Arqueología. Haciendo unos pocos km desde El Calafate (7) está Cuevas Del Walichu. Se trata de un sitio arqueológico que data de 4000 años aC, en el que se aprecian aleros y cuevas naturales que utilizó el hombre prehistórico, para la ejecución de sus manifestaciones pictóricas.
Bosque Petrificado La Leona. Se parte de El Calafate por la Ruta Provincial N° 5 hacia el este, y luego al norte por la Ruta Nacional N° 40. Durante el trayecto se divisa el Lago Argentino, el río Santa Cruz, el río La Leona y el Fitz Roy. Siguiendo la margen sur del Lago Viedma se llega al pie del Cerro Los Hornos donde se realiza una caminata de aproximadamente 3 horas en la que se ven fósiles y troncos petrificados.
Lago Roca. El típico paisaje de la estepa patagónica y grandes estancias como Huyliche, Anita, Alta Vista, Chorrillo Malo, Lago Roca y Nibepo Aike se ven en el camino al lago.
Fuente: Los Andes Turismo
El bosque petrificado de Colonia Sarmiento
En el sur de la provincia de Chubut, un bosque petrificado resguarda, sumergido en un rojizo paisaje lunar, un grupo de troncos “eternos” de 70 millones de años de antigüedad. Un fenómeno curioso, testimonio tangible de una de las etapas de la evolución de la Tierra, fijada para siempre en la piedra.
El viaje comienza en la ciudad costera de Comodoro Rivadavia con rumbo oeste, una zona signada por el boom petrolero. A los costados de la ruta proliferan centenares de “cigüeñas” –bombas de extracción de petróleo– que ya pasaron a formar parte del paisaje en esta zona de la Patagonia. Nuestro destino es Colonia Sarmiento y vamos por la Ruta Nacional 26, entre unas serranías de transición hacia la estepa.
Al tomar la RP 20 desaparecen de repente las sierras y se entra de lleno en la planicie infinita de la estepa. El cambio no es menor desde el punto de vista perceptivo: el paisaje se abre de pronto y también el cielo parece agrandarse, despertando en el viajero la sensación de ingresar en una dimensión sin límites.
Desde Comodoro Rivadavia hasta Colonia Sarmiento hay 140 kilómetros pavimentados en plena estepa. Y la razón principal para visitar este pueblo es el Area Protegida Bosque Petrificado Sarmiento, además de un interesante museo de historia regional y el Parque Paleontológico Valle de los Gigantes, con sus réplicas de dinosaurios a escala natural.
De la hoja a la piedra
Al Bosque Petrificado se ingresa por un camino de tierra sólo rodeado de paisaje lunar. Los troncos de piedra desperdigados aquí y allá crean un aura prehistórica, como si en cualquier momento fuese a aparecer un pterodáctilo volando sobre una lomada. La aridez del terreno es la antítesis de lo que fue este suelo hace 65 millones de años, cuando lo cubría una selva subtropical poblada por dinosaurios y árboles que superaban los 100 metros de altura. Sin embargo hoy no crece ni la más mínima hierba.
Analizando el paisaje a simple vista, cuesta creer que la fría y árida estepa patagónica haya sido alguna vez un radiante paraíso lleno de vida. Pero basta con agacharse y tomar alguno de los millones de fragmentitos astillados de troncos petrificados que hay sobre la arena para confirmar que el paisaje era lo contrario de lo que es hoy.
¿Cómo se produjo este brusco cambio? La razón está en el surgimiento de la Cordillera de los Andes, al chocar la placa de Nazca con el continente americano debajo del océano Pacífico, a lo largo de toda la costa occidental de Sudamérica. El choque fracturó las entrañas de la tierra elevando las montañas, y la actividad volcánica convirtió a aquel primitivo paraíso en un infierno humeante donde la vida fue quedando sepultada bajo una lluvia de lava y cenizas. Sin embargo el impacto más grave para el ambiente fue que los vientos húmedos provenientes del Pacífico comenzaron a dar contra la Cordillera, descargando allí toda su humedad, para llegar secos a la planicie esteparia. Así gran parte de la Patagonia quedó condenada a ser un desierto, acaso para siempre. Lo asombroso hoy en día es que casi cada detalle de la vida natural de aquel tiempo está documentado en el relieve terrestre a través de indicios que para los científicos hablan como un libro abierto.
Vida de piedra
Los troncos del Bosque Petrificado fueron tapados por los sedimentos que arrastraba un río o quizá por la ceniza de las bocas de fuego de los volcanes. Al quedar aprisionados en capas sedimentarias sin oxígeno y ni bacterias, los troncos no se descompusieron con rapidez. Las condiciones eran ideales para que se iniciara el proceso de petrificación: un suelo rico en sales minerales y poca actividad destructora de los organismos vivos. Al avanzar la aridez, los restos vegetales eliminaron todos sus componentes orgánicos y los reemplazaron molecularmente por soluciones minerales, sin cambiar de forma ni perder la estructura original. La encargada de este trabajo fue la lluvia, portadora de minerales que se filtraron en los troncos. Fue un lento proceso de reemplazo molecular del material orgánico por otro inorgánico. La forma original casi no cambió, pero quedó una roca moldeada por el tronco original. Los troncos ahora son de sílice casi puro y no tienen el más mínimo resto de su materia original.
Al Bosque Petrificado de Chubut no se lo debe confundir con el que hay en el norte de Santa Cruz. Y como son bastante distintos, vale la pena visitar los dos. El de Chubut se diferencia en que es mucho más grande y es posible internarse a pie por varios cañadones de un paisaje con extrañas formaciones sedimentarias de vivos colores; paso a paso se avanza por laberintos naturales que parecen de otra era. El de Santa Cruz, por su parte, no tiene un paisaje tan generoso, pero sobresale por el tamaño muy superior de los troncos.
En las paredes de los antiquísimos cerros del Bosque Petrificado quedan a la vista los diferentes estratos que permiten leer las eras geológicas, en este caso el Cretácico Superior. Mediante el estudio de infinitesimales granos de polen se pudo determinar en detalle el tipo de vegetación dominante en la zona. En el terreno se comprueba también el ingreso tierra adentro del océano, al observar los cañadones tapizados de conchillas marinas y fósiles que perduraron en forma de piedra cuando las aguas se retiraron hace 65 millones de años. Luego los bosques surgieron nuevamente, hasta que durante el Mioceno (entre 26 y 12 millones de años atrás) las comunidades boscosas comenzaron a achicarse de manera paulatina y la vegetación se tornó herbácea y arbustiva.
En el Bosque Petrificado, diversos plegamientos ejercieron en el pasado una fuerte presión geológica, hundiendo las tierras que ahora afloraron por la acción del viento. Así salieron a la luz los troncos eternos. Al caminar por su relieve, despojado de cualquier ropaje vegetal, la desnudez del terreno exhibe la historia en crudo de la evolución del planeta. Y al apoyar los pies sobre tamaña densidad superpuesta inquieta pensar en la dimensión sobrehumana del tiempo. Los estratos superpuestos que se ven en el corte de las paredes son como franjas de unos pocos centímetros diferenciadas por el color. Pero cada una de ellas representa millones de años de vida en la tierra, comprimidos en un solo lugar.
Datos útiles de Colonia Sarmiento
- Cómo llegar:
El Bosque Petrificado de Colonia Sarmiento está a 2020 kilómetros de Buenos Aires, en el centrosur de Chubut. Desde Comodoro Rivadavia son 150 kilómetros hacia el oeste por la Ruta 26 (pavimentada). Una vez en Colonia Sarmiento, son 30 kilómetros más por camino de ripio. Hay un servicio de guardaparques-guías.
- Más información:
Casa del Chubut en Buenos Aires. Sarmiento 1172.
Dirección Municipal de Turismo en Sarmiento: Tel.: 02974898220; www.coloniasarmiento.gov.ar
Fuente: Página 12 Turismo
Ver también en: El bosque petrificado de Colonia Sarmiento
El viaje comienza en la ciudad costera de Comodoro Rivadavia con rumbo oeste, una zona signada por el boom petrolero. A los costados de la ruta proliferan centenares de “cigüeñas” –bombas de extracción de petróleo– que ya pasaron a formar parte del paisaje en esta zona de la Patagonia. Nuestro destino es Colonia Sarmiento y vamos por la Ruta Nacional 26, entre unas serranías de transición hacia la estepa.
Al tomar la RP 20 desaparecen de repente las sierras y se entra de lleno en la planicie infinita de la estepa. El cambio no es menor desde el punto de vista perceptivo: el paisaje se abre de pronto y también el cielo parece agrandarse, despertando en el viajero la sensación de ingresar en una dimensión sin límites.
Desde Comodoro Rivadavia hasta Colonia Sarmiento hay 140 kilómetros pavimentados en plena estepa. Y la razón principal para visitar este pueblo es el Area Protegida Bosque Petrificado Sarmiento, además de un interesante museo de historia regional y el Parque Paleontológico Valle de los Gigantes, con sus réplicas de dinosaurios a escala natural.
De la hoja a la piedra
Al Bosque Petrificado se ingresa por un camino de tierra sólo rodeado de paisaje lunar. Los troncos de piedra desperdigados aquí y allá crean un aura prehistórica, como si en cualquier momento fuese a aparecer un pterodáctilo volando sobre una lomada. La aridez del terreno es la antítesis de lo que fue este suelo hace 65 millones de años, cuando lo cubría una selva subtropical poblada por dinosaurios y árboles que superaban los 100 metros de altura. Sin embargo hoy no crece ni la más mínima hierba.Analizando el paisaje a simple vista, cuesta creer que la fría y árida estepa patagónica haya sido alguna vez un radiante paraíso lleno de vida. Pero basta con agacharse y tomar alguno de los millones de fragmentitos astillados de troncos petrificados que hay sobre la arena para confirmar que el paisaje era lo contrario de lo que es hoy.
¿Cómo se produjo este brusco cambio? La razón está en el surgimiento de la Cordillera de los Andes, al chocar la placa de Nazca con el continente americano debajo del océano Pacífico, a lo largo de toda la costa occidental de Sudamérica. El choque fracturó las entrañas de la tierra elevando las montañas, y la actividad volcánica convirtió a aquel primitivo paraíso en un infierno humeante donde la vida fue quedando sepultada bajo una lluvia de lava y cenizas. Sin embargo el impacto más grave para el ambiente fue que los vientos húmedos provenientes del Pacífico comenzaron a dar contra la Cordillera, descargando allí toda su humedad, para llegar secos a la planicie esteparia. Así gran parte de la Patagonia quedó condenada a ser un desierto, acaso para siempre. Lo asombroso hoy en día es que casi cada detalle de la vida natural de aquel tiempo está documentado en el relieve terrestre a través de indicios que para los científicos hablan como un libro abierto.
Vida de piedra
Los troncos del Bosque Petrificado fueron tapados por los sedimentos que arrastraba un río o quizá por la ceniza de las bocas de fuego de los volcanes. Al quedar aprisionados en capas sedimentarias sin oxígeno y ni bacterias, los troncos no se descompusieron con rapidez. Las condiciones eran ideales para que se iniciara el proceso de petrificación: un suelo rico en sales minerales y poca actividad destructora de los organismos vivos. Al avanzar la aridez, los restos vegetales eliminaron todos sus componentes orgánicos y los reemplazaron molecularmente por soluciones minerales, sin cambiar de forma ni perder la estructura original. La encargada de este trabajo fue la lluvia, portadora de minerales que se filtraron en los troncos. Fue un lento proceso de reemplazo molecular del material orgánico por otro inorgánico. La forma original casi no cambió, pero quedó una roca moldeada por el tronco original. Los troncos ahora son de sílice casi puro y no tienen el más mínimo resto de su materia original.Al Bosque Petrificado de Chubut no se lo debe confundir con el que hay en el norte de Santa Cruz. Y como son bastante distintos, vale la pena visitar los dos. El de Chubut se diferencia en que es mucho más grande y es posible internarse a pie por varios cañadones de un paisaje con extrañas formaciones sedimentarias de vivos colores; paso a paso se avanza por laberintos naturales que parecen de otra era. El de Santa Cruz, por su parte, no tiene un paisaje tan generoso, pero sobresale por el tamaño muy superior de los troncos.
