estos magníficos animales desde la costa, aunque nada se compara con la familiaridad y cercanía que se logra desde las embarcaciones.

¿Qué es lo que se puede ver? La imagen de la cola de ballena emergiendo del mar que ha recorrido el mundo entero y que es icono emblemático de la existencia de las ballenas es sólo una mínima muestra de la experiencia de aproximarse a ellas y ver cómo se relacionan, cómo se desplazan, su actividad social, y esa relación tan particular con tonos de afecto, ternura y simpatía que tienen con el hombre.

Lo que se puede ver es un capítulo en la vida de estos gigantes del mar, en su hábitat natural, en el lugar del mundo que han elegido por tener las condiciones necesarias para cumplir con una importantísima etapa de sus vidas y por lo que regresan año a año: la de procrearse, reproducirse y dar las primeras lecciones de vida a sus crías para que, al año siguiente, en ese mismo lugar, sigan solos su camino.

La experiencia

El avistaje embarcado dura como mínimo una hora y media, dependiendo de las condiciones climáticas, la época del año y la cantidad de ballenas que haya en la zona.

Antes de subir a la embarcación, cada persona es provista de una capa impermeable y de un chaleco salvavidas; una vez ubicados todos, la lancha se aproxima al mar, a las zonas donde pueden observarse ejemplares de ballenas franca austral. Ya inmersos en las aguas, un guía especializado brindará información acerca de las características y las costumbres de las ballenas.

En el transcurso de los minutos, los embarcados podrán ver cómo las ballenas se deslizan por debajo de la embarcación y se acercan de manera pacífica y amigable. Cuanto mayor es la edad de los animales, más confianza tienen con las embarcaciones y mayores las chances de verlos de cerca.

Las apariciones de las ballenas se miden en violentos coletazos, la expulsión del aire de sus pulmones con chorros de agua en forma de «v», los saltos y los acercamientos.

Miradores

Si bien las ballenas «siempre están», hay dos opciones para tener en cuenta a la hora de elegir «esa postal ideal» para ver a las ballenas. En la costa de playa El Doradillo, a 15 minutos del centro de Madryn, cuando la marea está alta y el mar calmo, se pueden apreciar las ballenas desde muy corta distancia.

La otra opción es hacer el avistaje en embarcaciones preferentemente a la mañana temprano o al atardecer, para aprovechar la puesta del sol sobre el mar.

Ésta es una salida especial denominada Sunset; es un poco más larga que las habituales y brinda el escenario ideal para los que buscan de esta experiencia lograr la mejor de las postales: las ballenas bañadas de los cálidos tonos del atardecer sobre las destellantes aguas del mar que las alberga.

Fuente: Ambito

Argentina certifica el turismo aventura para atraer turismo

El "turismo aventura" es un sector que en Argentina está buscando definir su identidad y reglas.
Generalmente, se considera turismo aventura a aquellas actividades relacionadas con la naturaleza, pero tambien con incursionar en la cultura de la región. El concepto de turismo aventura, para el turista, suelen mezclar conceptos de aventura, ecoturismo, experiencias extremas, turismo sustentable, etc.
Se acaba de generar el Diagnóstico Nacional de Turismo Aventura de Argentina 2010, un trabajo que estuvo a cargo de la Asociación Argentina de Ecoturismo y Turismo Aventura (AAETAV) y la Secretaría de Turismo de la Nación. El estudio identificó a 1.413 prestadores, el 38% de los cuales se concentra en la Patagonia, el 24% en Córdoba, el 16% en Cuyo, el 11% en el Norte, el 6% en Buenos Aires y el 5% en el Litoral.

Ante la inexistencia de legislación, comienza una etapa de transición para unificar criterios para avanzar en la aplicación de normas de calidad, y en el futuro (esperemos cercano) el sector contará con sus propias normas ISO.
Además de los riesgos que implican operadores fuera de control, la falta de normalización del turismo aventura pone a la Argentina en un lugar de desventaja respecto de Brasil, país que hace ya tres años lanzó su plan Aventura Segura, con una inversión de 13 millones de reales. El mercado por el que la Argentina y Brasil compiten identifica a Sudamérica como un todo, y más allá de búsquedas puntuales, privilegiará a aquellos prestadores que ofrezcan mejores y más seguros servicios.