En las paredes de los antiquísimos cerros del Bosque Petrificado quedan a la vista los diferentes estratos que permiten leer las eras geológicas, en este caso el Cretácico Superior. Mediante el estudio de infinitesimales granos de polen se pudo determinar en detalle el tipo de vegetación dominante en la zona. En el terreno se comprueba también el ingreso tierra adentro del océano, al observar los cañadones tapizados de conchillas marinas y fósiles que perduraron en forma de piedra cuando las aguas se retiraron hace 65 millones de años. Luego los bosques surgieron nuevamente, hasta que durante el Mioceno (entre 26 y 12 millones de años atrás) las comunidades boscosas comenzaron a achicarse de manera paulatina y la vegetación se tornó herbácea y arbustiva.
En el Bosque Petrificado, diversos plegamientos ejercieron en el pasado una fuerte presión geológica, hundiendo las tierras que ahora afloraron por la acción del viento. Así salieron a la luz los troncos eternos. Al caminar por su relieve, despojado de cualquier ropaje vegetal, la desnudez del terreno exhibe la historia en crudo de la evolución del planeta. Y al apoyar los pies sobre tamaña densidad superpuesta inquieta pensar en la dimensión sobrehumana del tiempo. Los estratos superpuestos que se ven en el corte de las paredes son como franjas de unos pocos centímetros diferenciadas por el color. Pero cada una de ellas representa millones de años de vida en la tierra, comprimidos en un solo lugar.
Datos útiles de Colonia Sarmiento
- Cómo llegar:El Bosque Petrificado de Colonia Sarmiento está a 2020 kilómetros de Buenos Aires, en el centrosur de Chubut. Desde Comodoro Rivadavia son 150 kilómetros hacia el oeste por la Ruta 26 (pavimentada). Una vez en Colonia Sarmiento, son 30 kilómetros más por camino de ripio. Hay un servicio de guardaparques-guías.
- Más información:
Casa del Chubut en Buenos Aires. Sarmiento 1172.
Dirección Municipal de Turismo en Sarmiento: Tel.: 02974898220; www.coloniasarmiento.gov.ar
Fuente: Página 12 Turismo
Ver también en: El bosque petrificado de Colonia Sarmiento
Avistaje desde la costa en la Playa El Doradillo
Avistaje desde la costa en la Playa El Doradillo
Es facil avistar ballenas desde un barco o lancha, pero es posible hacerlo desde la playa ?
El mejor lugar para el avistaje de la Ballena Franca Austral es la Playa El Doradillo, zona de Reserva Natural en el Golfo Nuevo, que se encuentra al norte de la ciudad de Puerto Madryn en la provincia de Chubut.
La Playa El Doradillo resguarda el paisaje terrestre y marino que se extiende desde Punta Arco hasta Cerro Prismático, a lo largo de 30 kilómetros de costa, con paisajes sobrecogedores, caracterizados por la belleza árida y desolada de la Patagonia. Sus gigantescos acantilados son miradores naturales, desde donde puede contemplarse el paisaje litoral con sus inmensas restingas.
Este hermoso lugar agreste es uno de los pocos lugares de la Patagonia que nos permite observar ballenas desde la costa, a corta distancia sin tener que usar prismáticos, gracias a un abrupto declive de la playa a pocos metros de la costa.
Ver mas información de Hoteles en Puerto Madryn.
Casas de té en Argentina
Hace 3 mil años nacia en China la ceremonia del té, que recorrió el mundo, llegando a la Patagonia Argentina de manos de los galeses.
El té se ha convertido en la infusión más popular del mundo, y es la bebida mas consumida en el mundo después del agua.
Cuenta una vieja leyenda de hace 3 mil años, que el poeta Shen Nung descansaba bajo la tenue sombra de un árbol de té silvestre, cuando una brisa agitó las ramas y una de las hojas que se desprendió fue a caer dentro de un caldero con agua caliente.
El poeta, lejos de molestarse, vio que el agua tomaba un leve tono ambarino y desprendía un suave aroma. Entonces dejó enfriar el líquido y quedó atrapado en el sabor de una infusión que llamaría té.
Nada mejor que recorrer las casas de té chinas para conocer esta antigua tradición.
Si bien, Argentina no tiene una fuerte tradición, la ceremonia del té se impuso , la tradición no es tan fuerte, ciertas corrientes migratorias han impuesto el ritual en la Patagonia.
Sobre el río Chubut, en la provincia de Chubut, se asentaron varias colonias galesas, como Gaiman, Trelew, Trevelin, etc.
En estas colonias galesas hay muchas casas de té que lo sirven acompañado de rodajas de pan recién horneado, coronadas por una multicolor paleta de mermeladas caseras. Sin tanta tradición, el ritual se repite deliciosamente.
Ver tambien: Capillas Galesas
El té se ha convertido en la infusión más popular del mundo, y es la bebida mas consumida en el mundo después del agua.
Cuenta una vieja leyenda de hace 3 mil años, que el poeta Shen Nung descansaba bajo la tenue sombra de un árbol de té silvestre, cuando una brisa agitó las ramas y una de las hojas que se desprendió fue a caer dentro de un caldero con agua caliente.
El poeta, lejos de molestarse, vio que el agua tomaba un leve tono ambarino y desprendía un suave aroma. Entonces dejó enfriar el líquido y quedó atrapado en el sabor de una infusión que llamaría té.
Nada mejor que recorrer las casas de té chinas para conocer esta antigua tradición.
Si bien, Argentina no tiene una fuerte tradición, la ceremonia del té se impuso , la tradición no es tan fuerte, ciertas corrientes migratorias han impuesto el ritual en la Patagonia.
Sobre el río Chubut, en la provincia de Chubut, se asentaron varias colonias galesas, como Gaiman, Trelew, Trevelin, etc.
En estas colonias galesas hay muchas casas de té que lo sirven acompañado de rodajas de pan recién horneado, coronadas por una multicolor paleta de mermeladas caseras. Sin tanta tradición, el ritual se repite deliciosamente.
Ver tambien: Capillas Galesas
Acción y aventura en Puerto Pirámides. ¿Que hacer?
Puerto Pirámides, una aldea de mar que también seduce con salidas de trekking, kayak y mountain bike.
Además de la singular experiencia de contemplar ballenas desde muy cerca, quienes visitan Puerto Pirámides pueden disfrutar de emocionantes propuestas de turismo aventura para descubrir la bella geografía de la Península Valdés.
Actividades como trekking por la costa y acantilados (también llamado Coastering), kayakismo y salidas de mountain bike permiten recorrer los alrededores de esta aldea de mar en forma activa y en pleno contacto con la naturaleza.
Existen programas de baja, media y alta dificultad y con diversas duraciones -medio día, día completo o travesías de varias jornadas que incluyen campamentos- según las preferencias de los viajeros.
En acción
De la mano de guías especializados y con un profundo conocimiento del ecosistema marino, Patagonia Explorers; Sea Kayak & Trekking Expeditions invitan a transitar sitios en forma distinta, al tiempo que promueven aprender a valorar las áreas protegidas y su medio ambiente.
Una de las típicas salidas de kayak tiene como destino al Golfo San José. Tras una charla previa en la que se detalla el recorrido a realizar y se dan pautas de seguridad y cuidado medioambiental, los guías conducen directamente a la acción, bordeando los acantilados e ingresando en algunas cuevas.
Después se arriba a una colonia de lobos marinos donde es posible observar las piruetas en el agua de estos mamíferos. Sobre el mediodía, se hace un alto para almorzar en una pequeña playa (también es momento para descubrir las restingas, huesos de ballenas y otros restos fósiles que permiten imaginar la vida que habitaba estos mares en el pasado).
Desde el kayak, en medio del silencio que rodea al lugar, se divisa a la gigante ballena Franca Austral, que elige este litoral entre junio y fines de diciembre para aparearse. Cabe aclarar que la observación es a distancia, para evitar la interacción y modificar el comportamiento natural de los cetáceos.
Finalmente, la travesía llega a la playa Larralde con su villa de pescadores, donde es posible profundizar en la historia del lugar y rememorar el encuentro de los primeros habitantes con los colonizadores.
Esta excursión, en la que se navegan aproximadamente 10 kilómetros en kayak está considerada como de mediana dificultad. Cabe destacar que en ningún caso es imprescindible tener experiencia previa en kayaks, pero sí es necesario saber nadar.
Los kayaks que se utilizan son estables y seguros. Asimismo, como valor agregado, las excursiones en estas pequeñas embarcaciones se combinan con un minitreking hacia diferentes puntos de interés, ya que de esta manera se logra conocer el lugar visitado en profundidad.
En cuanto a los paseos de trekking, se llevan a cabo a lo largo de los acantilados y la costa, poniendo especial interés en la interpretación de la flora, fauna y geología e historia del paraje. Se trata de caminatas ideales para tomar fotografías y deleitarse con la naturaleza del litoral y la estepa.
Algunos destinos posibles son Punta Pardelas -un escenario deslumbrante de contrastantes colores, atravesando médanos, acantilados, playas, restingas- y Bahía Encantada, en el Golfo San José. Ambos trekkings incluyen el avistaje costero de ballenas durante el recorrido.
En dos ruedas
Quienes prefieran la velocidad de las bicicletas como modo de exploración, disponen de diversos circuitos dentro de la Península Valdés, como playas alejadas en el Golfo Nuevo o en el Golfo San José.
El objetivo es llegar a lugares inhóspitos transitando senderos únicos, con la compañía de un guía que, a medida que se avanza en el recorrido, ayuda a interpretar la majestuosidad de la geografía chubutense.
Dependiendo del estado físico de cada persona, la empresa “Tracción a sangre” ofrece alternativas de diferentes grados de dificultad y duración. Las distancias varían entre los 20 y los 55 kilómetros y pueden durar entre cuatro y siete horas de acuerdo al ritmo de la marcha.
Los mayores desafíos radican en el terreno, explican los guías, que en su mayoría se presenta arenoso y pesado, como también en el viento.
Las excursiones en mountain bike permiten enfrentar ascensos de 3 kilómetros dentro de un cañadón, serpentear por huellas de animales, atravesar desiertos de dunas, observar fósiles marinos de millones de años y cruzar durante el periplo a especies de la fauna característica de la región, como guanacos, ñandúes, flamencos, cormoranes, maras, liebres, ballenas y lobos marinos.
Más datos
Cómo llegar a Puerto Pirámides: quienes arriben en automóvil deberán tomar la Ruta Nacional N° 3 hasta el cruce con la Ruta Provincial N° 2 y desde allí directo hasta ingresar a la Península Valdés. Se requiere conducir con precaución ya que pueden encontrarse animales sueltos como guanacos, maras, choiques y ovejas, entre otros.
Los aeropuertos más cercanos son el de Puerto Madryn, a 100 km., y Trelew, a 160 km. La ciudad recibe diariamente buses desde Puerto Madryn.
Tarifas de ingreso al Área Natural Protegida Península Valdés: $ 20. Niños de hasta 5 años es sin cargo.
Información
Dirección de Turismo Puerto Pirámides
www.puertopiramides.gov.ar
turismo@puertopiramides.gov.ar
Teléfono: 02965-495048
Fuente: Los Andes Online
Además de la singular experiencia de contemplar ballenas desde muy cerca, quienes visitan Puerto Pirámides pueden disfrutar de emocionantes propuestas de turismo aventura para descubrir la bella geografía de la Península Valdés.
Actividades como trekking por la costa y acantilados (también llamado Coastering), kayakismo y salidas de mountain bike permiten recorrer los alrededores de esta aldea de mar en forma activa y en pleno contacto con la naturaleza.
Existen programas de baja, media y alta dificultad y con diversas duraciones -medio día, día completo o travesías de varias jornadas que incluyen campamentos- según las preferencias de los viajeros.
En acción
De la mano de guías especializados y con un profundo conocimiento del ecosistema marino, Patagonia Explorers; Sea Kayak & Trekking Expeditions invitan a transitar sitios en forma distinta, al tiempo que promueven aprender a valorar las áreas protegidas y su medio ambiente.Una de las típicas salidas de kayak tiene como destino al Golfo San José. Tras una charla previa en la que se detalla el recorrido a realizar y se dan pautas de seguridad y cuidado medioambiental, los guías conducen directamente a la acción, bordeando los acantilados e ingresando en algunas cuevas.
Después se arriba a una colonia de lobos marinos donde es posible observar las piruetas en el agua de estos mamíferos. Sobre el mediodía, se hace un alto para almorzar en una pequeña playa (también es momento para descubrir las restingas, huesos de ballenas y otros restos fósiles que permiten imaginar la vida que habitaba estos mares en el pasado).
Desde el kayak, en medio del silencio que rodea al lugar, se divisa a la gigante ballena Franca Austral, que elige este litoral entre junio y fines de diciembre para aparearse. Cabe aclarar que la observación es a distancia, para evitar la interacción y modificar el comportamiento natural de los cetáceos.
Finalmente, la travesía llega a la playa Larralde con su villa de pescadores, donde es posible profundizar en la historia del lugar y rememorar el encuentro de los primeros habitantes con los colonizadores.
Esta excursión, en la que se navegan aproximadamente 10 kilómetros en kayak está considerada como de mediana dificultad. Cabe destacar que en ningún caso es imprescindible tener experiencia previa en kayaks, pero sí es necesario saber nadar.
Los kayaks que se utilizan son estables y seguros. Asimismo, como valor agregado, las excursiones en estas pequeñas embarcaciones se combinan con un minitreking hacia diferentes puntos de interés, ya que de esta manera se logra conocer el lugar visitado en profundidad.
En cuanto a los paseos de trekking, se llevan a cabo a lo largo de los acantilados y la costa, poniendo especial interés en la interpretación de la flora, fauna y geología e historia del paraje. Se trata de caminatas ideales para tomar fotografías y deleitarse con la naturaleza del litoral y la estepa.
Algunos destinos posibles son Punta Pardelas -un escenario deslumbrante de contrastantes colores, atravesando médanos, acantilados, playas, restingas- y Bahía Encantada, en el Golfo San José. Ambos trekkings incluyen el avistaje costero de ballenas durante el recorrido.
En dos ruedas
Quienes prefieran la velocidad de las bicicletas como modo de exploración, disponen de diversos circuitos dentro de la Península Valdés, como playas alejadas en el Golfo Nuevo o en el Golfo San José.El objetivo es llegar a lugares inhóspitos transitando senderos únicos, con la compañía de un guía que, a medida que se avanza en el recorrido, ayuda a interpretar la majestuosidad de la geografía chubutense.
Dependiendo del estado físico de cada persona, la empresa “Tracción a sangre” ofrece alternativas de diferentes grados de dificultad y duración. Las distancias varían entre los 20 y los 55 kilómetros y pueden durar entre cuatro y siete horas de acuerdo al ritmo de la marcha.
Los mayores desafíos radican en el terreno, explican los guías, que en su mayoría se presenta arenoso y pesado, como también en el viento.
Las excursiones en mountain bike permiten enfrentar ascensos de 3 kilómetros dentro de un cañadón, serpentear por huellas de animales, atravesar desiertos de dunas, observar fósiles marinos de millones de años y cruzar durante el periplo a especies de la fauna característica de la región, como guanacos, ñandúes, flamencos, cormoranes, maras, liebres, ballenas y lobos marinos.
Más datos
Cómo llegar a Puerto Pirámides: quienes arriben en automóvil deberán tomar la Ruta Nacional N° 3 hasta el cruce con la Ruta Provincial N° 2 y desde allí directo hasta ingresar a la Península Valdés. Se requiere conducir con precaución ya que pueden encontrarse animales sueltos como guanacos, maras, choiques y ovejas, entre otros.Los aeropuertos más cercanos son el de Puerto Madryn, a 100 km., y Trelew, a 160 km. La ciudad recibe diariamente buses desde Puerto Madryn.
Tarifas de ingreso al Área Natural Protegida Península Valdés: $ 20. Niños de hasta 5 años es sin cargo.
Información
Dirección de Turismo Puerto Pirámideswww.puertopiramides.gov.ar
turismo@puertopiramides.gov.ar
Teléfono: 02965-495048
Fuente: Los Andes Online
Chubut, con estirpe galesa. Capillas galesas.
De Trelew a Esquel, pasando por varias localidades del valle del río Chubut, una ruta por las antiguas capillas construidas por los colonos.
La región costera de Chubut tiene en esta época del año el gran atractivo de la ballena franca austral, en plena temporada de apareamiento y piruetas frente a las costas de Puerto Madryn. Pero las ballenas bien pueden ser la excusa para emprender una ruta menos conocida por la región, que lleva rumbo al Oeste: es la ruta que sigue la huella de los primeros colonos galeses, aquellos que arribaron en 1865 en el Mimosa a la actual Punta Cuevas, y fueron desplazándose hacia la Cordillera en busca de agua. Toda la toponimia de la región los recuerda: Trelew, el Pueblo de Luis; la propia Puerto Madryn; Trevelin, el Pueblo del Molino.
Los galensos , como los llaman cariñosamente los locales, dejaron una huella que también está presente en las típicas construcciones de chapa de los primeros asentamientos; en los omnipresentes apellidos Lewis, Jones, Hughes; en el famoso té con la no menos famosa torta negra.
El punto de partida, después de visitar lo que queda de las primeras cuevas donde se refugiaron los galeses al llegar a Puerto Madryn, es Trelew. A una cuadra del mítico Touring Club local vale la pena dedicarle un rato al Museo Pueblo de Luis, establecido en la antigua estación de trenes, donde se exhiben muchos objetos y curiosidades relacionados con aquellos primeros habitantes llegados de tierras lejanas y radicalmente diferentes. El primer encuentro con el indio, los libros en galés que llevaron consigo, objetos utilizados en las capillas, retratos y muchos otros testimonios asoman desde las cuidadas vitrinas del museo.
Puertas cerradas
Oprimidos por los ingleses, los galeses llegaron a la región patagónica en busca de libertad de culto. Las capillas fueron, por lo tanto, uno de los centros de la vida religiosa, pero también social. Cada comunidad se valía de ellas también como escuela, tribunal y sala de reuniones: en sus jardines se cruzaron seguramente las miradas de las primeras parejas formadas en territorio argentino, y en sus interiores se desarrolló el canto coral, una de las grandes tradiciones galesas. Trelew tiene dos de las 18 capillas que se conservan, sobre las primitivas 34. Al iniciar el recorrido hay que tener en cuenta que es frecuente encontrarlas cerradas. Las que están en funcionamiento suelen abrir sólo para el culto de los domingos o durante los preparativos para ocasiones especiales, como el festejo del 28 de julio, aniversario de la llegada del Mimosa.
La más céntrica es la Tabernacl, levantada en 1889 y hoy en manos de la Iglesia Presbiteriana. Fue bautizada así en recuerdo de la capilla homónima de la localidad galesa de Porthmadog. No muy lejos, la capilla Moriah es una de las más interesantes porque se encuentra junto al cementerio donde están todavía las tumbas de varios de los primeros colonos. Fue levantada en 1880 en la que era la chacra 103, de Rhydderch Hughes, y junto con la Capilla Vieja de Gaiman se la considera la más antigua de todas.
Para conocer las capillas, en lugar de realizar el trayecto Trelew-Gaiman por la ruta 25 conviene tomar la ruta 7 o Ruta de las Chacras (muchas ya no en manos de galeses, sino de familias bolivianas recientemente afincadas en la región). De todos modos hay que tener en cuenta que no todas las capillas son fáciles de encontrar. Al adentrarse en la región rural la señalización es escasa y al visitante le cuesta orientarse en las calles solitarias y bordeadas de álamos, donde todo parece igual.
La mejor opción, entonces, es contar con la ayuda de un guía o GPS que permita llegar con más facilidad a destino. Además la Ruta de las Chacras es más larga porque sigue el trazado del valle y, como el río Chubut, tiene numerosos meandros, traducidos en curvas y contracurvas. Pero el placer de observar el atardecer sobre las chacras, a la sombra de los álamos y entre bandadas de cauquenes, es difícil de igualar.
De capilla en capilla
Basta una tarde para conocer las capillas, separadas por pocos kilómetros: la Nazareth del paraje Drofa Dulog, a unos 15 kilómetros de Trelew, que fue la segunda levantada en territorio argentino en 1891; la Betlehem, en la zona de Treorky, que pertenece a los metodistas calvinistas y se terminó de construir en 1908; la Seion de Bryn Gwyn, que data de 1888 y fue declarada monumento histórico nacional. Por su parte, la Salem, en el paraje conocido como Angostura, fue levantada en 1912 y es la única que se conserva totalmente construida en cinc y madera.
Como en las demás, casi siempre es posible acercarse y fotografiarlas aunque estén cerradas, ya que se encuentra abierto el acceso a los terrenos que la rodean. Ya en Gaiman, las capillas galesas son tres: la Bryn Crwn, la Bethel Vieja (habilitada en 1884 y visitada por el presidente Julio Argentino Roca al pasar por la región) y la Bethel Nueva, contigua a la anterior e inaugurada en 1913. Quien siga la ruta hacia el Oeste podrá visitar en Dolavon la Glan Alaw (1887); la nueva Iglesia Anglicana (1989), con una campana traída desde Gales; la Ebenezer (1894) y la Carmel (1925). Finalmente, en 28 de Julio se levanta la capilla Bethel, de 1901, y ya concluida la travesía en la Comarca de los Alerces la capilla Bethel de Trevelin (1910) y la Seion de Esquel, hoy integrada en el casco urbano de la ciudad y dedicada, entre otras actividades, a la enseñanza del galés.
Información
Secretaría de Turismo de Puerto Madryn: Julio A. Roca 223; (02965) 420139. http://www.madryn.gov.ar/turismo/
Secretaría de Turismo de Trelew: Mitre 387, (02965) 420139. www.trelewpatagonia.gov.ar
La página www.chubutur.gov.ar ofrece un listado completo con una breve reseña de las capillas galesas aún en pie.
Fuente: La Nación Turismo
Ver mas sobre Patagonia Argentina.
La región costera de Chubut tiene en esta época del año el gran atractivo de la ballena franca austral, en plena temporada de apareamiento y piruetas frente a las costas de Puerto Madryn. Pero las ballenas bien pueden ser la excusa para emprender una ruta menos conocida por la región, que lleva rumbo al Oeste: es la ruta que sigue la huella de los primeros colonos galeses, aquellos que arribaron en 1865 en el Mimosa a la actual Punta Cuevas, y fueron desplazándose hacia la Cordillera en busca de agua. Toda la toponimia de la región los recuerda: Trelew, el Pueblo de Luis; la propia Puerto Madryn; Trevelin, el Pueblo del Molino.
Los galensos , como los llaman cariñosamente los locales, dejaron una huella que también está presente en las típicas construcciones de chapa de los primeros asentamientos; en los omnipresentes apellidos Lewis, Jones, Hughes; en el famoso té con la no menos famosa torta negra.
El punto de partida, después de visitar lo que queda de las primeras cuevas donde se refugiaron los galeses al llegar a Puerto Madryn, es Trelew. A una cuadra del mítico Touring Club local vale la pena dedicarle un rato al Museo Pueblo de Luis, establecido en la antigua estación de trenes, donde se exhiben muchos objetos y curiosidades relacionados con aquellos primeros habitantes llegados de tierras lejanas y radicalmente diferentes. El primer encuentro con el indio, los libros en galés que llevaron consigo, objetos utilizados en las capillas, retratos y muchos otros testimonios asoman desde las cuidadas vitrinas del museo.
Puertas cerradas
Oprimidos por los ingleses, los galeses llegaron a la región patagónica en busca de libertad de culto. Las capillas fueron, por lo tanto, uno de los centros de la vida religiosa, pero también social. Cada comunidad se valía de ellas también como escuela, tribunal y sala de reuniones: en sus jardines se cruzaron seguramente las miradas de las primeras parejas formadas en territorio argentino, y en sus interiores se desarrolló el canto coral, una de las grandes tradiciones galesas. Trelew tiene dos de las 18 capillas que se conservan, sobre las primitivas 34. Al iniciar el recorrido hay que tener en cuenta que es frecuente encontrarlas cerradas. Las que están en funcionamiento suelen abrir sólo para el culto de los domingos o durante los preparativos para ocasiones especiales, como el festejo del 28 de julio, aniversario de la llegada del Mimosa.
La más céntrica es la Tabernacl, levantada en 1889 y hoy en manos de la Iglesia Presbiteriana. Fue bautizada así en recuerdo de la capilla homónima de la localidad galesa de Porthmadog. No muy lejos, la capilla Moriah es una de las más interesantes porque se encuentra junto al cementerio donde están todavía las tumbas de varios de los primeros colonos. Fue levantada en 1880 en la que era la chacra 103, de Rhydderch Hughes, y junto con la Capilla Vieja de Gaiman se la considera la más antigua de todas.
Para conocer las capillas, en lugar de realizar el trayecto Trelew-Gaiman por la ruta 25 conviene tomar la ruta 7 o Ruta de las Chacras (muchas ya no en manos de galeses, sino de familias bolivianas recientemente afincadas en la región). De todos modos hay que tener en cuenta que no todas las capillas son fáciles de encontrar. Al adentrarse en la región rural la señalización es escasa y al visitante le cuesta orientarse en las calles solitarias y bordeadas de álamos, donde todo parece igual.
La mejor opción, entonces, es contar con la ayuda de un guía o GPS que permita llegar con más facilidad a destino. Además la Ruta de las Chacras es más larga porque sigue el trazado del valle y, como el río Chubut, tiene numerosos meandros, traducidos en curvas y contracurvas. Pero el placer de observar el atardecer sobre las chacras, a la sombra de los álamos y entre bandadas de cauquenes, es difícil de igualar.
De capilla en capilla
Basta una tarde para conocer las capillas, separadas por pocos kilómetros: la Nazareth del paraje Drofa Dulog, a unos 15 kilómetros de Trelew, que fue la segunda levantada en territorio argentino en 1891; la Betlehem, en la zona de Treorky, que pertenece a los metodistas calvinistas y se terminó de construir en 1908; la Seion de Bryn Gwyn, que data de 1888 y fue declarada monumento histórico nacional. Por su parte, la Salem, en el paraje conocido como Angostura, fue levantada en 1912 y es la única que se conserva totalmente construida en cinc y madera.
Como en las demás, casi siempre es posible acercarse y fotografiarlas aunque estén cerradas, ya que se encuentra abierto el acceso a los terrenos que la rodean. Ya en Gaiman, las capillas galesas son tres: la Bryn Crwn, la Bethel Vieja (habilitada en 1884 y visitada por el presidente Julio Argentino Roca al pasar por la región) y la Bethel Nueva, contigua a la anterior e inaugurada en 1913. Quien siga la ruta hacia el Oeste podrá visitar en Dolavon la Glan Alaw (1887); la nueva Iglesia Anglicana (1989), con una campana traída desde Gales; la Ebenezer (1894) y la Carmel (1925). Finalmente, en 28 de Julio se levanta la capilla Bethel, de 1901, y ya concluida la travesía en la Comarca de los Alerces la capilla Bethel de Trevelin (1910) y la Seion de Esquel, hoy integrada en el casco urbano de la ciudad y dedicada, entre otras actividades, a la enseñanza del galés.
Información
Secretaría de Turismo de Puerto Madryn: Julio A. Roca 223; (02965) 420139. http://www.madryn.gov.ar/turismo/Secretaría de Turismo de Trelew: Mitre 387, (02965) 420139. www.trelewpatagonia.gov.ar
La página www.chubutur.gov.ar ofrece un listado completo con una breve reseña de las capillas galesas aún en pie.
Fuente: La Nación Turismo
Ver mas sobre Patagonia Argentina.
El museo de los dinosaurios en Trelew
El Museo Egidio Feruglio de Trelew exhibe dinosaurios del Triásico, el Jurásico y el Cretácico. Millones de años que se pueden atravesar en pocos pasos, descubriendo un mundo fantástico poblado de animales gigantes que vivieron en la Patagonia, una región de increíble riqueza paleontológica.
Egidio Feruglio, nacido en Udine a fines del siglo XIX, dedicó su vida al estudio de las ciencias naturales. Y no sólo en su Italia natal sino en gran parte de la Argentina, adonde llegó en 1925 para trabajar como geólogo ayudante en YPF: así recorrió y exploró las provincias de Salta, Jujuy, Mendoza, Río Negro, Santa Cruz y Chubut, en períodos alternados con regresos a Italia, donde realizó relevamientos en los Alpes y se dedicó al estudio de los fósiles y la paleontología. Durante muchos años, sus viajes no cesaron sino que fueron ampliándose en interés científico y alcance geográfico, llegando hasta Tierra del Fuego y Brasil. Con minuciosidad y abundancia, estudió los invertebrados patagónicos y las plantas fósiles con tanto detalle que se lo conoce como el “estratígrafo de la Patagonia”. Todavía hoy su Descripción Geológica de la Patagonia sigue vigente, y como justo homenaje lleva su nombre uno de los museos más interesantes de la Argentina, dedicado al extraordinario pasado de la región, cuando aquella tierra extrema era muy distinta de lo que se ve hoy.
Años por millones
Visitar el MEF, la sigla que identifica rápidamente al Museo en todo Trelew, significa aprender a contar en millones de años y situarse en un escenario completamente diferente del actual. Hace por lo menos 230 millones de años –a mediados del Triásico– comenzó la fascinante historia de los dinosaurios, cuando todos los continentes formaban la masa única de Pangea y comenzaban a dividirse Laurasia y Gondwana. Por aquel entonces lo que hoy es la Patagonia se extendía ampliamente hacia el Este y se unía con Sudáfrica y parte de la Antártida. El Atlántico Sur no existía, y por el Oeste las aguas del Pacífico bañaban la región, de clima cálido y abundante en bosques de coníferas.
Ese es el comienzo de la historia que se cuenta al ingresar en el MEF, un edificio moderno situado en el centro de Trelew, a pocos pasos de otro pequeño sitio que también conviene visitar para conocer la historia local: el Museo del Pueblo de Luis (el significado de Trelew en galés), que relata la historia de la colonización galesa en la ciudad y el valle del río Chubut. Aunque el MEF no es demasiado grande –de hecho entre sus proyectos se cuenta una importante ampliación– tuvo un crecimiento notable desde sus comienzos, a fines de 1990, en el reducido espacio de lo que había sido una mueblería, con sólo tres personas en su equipo. El edificio fue construido teniendo en cuenta los principios más modernos de la museología, y el resultado es una experiencia que combina de forma acertada y amena lo científico puro –la institución es un referente sudamericano en su área– con lo divulgativo.
Salas y dinosaurios
El museo está organizado en dos plantas. Al entrar, el primer sector está dedicado a la era Cenozoica (Holoceno, Pleistoceno, Terciario Continental y Terciario Marino): los nombres de las distintas etapas de la Tierra se materializan, vitrina tras vitrina, en imponentes fósiles y escenas que muestran como si estuvieran en acción a los famosos tigres “diente de sable”, el esqueleto del primer caballo americano, los restos de antiguos antepasados de ballenas y cangrejos. Basta un giro para pasar a la era Mesozoica, donde se suceden el Cretácico, el Jurásico y el Triásico: bajo una iluminación sugestiva, algunos restos se exhiben semienterrados, tal como aparecen ante la vista de los paleontólogos y arqueólogos a cargo de las expediciones de estudio y exploración que organiza el museo como parte de su trabajo de investigación.
A esta altura, chicos y grandes ya se muestran fascinados. Algunos siguen la visita explicada por una guía; otros prefieren realizar el recorrido por su cuenta: pero la sensación de haber ingresado en otra dimensión es igual para todos. Completan el recorrido la era Paleozoica y la era Precámbrica: así desfilan ante los ojos curiosos caracoles, colonias de triozoarios, piñas petrificadas, huellas fosilizadas de plantas y helechos que alguna vez prosperaron en el clima tropical de una región hoy semidesértica. Gustos personales aparte, hay por lo menos dos dinosaurios que se llevan todas las miradas: el Epachtosaurus, el tiranosaurio más completo conocido, hallado en 1984-1985 en la provincia de Chubut, y el imponente Argentinosaurus, el mayor animal terrestre conocido hasta ahora, que medía hasta 40 metros de largo y pesaba unas 100 toneladas. El gigante se exhibe completo del otro lado de la Patagonia, en el Museo Carmen Funes de la localidad neuquina de Plaza Huincul, pero el Feruglio invita a sacarse una foto junto a algunas vértebras y parte de los huesos de las patas que, gracias a la pintura que completa su silueta, alcanza y sobre para darse cuenta de la enormidad del animal. La comparación de tamaños resulta odiosa para cualquier ser humano, por alto que sea... y sin duda permite respirar con la tranquilidad de saber que no hay riesgo de toparse con semejante gigante (felizmente herbívoro) por las estepas patagónicas.
Al subir a la planta alta, se pasa primero por el laboratorio del Museo, un recinto vidriado que permite ver a los científicos en acción. Mientras tanto, en el hall central se exhiben algunas curiosidades –como un huevo petrificado de dinosaurio, de un tamaño tal que haría palidecer a cualquier gallina– y se pueden conocer las biografías de algunos de los científicos que estudiaron el pasado patagónico.
Cafés y pijamas
El MEF organiza, además de su exhibición permanente, visitas itinerantes que ayudan a dar a conocer su colección y su trabajo en el mundo. Desde hace años, la muestra “Dinosaurios en la Patagonia” recorre varios países de Europa, y el año pasado tuvo gran éxito en Alemania con “Dinosaurios gigantes argentinos”, en colaboración con otros seis museos de nuestro país. Pero además lleva a cabo algunas iniciativas innovadoras que lo acercan al público de manera original: en particular los Cafés Científicos, conversaciones informales con científicos café de por medio inspiradas en los más tradicionales cafés literarios, y el programa Exploradores en Pijamas, pensado para que chicos de siete a doce años pasen la noche en el Museo, duerman junto a los dinosaurios, exploren las instalaciones a la luz de las linternas y fabriquen sus propias réplicas de fósiles. Tal vez la mejor manera de aprender jugando, convirtiendo el “campamento nocturno” junto a los gigantes de la prehistoria en una experiencia inolvidable.
Geoparque
Visitar el MEF deja con ganas de más. Entonces, si hay tiempo, lo ideal es visitar el Geoparque Bryn Gwyn, una reserva natural en los alrededores de Trelew donde la exploración científica se transforma en una experiencia de campo. En grupos coordinados por guías científicos del Museo Feruglio, se sube a una zona de bardas para observar fósiles, parcialmente expuestos, hallados por los investigadores. Existe la posibilidad de realizar la visita de día o de noche, y en este caso al atractivo de conocer la historia de la fauna y la flora actuales se suma la observación del infinito cielo estrellado de la Patagonia.
Datos útiles
- Museo Paleontológico Egidio Feruglio: Avenida Fontana 140, Trelew, Chubut, www.mef.org.ar. Horarios: de lunes a viernes de 10 a 18; sábados, domingos y feriados de 9 a 20.
- Café Científico: Periódicamente en el Feruglio Café del MEF. Las fechas se anuncian en los medios locales o por e-mail a quienes lo soliciten a info@mef.org.ar
- Exploradores en Pijamas: Para chicos de siete a doce años. Se puede solicitar información por e-mail a info@mef.org.ar y por teléfono al (02965) 432100.
- Geoparque Bryn Gwyn: Visitas regulares y expediciones guiadas paleontológicas, diurnas y nocturnas. El circuito tradicional, de unos 1800 metros, es de baja dificultad y se realiza en un plazo de una-dos horas. Se puede consultar en las agencias de viaje o en el propio MEF.
Fuente: Página 12 Turismo
Ver mas sobre la Patagonia Argentina
Egidio Feruglio, nacido en Udine a fines del siglo XIX, dedicó su vida al estudio de las ciencias naturales. Y no sólo en su Italia natal sino en gran parte de la Argentina, adonde llegó en 1925 para trabajar como geólogo ayudante en YPF: así recorrió y exploró las provincias de Salta, Jujuy, Mendoza, Río Negro, Santa Cruz y Chubut, en períodos alternados con regresos a Italia, donde realizó relevamientos en los Alpes y se dedicó al estudio de los fósiles y la paleontología. Durante muchos años, sus viajes no cesaron sino que fueron ampliándose en interés científico y alcance geográfico, llegando hasta Tierra del Fuego y Brasil. Con minuciosidad y abundancia, estudió los invertebrados patagónicos y las plantas fósiles con tanto detalle que se lo conoce como el “estratígrafo de la Patagonia”. Todavía hoy su Descripción Geológica de la Patagonia sigue vigente, y como justo homenaje lleva su nombre uno de los museos más interesantes de la Argentina, dedicado al extraordinario pasado de la región, cuando aquella tierra extrema era muy distinta de lo que se ve hoy.
Años por millones
Visitar el MEF, la sigla que identifica rápidamente al Museo en todo Trelew, significa aprender a contar en millones de años y situarse en un escenario completamente diferente del actual. Hace por lo menos 230 millones de años –a mediados del Triásico– comenzó la fascinante historia de los dinosaurios, cuando todos los continentes formaban la masa única de Pangea y comenzaban a dividirse Laurasia y Gondwana. Por aquel entonces lo que hoy es la Patagonia se extendía ampliamente hacia el Este y se unía con Sudáfrica y parte de la Antártida. El Atlántico Sur no existía, y por el Oeste las aguas del Pacífico bañaban la región, de clima cálido y abundante en bosques de coníferas.Ese es el comienzo de la historia que se cuenta al ingresar en el MEF, un edificio moderno situado en el centro de Trelew, a pocos pasos de otro pequeño sitio que también conviene visitar para conocer la historia local: el Museo del Pueblo de Luis (el significado de Trelew en galés), que relata la historia de la colonización galesa en la ciudad y el valle del río Chubut. Aunque el MEF no es demasiado grande –de hecho entre sus proyectos se cuenta una importante ampliación– tuvo un crecimiento notable desde sus comienzos, a fines de 1990, en el reducido espacio de lo que había sido una mueblería, con sólo tres personas en su equipo. El edificio fue construido teniendo en cuenta los principios más modernos de la museología, y el resultado es una experiencia que combina de forma acertada y amena lo científico puro –la institución es un referente sudamericano en su área– con lo divulgativo.
Salas y dinosaurios
El museo está organizado en dos plantas. Al entrar, el primer sector está dedicado a la era Cenozoica (Holoceno, Pleistoceno, Terciario Continental y Terciario Marino): los nombres de las distintas etapas de la Tierra se materializan, vitrina tras vitrina, en imponentes fósiles y escenas que muestran como si estuvieran en acción a los famosos tigres “diente de sable”, el esqueleto del primer caballo americano, los restos de antiguos antepasados de ballenas y cangrejos. Basta un giro para pasar a la era Mesozoica, donde se suceden el Cretácico, el Jurásico y el Triásico: bajo una iluminación sugestiva, algunos restos se exhiben semienterrados, tal como aparecen ante la vista de los paleontólogos y arqueólogos a cargo de las expediciones de estudio y exploración que organiza el museo como parte de su trabajo de investigación.A esta altura, chicos y grandes ya se muestran fascinados. Algunos siguen la visita explicada por una guía; otros prefieren realizar el recorrido por su cuenta: pero la sensación de haber ingresado en otra dimensión es igual para todos. Completan el recorrido la era Paleozoica y la era Precámbrica: así desfilan ante los ojos curiosos caracoles, colonias de triozoarios, piñas petrificadas, huellas fosilizadas de plantas y helechos que alguna vez prosperaron en el clima tropical de una región hoy semidesértica. Gustos personales aparte, hay por lo menos dos dinosaurios que se llevan todas las miradas: el Epachtosaurus, el tiranosaurio más completo conocido, hallado en 1984-1985 en la provincia de Chubut, y el imponente Argentinosaurus, el mayor animal terrestre conocido hasta ahora, que medía hasta 40 metros de largo y pesaba unas 100 toneladas. El gigante se exhibe completo del otro lado de la Patagonia, en el Museo Carmen Funes de la localidad neuquina de Plaza Huincul, pero el Feruglio invita a sacarse una foto junto a algunas vértebras y parte de los huesos de las patas que, gracias a la pintura que completa su silueta, alcanza y sobre para darse cuenta de la enormidad del animal. La comparación de tamaños resulta odiosa para cualquier ser humano, por alto que sea... y sin duda permite respirar con la tranquilidad de saber que no hay riesgo de toparse con semejante gigante (felizmente herbívoro) por las estepas patagónicas.
Al subir a la planta alta, se pasa primero por el laboratorio del Museo, un recinto vidriado que permite ver a los científicos en acción. Mientras tanto, en el hall central se exhiben algunas curiosidades –como un huevo petrificado de dinosaurio, de un tamaño tal que haría palidecer a cualquier gallina– y se pueden conocer las biografías de algunos de los científicos que estudiaron el pasado patagónico.
Cafés y pijamas
El MEF organiza, además de su exhibición permanente, visitas itinerantes que ayudan a dar a conocer su colección y su trabajo en el mundo. Desde hace años, la muestra “Dinosaurios en la Patagonia” recorre varios países de Europa, y el año pasado tuvo gran éxito en Alemania con “Dinosaurios gigantes argentinos”, en colaboración con otros seis museos de nuestro país. Pero además lleva a cabo algunas iniciativas innovadoras que lo acercan al público de manera original: en particular los Cafés Científicos, conversaciones informales con científicos café de por medio inspiradas en los más tradicionales cafés literarios, y el programa Exploradores en Pijamas, pensado para que chicos de siete a doce años pasen la noche en el Museo, duerman junto a los dinosaurios, exploren las instalaciones a la luz de las linternas y fabriquen sus propias réplicas de fósiles. Tal vez la mejor manera de aprender jugando, convirtiendo el “campamento nocturno” junto a los gigantes de la prehistoria en una experiencia inolvidable.Geoparque
Visitar el MEF deja con ganas de más. Entonces, si hay tiempo, lo ideal es visitar el Geoparque Bryn Gwyn, una reserva natural en los alrededores de Trelew donde la exploración científica se transforma en una experiencia de campo. En grupos coordinados por guías científicos del Museo Feruglio, se sube a una zona de bardas para observar fósiles, parcialmente expuestos, hallados por los investigadores. Existe la posibilidad de realizar la visita de día o de noche, y en este caso al atractivo de conocer la historia de la fauna y la flora actuales se suma la observación del infinito cielo estrellado de la Patagonia.Datos útiles
- Museo Paleontológico Egidio Feruglio: Avenida Fontana 140, Trelew, Chubut, www.mef.org.ar. Horarios: de lunes a viernes de 10 a 18; sábados, domingos y feriados de 9 a 20.- Café Científico: Periódicamente en el Feruglio Café del MEF. Las fechas se anuncian en los medios locales o por e-mail a quienes lo soliciten a info@mef.org.ar
- Exploradores en Pijamas: Para chicos de siete a doce años. Se puede solicitar información por e-mail a info@mef.org.ar y por teléfono al (02965) 432100.
- Geoparque Bryn Gwyn: Visitas regulares y expediciones guiadas paleontológicas, diurnas y nocturnas. El circuito tradicional, de unos 1800 metros, es de baja dificultad y se realiza en un plazo de una-dos horas. Se puede consultar en las agencias de viaje o en el propio MEF.
Fuente: Página 12 Turismo
Ver mas sobre la Patagonia Argentina
Trekking con raquetas, lo que hay que saber
Calzarse un par y desafiar llanuras blancas, atravesar bosques y ascender elevaciones de hielo es la modalidad con las extensiones de madera, plástico o aluminio.
La experiencia de realizar una excursión con raquetas de nieve entre bosques de lenga, en torno a un glaciar, por derredor de los centros de esquí en esos rincones que pocos pisan, es fascinante.
Desde tiempos remotos el hombre con sus ansias de conquistar cada sector de este mundo se valió de medios para desplazarse con mayor comodidad. Elementos-vehículos-herramientas que extienden sus potencialidades físicas, sus extremidades para aprehender diversas geografías. Las raquetas de nieve son una de ellas. En Asia las usaban desde antes de nuestra era. Luego los esquimales las extendieron hacia el norte de América. Numerosas publicaciones dan cuenta de su uso en las zonas de nieve y hielo en diversos puntos del orbe y ahora constituyen parte de la modalidad de turismo aventura o eco turismo.
Hay muchas raquetas: con diferentes fijaciones, con movilidades en los talones para simular mejor el modo de caminar sobre una superficie normal, de aluminio y plástico rígido o policarbonato. A las más antiguas de madera y cuero con grampones, se les suman las plásticas con cuchillas que ayudan a marcar un paso firme sobre la nieve dura. Algunas utilizan sujetadores de cintas y otras con fijaciones automáticas que ante una caída se desabrochan con facilidad.
¿Cómo caminar con raquetas?
Los expertos señalan que las excursiones dependen mucho de las habilidades de los contratantes. Sin embargo en todos los casos se comienza por terrenos llanos en los que se acostumbran a caminar sobre la nieve. El uso de bastones de apoyo es muy útil.
Una vez confiados es posible saltar y hasta trotar y para las ascensiones es recomendable hacerlo en zig zag, canteando con el lado interno de las raquetas, como se hace con los esquíes, y aquí más que bastones se deben utilizar piquetas de marcha.
La mayoría de los centros de esquí del país cuentan con circuitos y muchas agencias brindan excursiones. Además es posible alquilar los equipos in situ.
Las recomendaciones están hechas. Ahora es su turno de lanzarse a la aventura.
Fuente: Los Andes Turismo
La experiencia de realizar una excursión con raquetas de nieve entre bosques de lenga, en torno a un glaciar, por derredor de los centros de esquí en esos rincones que pocos pisan, es fascinante.
Desde tiempos remotos el hombre con sus ansias de conquistar cada sector de este mundo se valió de medios para desplazarse con mayor comodidad. Elementos-vehículos-herramientas que extienden sus potencialidades físicas, sus extremidades para aprehender diversas geografías. Las raquetas de nieve son una de ellas. En Asia las usaban desde antes de nuestra era. Luego los esquimales las extendieron hacia el norte de América. Numerosas publicaciones dan cuenta de su uso en las zonas de nieve y hielo en diversos puntos del orbe y ahora constituyen parte de la modalidad de turismo aventura o eco turismo.
Hay muchas raquetas: con diferentes fijaciones, con movilidades en los talones para simular mejor el modo de caminar sobre una superficie normal, de aluminio y plástico rígido o policarbonato. A las más antiguas de madera y cuero con grampones, se les suman las plásticas con cuchillas que ayudan a marcar un paso firme sobre la nieve dura. Algunas utilizan sujetadores de cintas y otras con fijaciones automáticas que ante una caída se desabrochan con facilidad.
¿Cómo caminar con raquetas?
Los expertos señalan que las excursiones dependen mucho de las habilidades de los contratantes. Sin embargo en todos los casos se comienza por terrenos llanos en los que se acostumbran a caminar sobre la nieve. El uso de bastones de apoyo es muy útil.Una vez confiados es posible saltar y hasta trotar y para las ascensiones es recomendable hacerlo en zig zag, canteando con el lado interno de las raquetas, como se hace con los esquíes, y aquí más que bastones se deben utilizar piquetas de marcha.
La mayoría de los centros de esquí del país cuentan con circuitos y muchas agencias brindan excursiones. Además es posible alquilar los equipos in situ.
Las recomendaciones están hechas. Ahora es su turno de lanzarse a la aventura.
Fuente: Los Andes Turismo
Las 40 experiencias argentinas que hay que vivir una vez
¿Salpicarse en las Cataratas bajo la luna llena? ¿Pisar el glaciar Perito Moreno? ¿Soñar en un viñedo mendocino? ¿Tocar las nubes en un tren salteño? Todo junto, y bastante más, en una imperdible selección nacional
1. Tocar el cielo en Iruya
¿Cómo llegar a Humahuaca y no estirarse esos 70 km extra (53 de ripio) hasta Iruya? El camino de cornisa hasta uno de los más fotogénicos pueblos salteños, como colgado de la montaña, llega a ascender hasta 4000 metros sobre el nivel del mar (Abra del Cóndor, límite entre Jujuy y Salta) para luego bajar en zigzag hasta los 2780 metros de Iruya, con sus casitas escalando las laderas de colores y su iglesia de postal. Y sin embargo, lo que parece el último lugar del mundo es apenas la puerta de entrada a una Salta profunda, a senderos de piedra y río, caseríos mínimos, como San Isidro o Pueblo Viejo, y paisaje virgen, pero virgen en serio.
2. Sacarle la vincha al toro en Casabindo
Cada 15 de agosto, el pequeño pueblo de Casabindo, a 120 km de Abra Pampa, Jujuy, está de fiesta. Durante la celebración de la Asunción de la Santísima Virgen María, patrona del lugar, además de la liturgia tradicional se realiza un toreo, único en la Argentina. Pero con una particularidad: el objetivo es que el torero saque, de entre los cuernos del animal, una cinta roja con monedas de plata antigua que lleva atada. Sin lastimar ni matar al animal. Se aceptan participantes del público, aunque con mucho cuidado.
3. Visitar un salar de la Puna
Casi como si fuera la superficie de la Luna, los salares son restos de lagos que se han disecado. En el país y en la Puna especialmente hay varios que se pueden recorrer, siempre con anteojos de sol porque el reflejo encandila.
Salinas Grandes, uno de los más visitados, es un gran llano de 220 km2 de horizonte infinito, entre Salta y Jujuy. A lo lejos se ven hombres trabajando, pala en mano, cubiertos con gorros y máscaras. De aquí se obtiene buena parte de la sal que se consume en las mesas argentinas.
4. Triangular de los valles calchaquíes
Debe ser uno de los circuitos con mayor variedad de paisajes en el mundo. En auto es una fiesta. Si uno parte de la ciudad de Salta, una opción es viajar al sudoeste en busca de Cafayate, por una ruta asfaltada (la 68) que alcanza pueblos casi abandonados como Alemanía y delicias naturales como la Garganta del Diablo, en un recorrido de 183 km que sorprende en cada curva. Cafayate, rodeada de bodegas, es uno de los sitios ideales para pasar la noche.
Al día siguiente se puede salir con destino a Cachi, pequeña ciudad rodeada de picos nevados, con su famosa iglesia de estilo neogótico. El acceso es por la ruta 40, en un tramo zigzagueante y desolado de 136 km con mucho ripio y cal.
La última parte hacia Salta presenta escenarios alucinantes, como el Parque Nacional Los Cardones.
5. Ir en tren a las nubes
Es el tren turístico más famoso del país. Asciende a 4200 metros sobre el nivel del mar, recorre 434 km (ida y vuelta) y atraviesa 29 puentes, 21 túneles, 13 viaductos, 2 rulos y 2 zigzagues. El Tren de las Nubes parte de la ciudad de Salta e inicia el ascenso hasta La Polvorilla, donde comienza el regreso.
Con comedor a bordo, traductor y asistencia médica, el recorrido es de unas 16 horas, se realiza tres veces por semana y cuesta 120 dólares (o 140 en Semana Santa y vacaciones de invierno). Las tarifas incluyen desayuno y merienda.
www.trenalasnubes.com.ar
6. Cabalgar en Tucumán
La provincia más pequeña del país tiene infinidad de lugares magníficos con acceso únicamente a caballo. Las propuestas turísticas incluyen desde cabalgatas de un par de horas en los alrededores de Tafí del Valle hasta experiencias de dos o tres días para alcanzar, por ejemplo, poblados escondidos en los cerros, entre ellos, Ancajuli y Chasquivil.
Hay circuitos de alta gama, como los que llegan a la reserva Las Queñuas o que siguen las sendas de Atahualpa Yupanqui, desde Raco. Más información en Cabra Horco Expediciones; El Puesto, 03867-421257; jjcritto@hotmail.com. Una cabalgata puede costar desde $ 90 hasta 480 por día por persona, combinando noche en casa de familia y hosterías de alta gama. Incluye recepción en San Miguel, traslados y pensión completa.
7. Vibrar con los bombos en Santiago
Debutó en 2003 para celebrar los 450 años de Santiago del Estero, y en poco tiempo se convirtió en una de las más comentadas fiestas populares del país. Iniciativa de un grupo de bombistos amigos, como el luthier de bombos Froilán González, la procesión de parches atrajo cada año a más y más devotos de la chacarera. En su octava edición, el último viernes 16 de julio, dos multitudinarias columnas se encontraron luego de caminar 10 kilómetros, justamente en el Patio del Indio Froilán, multiespacio de música y comidas regionales que es algo así como el último hit turístico santiagueño para visitar todo el año.
www.marchadelosbombos.com
8. Viajar al pasado en Talampaya
El inmenso desierto rojo de 215.000 hectáreas del Parque Nacional Talampaya, en La Rioja, fue el hábitat en el triásico (hace 200 millones de años) de imponentes dinosaurios.
Hoy, los visitantes tienen la sensación de estar haciendo un viaje en el tiempo entre curiosas formaciones talladas incansablemente por la erosión del viento, murallones y cañones.
El horarios de ingreso al parque del 11 del actual al 30 de abril es de 8 a 18. Entrada, $ 10. Se pueden realizar circuitos en camión, bicicleta y a pie, incluso paseos nocturnos. Circuitos guiados, desde $ 70. Imperdible también visitar el Valle de la Luna, en San Juan, a 70 kilómetros.
www.talampaya.gov.ar
9. Descubrir la Puna catamarqueña
Menos visitada que Salta y Jujuy, la Puna catamarqueña es un nuevo destino para explorar, con paisajes sorprendentes. Desde la capital provincial son 500 kilómetros hacia la Puna. El circuito incluye visitas a Hualfín, la reserva Laguna Blanca, donde vive una de las colonias de flamencos rosados más grande del mundo; el pueblo El Peñón y Campos de Piedra Pómez (con extrañas e intrincadas formaciones de roca rosada, ocre y amarilla que superan los 50 metros). Se pueden visitar las Dunas Blancas y seguir viaje a Antofagasta de la Sierra, zona con más de 220 volcanes, y finalizar en la quebrada Seca.
10. Bailar en un carnaval litoraleño
Hay que conocer los carnavales de Gualeguaychú, uno de los más importantes del mundo, y el de Corrientes, capital nacional de esta actividad. Claro que para bailar en sus comparsas se debe atravesar un proceso de audiciones exigente, porque ambos encuentros se han profesionalizado. Los visitantes son, desde las gradas, parte de la fiesta, y el clima carnavalesco se traslada a cada espacio nocturno de la ciudad.
Para carnavales más pueblerinos y callejeros, las opciones litoraleñas van de Paso de los Libres, Empedrado y Paso de la Patria a Gualeguay, Victoria y Concepción, entre otros.
11. Peregrinar al santuario del Gauchito Gil
Es uno los santos populares más venerados del país, aunque no está reconocido por la Iglesia, patrono de las urgencias, de las gestiones de suma necesidad y de pedidos especiales de prosperidad.
La leyenda cuenta que en el momento de su asesinato el gaucho correntino Antonio Gil salvó la vida del hijo de su victimario y así se volvió milagroso.
Cada 8 de enero, aniversario de su muerte, el santuario principal, en el cruce de las rutas 123 y 119, a 8 km de la ciudad de Mercedes, Corrientes, donde está su tumba, recibe miles de peregrinos. La costumbre indica que hay que prenderle una vela roja y escribir el pedido en una cinta del mismo color.
12. Empantanarse en el Iberá
Lagunas, canales, arroyos, riachos, bañados, pantanos ... los Esteros del Iberá en Corrientes son uno de los grandes reservorios de agua dulce (1.300.000 hectáreas, unas 65 veces el tamaño de la ciudad de Buenos Aires) y un buen destino para conectarse con la naturaleza y descubrir la flora y fauna autóctonas.
En caminatas, cabalgatas y navegaciones se ven aves de todos los colores, carpinchos, ciervos y, por supuesto, los temibles yacarés, entre muchos otros.
Los Esteros del Iberá son inseparables de Colonia Carlos Pellegrini, caserío de menos de 1000 habitantes que se encuentra al pie de la laguna Iberá, con servicios básicos para los turistas.
13. Salpicarse con las Cataratas de noche
Aunque se hayan visitado una y mil veces, las cataratas del Iguazú de noche son diferentes, misteriosas. Las salidas de luna llena llevan a ver la Garganta del Diablo, el salto más impactante, con el parque en penumbras y el murmullo constante de los animales de la selva. Después de caminar por las pasarelas poco más de un kilómetro prácticamente a oscuras se llega al mirador. Sólo la luna, como un reflector, ilumina nítidamente la caída del agua, que toma tonalidades plateadas. El paseo nocturno se realiza sólo cinco días al mes y si está despejado. Cuesta 120 pesos por persona.
www.iguazuargentina.com
14. Cruzar en canoa el bañado La Estrella
Aislado del turismo masivo y culturalmente único, con un extraño bosque de champales y una fauna encabezada por jabirús y yacarés, el bañado La Estrella, en Formosa, ofrece una de las experiencias más deslumbrantes del país.
En verano es agobiante, con insectos de todo tipo y caminos intransitables. Pero entre mayo y septiembre se pueden realizar paseos en canoa o lancha por el humedal -es el tercero en tamaño del continente-, disfrutar de las formas extrañas de sus árboles y compartir actividades con wichis, tobas y pilagás. El bañado está a 45 km de Las Lomitas, pueblo cabecera para recorrer la zona, a unos 300 km de la capital provincial.
15. Atravesar las Altas Cumbres
Entre Villa Carlos Paz y Mina Clavero, el Camino de las Altas Cumbres -que atraviesa las Sierras Grandes- hay que recorrerlo a marcha lenta. No sólo por las curvas y contracurvas de la ruta de montaña, sino por las vistas panorámicas imperdibles.
Son 120 kilómetros por un camino asfaltado y en buen estado, que conecta los valles cordobeses de Punilla y Traslasierra, y que llega a los 2200 metros. En el trayecto, el Parque Nacional Quebrada del Condorito, en Pampa de Achala, para observar aves, pequeños pueblos para descansar, probar productos regionales y comprar artesanías.
16. Volar en parapente en Cuchi Corral
El mirador de Cuchi Corral, parecido a un balcón de 400 metros sobre el río Pintos, muy cerca de La Cumbre, en el valle cordobés de Punilla, algo así como la meca de los que buscan volar. Es una rampa natural para lanzarse al vacío en parapente (también ala delta), con una vista panorámica imperdible y un microclima especial, con gran desarrollo de térmicas y un predominio del viento del norte.
Un sitio tan famoso que hasta se realiza todos los años el Campeonato Argentino de Vuelo Libre. Los vuelos duran entre 20 y 30 minutos, y se ofrecen bautismos que cuestan 300 pesos.
17. Pasar un fin de semana en Rosario
Siempre estuvo cerca (como se ha dicho hasta el cansancio), pero quizá nunca tuvo tanta acción. A 309 km por autopista desde Buenos Aires, la ciudad a orillas del Paraná vive un boom inmobiliario y turístico que la reposiciona como destino de fin de semana, sin competencia en cantidad, variedad y calidad de opciones. Un par de días son ideales para descubrir flamantes hoteles y restaurantes con onda por el centro, además de los bares clásicos, la renovada costanera y hasta shoppings, y un casino-centro de convenciones y espectáculos. Quien no haya estado por Rosario últimamente se llevará una sorpresa.
18. Almorzar en Los Talas del Entrerriano
A esta altura una leyenda del conurbano, Los Talas del Entrerriano es para muchos la mejor parrilla bonaerense. Así de simple. El fenómeno, un negocio familiar, comenzó a mediados de los años 80 con un puesto de choripanes y fue creciendo hasta el actual megagalpón que los fines de semana funciona a pleno, con demoras de más de una hora. Obreros, paquetes vecinos de zona norte y comensales extranjeros peregrinan hasta allí por la calidad de su carne, pero particularmente por su famoso lechón. Queda en Av. Brig. Juan Manuel de Rosas 1391, José León Suárez (4729-8527). Abre todos los mediodías y viernes, sábado y vísperas de feriado, por la noche.
19. Saltar en un superclásico
Es cierto que un partido entre Villa Dálmine y Defensores Unidos tiene su atractivo, como casi todos los clásicos del fútbol argentino, pero cada encuentro entre Boca y River genera tanta expectativa que se vuelve un espectáculo imperdible, para propios y extraños. El superclásico es colorido y emocionante más allá del resultado, al menos para los visitantes imparciales.
Puede ser en la Bombonera, destino ineludible para los visitantes de Buenos Aires, o el Monumental, el coloso que cuenta ahora con museo. Las populares cuestan 40 pesos, las plateas se venden por 300 pesos a 400 dólares, en agencias o propuestas oficiales de los clubes (Game Experience, en el caso de Boca). La experiencia es completa, claro, con un tradicional sándwich de chorizo.
20. Celebrar la tradición en Areco
A sólo 113 km de Buenos Aires, Areco es la capital del tradicionalismo criollo. Escenario de la clásica novela gauchesca Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes, este orgulloso pueblo celebra cada año el 10 de noviembre (Día de la Tradición) la Fiesta de la Tradición, con domas, jineteadas, exposiciones, bailes y el tradicional desfile a caballo. Sin patrocinadores, la mayor concentración de gauchos bien empilchados que se pueda ver en la pampa húmeda.
21. Jugar al estanciero bonaerense
Para quedarse un fin de semana o simplemente para pasar un día de campo, en la provincia de Buenos Aires, cerca de 250 estancias abren las tranqueras a los turistas. Las propuestas incluyen asado al asador, pastas caseras, piscina, juegos campestres, cabalgatas y, en algunos casos, participar de las tareas agropecuarias. Cascos históricos, tradiciones gauchescas y atención personalizada. El turismo rural se expandió en los años 90 como una alternativa a la crisis del campo y se convirtió en un clásico de la provincia.
22. Oír el bramido del ciervo en La Pampa
En el Parque Luro, a 35 km de la capital pampeana, entre marzo y abril tiene lugar la temporada de brama de los ciervos colorados, momento en el que dejan la profundidad del monte de caldén para aparearse. La brama es un grito fuerte, medio desesperado y áspero a través del cual los ciervos marcan territorio y mantienen unido al harén con el que se aparean.
Con guías del parque y en silencio, se realizan salidas que duran dos horas, a sitios estratégicos para observar y escuchar ciervos.
23. Comer en el puerto de Mar del Plata
Hace tiempo que sus alfajores más tradicionales se consiguen hasta en San Pablo, y casinos hay de sobra en todo el país, de manera que algunos íconos marplatenses quedaron algo relegados. Pero el puerto se mantiene firme en toda visita a la mayor ciudad playera del país, porque es uno de los mejores lugares para deleitarse con frutos de mar. La contemplación de coloridos barcos pesqueros y la interacción con lobos de mar que se suben hasta a los muelles se completa siempre con una parada gastronómica, en alguno de los restaurantes propios del puerto o, a veces mejor, de los alrededores.
24. Dormir en un observatorio sanjuanino
Mirar por un telescopio del Complejo Astronómico El Leoncito es una buena forma de aprovechar uno de los cielos más claros. Si bien alcanza con elevar la mirada en cualquier momento de la noche para disfrutar de una increíble imagen en negro y blanco, los detalles se aprecian con el telescopio y la información especializada.
El observatorio está en el Parque Nacional El Leoncito, en el sudoeste de San Juan. Para que la visita resulte inolvidable, lo mejor es quedarse a dormir en el complejo, donde ofrecen habitaciones sencillas y tan blancas como en una base espacial. La comida es casera y se comparte con los científicos. Cuesta 200 pesos por persona en habitación doble. Reservas: kdominguez@casleo.gov.ar y (0264) 4213653. www.casleo.gov.ar
25. Cruzar los Andes a caballo
La gran epopeya de San Martín de atravesar la Cordillera a caballo para liberar a Chile es una ruta cada vez más codiciada por los aventureros extremos. Los programas son de entre 8 y 9 días en la montaña, a caballo, durmiendo en carpa y en alturas que llegan a los 4500 metros.
Apenas un puñado de operadores realiza esta travesía con salidas entre diciembre y febrero. Tarifa de los servicios terrestres, sin incluir el viaje a Mendoza, 1800 dólares.
26. Subir el Aconcagua
Si bien llegar a los 6962 metros, la cumbre del Aconcagua, el cerro más alto de América, está lejos de ser una actividad para todos, existen opciones turísticas y más accesibles: los trekkings a los campamentos base por el sector inferior de la montaña.
El trekking a Plaza Francia, de tres días, permite a los visitantes contemplar el Aconcagua de la forma más impresionante: se ven de cerca 3000 metros de pared de hielo y roca.
El otro camino, hacia Plaza de Mulas, que se combina con el de Plaza Francia y dura siete días, coincide con la ruta habitual de los que ascienden hacia la cumbre. En este caso se camina por una quebrada larga. La temporada de ascenso va del 15 de noviembre al 15 de marzo. Los permisos se tramitan en el Centro de Visitantes del Parque General San Martín. www.aconcagua.mendoza.gov.ar
27. Agarrarse fuerte en el Río Mendoza
Remar de manera sincronizada, esquivando piedras y saltando los rápidos del río a toda velocidad... Las salidas de rafting son garantía de diversión. Hay varios ríos en el país para practicarlo, por ejemplo el Mendoza, en el norte de la provincia, en dos sectores, desde Uspallata hasta Potrerillos, y en Cacheuta.
Las categorías de los rápidos varían entre I (fácil) y IV (difícil), según la época del año. En verano, por el aumento del caudal de agua, es la temporada más vertiginosa. Las salidas más cortas cuestan entre 100 y 120 pesos con traslado desde la ciudad de Mendoza.
28. Entrar en la Caverna de las Brujas
Como en un viaje al centro de la tierra, la Caverna de las Brujas, a 75 km de Malargüe, en el sur de Mendoza, se recorre entre estalactitas, estalagmitas, pasadizos, silencio y oscuridad.
La caverna se formó a partir del constante aporte de agua de filtración, que penetró por fisuras en las rocas, entre 70.000 y 30.000 años atrás. El recorrido, que dura aproximadamente dos horas y se hace con guías, requiere de buen estado físico para pasar por lugares pequeños y trepar rocas. Es necesario solicitar turno en la Dirección de Turismo. Tarifa: 30 pesos. www.malargue.com
29. Despertar entre viñedos mendocinos
Con el gran auge del enoturismo de los últimos diez años, las bodegas no sólo abrieron sus puertas para visitas guiadas y degustaciones, sino que en muchos casos incorporaron también hotelería. Gran acierto: dormir y despertar entre viñedos, en pequeñas posadas boutique, es la consagración de la experiencia vitivinícola. Los caminos del vino en Mendoza no serían lo mismo sin bodegas o wine lodges donde alojarse, como Club Tapiz (Maipú), Cavas (Agrelo), Posada Baquero (Coquimbito), Terrazas de los Andes (Perdriel) y Vistalba (Luján de Cuyo). Las tarifas, entre 400 y 1200 pesos.
30. Bajar Marte, en Las Leñas
Marte es la pista de esquí más famosa del país, temida y respetada hasta por los más experimentados deportistas. Estrecha, ventosa y empinadísima, son 24 km de adrenalina a través de un cañón flanqueado por paredes de hielo y rocas filosas, una invitación a las sensaciones más extremas. Todo esquiador que se precie quiere dejar su huella aquí.
31. Perderse en el Parque Nacional Sierra de las Quijadas
El Parque Nacional Sierra de las Quijadas, 120 km al noroeste de San Luis capital, y desde hace poco a cargo de la comunidad huarpe, también es conocido como el Gran Cañón del Colorado en miniatura.
En sus 150 mil hectáreas habitaron hace millones de años varias especies de dinosaurios y pterosaurios (reptiles voladores). Este santuario natural hoy se destaca por sus fósiles milenarios, acantilados de 250 metros de altura, galerías sin salida, paredes abruptas y caprichosas formaciones de piedra. Los amantes del trekking pueden optar entre tres tipos de circuitos para dejarse perder en esta desolación de abismos, precipicios y atardeceres de rojo furioso.
32. Bucear con lobos marinos en Península Valdés
Es difícil imaginar que un animal con tan pocos trucos escénicos fuera del agua pueda ser tan simpático cuando se encuentra con un buceador. Península Valdés es centro del buceo en el país, con una fauna marina impresionante. La ballena franca es la gran protagonista, pero a veces también reticente a las visitas con máscara de snorkel. El tema con los lobos es distinto, ya que se acercan casi siempre cuando andan por la zona. Primero, con cautela; luego ganan confianza y se ponen cara a cara e incluso pueden terminar como compañeros de recorrido. En Puerto Madryn y Puerto Pirámides hay muchísimas agencias con bautismos submarinos (desde $ 180).
33. Manejar por la ruta de los Siete Lagos
Los 110 kilómetros que separan Villa La Angostura de San Martín de los Andes, por la ruta nacional 234, hay que recorrerlos despacio y con los ojos bien abiertos. La famosa ruta de los Siete Lagos serpentea entre caminos sinuosos, bosque y los esperables... siete lagos: Correntoso, Espejo, Pichi Traful, Villarino, Falkner, Hermoso y Machónico. El circuito se puede hacer en excursión, auto, moto e incluso en bicicleta, con sectores asfaltados y otros de ripio. Evitar el invierno, porque puede estar nevado. Una buena alternativa es hacer el camino de regreso por el Paso del Córdoba.
34. Sacar una trucha en el Chimehuín
Los fanáticos de la pesca con mosca seguramente lo conocen a la perfección. El río Chimehuín, que nace en el lago Huechulafquen y pasa por Junín de los Andes, en Neuquén, es famoso por la calidad de las truchas que se obtienen, algo así como el lugar para el fly casting.
Aunque se pesca en sus 50 kilómetros de largo, el mejor sitio es la boca, 500 metros a ambas márgenes del lago Huechulafquen. Las capturas habituales son de piezas de entre 2 y 4 kilos, aunque se sacaron truchas de hasta 11. Por supuesto, la modalidad es pesca con devolución, por lo que las truchas deben volver vivitas y coleando al agua. La temporada de pesca empieza cada año el 1° de noviembre y finaliza el 1° de mayo.
35. Refugiarse en Bariloche
Llegar hasta un refugio de montaña en los alrededores de Bariloche y pasar allí la noche es una perfecta combinación de emociones. Primero, la aventura de caminar en ascenso de 4 a 7 horas, según los senderos y el estado físico. Para los montañistas es simple; para los que no lo son, la dificultad máxima es la cantidad de horas de recorrido y algunas pendientes con piedras.
Estos refugios integran el Club Andino Bariloche (CAB), y los más buscados son Frey, Yacob y Laguna Negra. Llegar hasta ellos es encontrarse con lagunas en altura y picos al alcance de la mano. También, compartir la tarde junto al fuego, comer algo caliente mientras el viento sopla afuera, y dormir en camas, bolsas o cuchetas. Pasar la noche cuesta unos 35 pesos en espacios para compartir; la comida por persona, de 35 a 50, y el uso de la cocina, 10 o 15. El ascenso es gratis; hay que informar antes de la partida; ver más en www.clubandino.org
36. Tomar el té en el Llao Llao
A la hora de la merienda, el tradicional hotel de Bariloche, construido en 1938 por Alejandro Bustillo, sirve una mesa famosa y exquisita. Desde el jardín de invierno, con impresionantes panorámicas de la cancha de golf y del lago Nahuel Huapi, el clásico Té Llao Llao incluye jugos, infusiones y una selección de la mesa buffet de tortas. Se sirve de 16 a 19. Tarifa: $ 104 por persona. Reservas, (02944)-448530 o por mail a reservasrestaurant@llaollao.com.ar
37. Caminar por el Chaltén
Este pueblo santacruceño, a 220 kilómetros de El Calafate, en Santa Cruz, es la Capital Nacional del Trekking. Desde el centro se abren senderos en todas las direcciones para perderse entre glaciares, ríos, lagos, y bosques de lengas y ñires. Algunos fáciles, para recorrer en un día, y otros más exigentes por el hielo, y se necesitan varias jornadas, pero todos con paisajes impresionantes.
Los circuitos de trekking más conocidos son Laguna Torre (por el valle del río Fitz Roy), Campamento Poincenot (el camino remonta el río El Chorrillo), Laguna de los Tres (al pie del Fitz Roy) y Piedra del Fraile (se camina por el valle del río Eléctrico hasta el campamento). Mejor época, entre octubre y marzo. www.elchalten.com
38. Pisar el glaciar Perito Moreno
Aunque se lo vea desde las pasarelas o en barco, la sensación de caminar sobre el lomo del glaciar Perito Moreno, en el Parque Nacional Los Glaciares, a 80 km de El Calafate, es incomparable.
La caminata sobre el hielo se realiza con grampones, como una suela con varias puntas de hierro en la base que se pone debajo de las zapatillas. Se camina tras los guías, todos en hilera por hielo seguro.
Durante el recorrido, de casi dos horas, se ven grietas, seracs, sumideros y pequeñas lagunas. Para finalizar, un brindis con hielo milenario. Tarifa: 500 pesos por persona, con traslado incluido. Se realiza entre agosto y fines de mayo. www.hieloyaventura.com
39. Navegar por el Beagle
Si llegar al fin del mundo significa todo un mérito, navegar por sus canales no es un logro menor. Desde Ushuaia, hay diversas opciones para embarcarse y explorar el Beagle: paseos diarios como los que ofrecen Rumbo Sur y Tokeyén. Las salidas del pequeño barco Tres Marías. También, veleros particulares que proponen la excursión. Y la compañía Australis, que este año estrena el Stella y realiza expediciones de varios días por los canales fueguinos, con un imperdible descenso en el mítico Cabo de Hornos y charlas sobre los viajes de Charles Darwin para ponerse en clima. www.australis.com
40. Conocer las Islas Malvinas
Uno de los viajes más particulares y lleno de sensaciones que pueda encarar un argentino. Desde las calles del pueblo hasta algún campo de batalla de la guerra de 1982, o incluso alguna estancia perdida en los confines de la isla Soledad, el archipiélago es un mundo aparte, donde se superponen paisajes únicos con amargos recuerdos, una cultura con cierto grado de exotismo y una naturaleza que parece imponerse a todo. Desde Punta Arenas, Chile, LAN opera un vuelo todos los sábados (tarifa desde Santiago, 972 dólares, más impuestos). Pero la mayoría de los turistas llega allí por alguna de las líneas de cruceros, que luego siguen rumbo a la Antártida y Valparaíso. Por ejemplo, Princess tiene un itinerario de diez días entre la Patagonia argentina y los fiordos chilenos, con escala en Malvinas, por 1779 dólares por persona, incluyendo aéreo hacia el puerto de salida o llegada, según el caso, más todas las comidas e impuestos. No incluye propinas ni excursiones, como la visita al cementerio argentino de Malvinas, de unas tres horas y media. Salidas: 26 de enero, 13 de febrero y 23 de febrero.
Fuente: La Nación Turismo
1. Tocar el cielo en Iruya
¿Cómo llegar a Humahuaca y no estirarse esos 70 km extra (53 de ripio) hasta Iruya? El camino de cornisa hasta uno de los más fotogénicos pueblos salteños, como colgado de la montaña, llega a ascender hasta 4000 metros sobre el nivel del mar (Abra del Cóndor, límite entre Jujuy y Salta) para luego bajar en zigzag hasta los 2780 metros de Iruya, con sus casitas escalando las laderas de colores y su iglesia de postal. Y sin embargo, lo que parece el último lugar del mundo es apenas la puerta de entrada a una Salta profunda, a senderos de piedra y río, caseríos mínimos, como San Isidro o Pueblo Viejo, y paisaje virgen, pero virgen en serio.2. Sacarle la vincha al toro en Casabindo
Cada 15 de agosto, el pequeño pueblo de Casabindo, a 120 km de Abra Pampa, Jujuy, está de fiesta. Durante la celebración de la Asunción de la Santísima Virgen María, patrona del lugar, además de la liturgia tradicional se realiza un toreo, único en la Argentina. Pero con una particularidad: el objetivo es que el torero saque, de entre los cuernos del animal, una cinta roja con monedas de plata antigua que lleva atada. Sin lastimar ni matar al animal. Se aceptan participantes del público, aunque con mucho cuidado.3. Visitar un salar de la Puna
Casi como si fuera la superficie de la Luna, los salares son restos de lagos que se han disecado. En el país y en la Puna especialmente hay varios que se pueden recorrer, siempre con anteojos de sol porque el reflejo encandila.Salinas Grandes, uno de los más visitados, es un gran llano de 220 km2 de horizonte infinito, entre Salta y Jujuy. A lo lejos se ven hombres trabajando, pala en mano, cubiertos con gorros y máscaras. De aquí se obtiene buena parte de la sal que se consume en las mesas argentinas.
4. Triangular de los valles calchaquíes
Debe ser uno de los circuitos con mayor variedad de paisajes en el mundo. En auto es una fiesta. Si uno parte de la ciudad de Salta, una opción es viajar al sudoeste en busca de Cafayate, por una ruta asfaltada (la 68) que alcanza pueblos casi abandonados como Alemanía y delicias naturales como la Garganta del Diablo, en un recorrido de 183 km que sorprende en cada curva. Cafayate, rodeada de bodegas, es uno de los sitios ideales para pasar la noche.Al día siguiente se puede salir con destino a Cachi, pequeña ciudad rodeada de picos nevados, con su famosa iglesia de estilo neogótico. El acceso es por la ruta 40, en un tramo zigzagueante y desolado de 136 km con mucho ripio y cal.
La última parte hacia Salta presenta escenarios alucinantes, como el Parque Nacional Los Cardones.
5. Ir en tren a las nubes
Es el tren turístico más famoso del país. Asciende a 4200 metros sobre el nivel del mar, recorre 434 km (ida y vuelta) y atraviesa 29 puentes, 21 túneles, 13 viaductos, 2 rulos y 2 zigzagues. El Tren de las Nubes parte de la ciudad de Salta e inicia el ascenso hasta La Polvorilla, donde comienza el regreso.Con comedor a bordo, traductor y asistencia médica, el recorrido es de unas 16 horas, se realiza tres veces por semana y cuesta 120 dólares (o 140 en Semana Santa y vacaciones de invierno). Las tarifas incluyen desayuno y merienda.
www.trenalasnubes.com.ar
6. Cabalgar en Tucumán
La provincia más pequeña del país tiene infinidad de lugares magníficos con acceso únicamente a caballo. Las propuestas turísticas incluyen desde cabalgatas de un par de horas en los alrededores de Tafí del Valle hasta experiencias de dos o tres días para alcanzar, por ejemplo, poblados escondidos en los cerros, entre ellos, Ancajuli y Chasquivil.Hay circuitos de alta gama, como los que llegan a la reserva Las Queñuas o que siguen las sendas de Atahualpa Yupanqui, desde Raco. Más información en Cabra Horco Expediciones; El Puesto, 03867-421257; jjcritto@hotmail.com. Una cabalgata puede costar desde $ 90 hasta 480 por día por persona, combinando noche en casa de familia y hosterías de alta gama. Incluye recepción en San Miguel, traslados y pensión completa.
7. Vibrar con los bombos en Santiago
Debutó en 2003 para celebrar los 450 años de Santiago del Estero, y en poco tiempo se convirtió en una de las más comentadas fiestas populares del país. Iniciativa de un grupo de bombistos amigos, como el luthier de bombos Froilán González, la procesión de parches atrajo cada año a más y más devotos de la chacarera. En su octava edición, el último viernes 16 de julio, dos multitudinarias columnas se encontraron luego de caminar 10 kilómetros, justamente en el Patio del Indio Froilán, multiespacio de música y comidas regionales que es algo así como el último hit turístico santiagueño para visitar todo el año.www.marchadelosbombos.com
8. Viajar al pasado en Talampaya
El inmenso desierto rojo de 215.000 hectáreas del Parque Nacional Talampaya, en La Rioja, fue el hábitat en el triásico (hace 200 millones de años) de imponentes dinosaurios.Hoy, los visitantes tienen la sensación de estar haciendo un viaje en el tiempo entre curiosas formaciones talladas incansablemente por la erosión del viento, murallones y cañones.
El horarios de ingreso al parque del 11 del actual al 30 de abril es de 8 a 18. Entrada, $ 10. Se pueden realizar circuitos en camión, bicicleta y a pie, incluso paseos nocturnos. Circuitos guiados, desde $ 70. Imperdible también visitar el Valle de la Luna, en San Juan, a 70 kilómetros.
www.talampaya.gov.ar
9. Descubrir la Puna catamarqueña
Menos visitada que Salta y Jujuy, la Puna catamarqueña es un nuevo destino para explorar, con paisajes sorprendentes. Desde la capital provincial son 500 kilómetros hacia la Puna. El circuito incluye visitas a Hualfín, la reserva Laguna Blanca, donde vive una de las colonias de flamencos rosados más grande del mundo; el pueblo El Peñón y Campos de Piedra Pómez (con extrañas e intrincadas formaciones de roca rosada, ocre y amarilla que superan los 50 metros). Se pueden visitar las Dunas Blancas y seguir viaje a Antofagasta de la Sierra, zona con más de 220 volcanes, y finalizar en la quebrada Seca.10. Bailar en un carnaval litoraleño
Hay que conocer los carnavales de Gualeguaychú, uno de los más importantes del mundo, y el de Corrientes, capital nacional de esta actividad. Claro que para bailar en sus comparsas se debe atravesar un proceso de audiciones exigente, porque ambos encuentros se han profesionalizado. Los visitantes son, desde las gradas, parte de la fiesta, y el clima carnavalesco se traslada a cada espacio nocturno de la ciudad.Para carnavales más pueblerinos y callejeros, las opciones litoraleñas van de Paso de los Libres, Empedrado y Paso de la Patria a Gualeguay, Victoria y Concepción, entre otros.
11. Peregrinar al santuario del Gauchito Gil
Es uno los santos populares más venerados del país, aunque no está reconocido por la Iglesia, patrono de las urgencias, de las gestiones de suma necesidad y de pedidos especiales de prosperidad.La leyenda cuenta que en el momento de su asesinato el gaucho correntino Antonio Gil salvó la vida del hijo de su victimario y así se volvió milagroso.
Cada 8 de enero, aniversario de su muerte, el santuario principal, en el cruce de las rutas 123 y 119, a 8 km de la ciudad de Mercedes, Corrientes, donde está su tumba, recibe miles de peregrinos. La costumbre indica que hay que prenderle una vela roja y escribir el pedido en una cinta del mismo color.
12. Empantanarse en el Iberá
Lagunas, canales, arroyos, riachos, bañados, pantanos ... los Esteros del Iberá en Corrientes son uno de los grandes reservorios de agua dulce (1.300.000 hectáreas, unas 65 veces el tamaño de la ciudad de Buenos Aires) y un buen destino para conectarse con la naturaleza y descubrir la flora y fauna autóctonas.En caminatas, cabalgatas y navegaciones se ven aves de todos los colores, carpinchos, ciervos y, por supuesto, los temibles yacarés, entre muchos otros.
Los Esteros del Iberá son inseparables de Colonia Carlos Pellegrini, caserío de menos de 1000 habitantes que se encuentra al pie de la laguna Iberá, con servicios básicos para los turistas.
13. Salpicarse con las Cataratas de noche
Aunque se hayan visitado una y mil veces, las cataratas del Iguazú de noche son diferentes, misteriosas. Las salidas de luna llena llevan a ver la Garganta del Diablo, el salto más impactante, con el parque en penumbras y el murmullo constante de los animales de la selva. Después de caminar por las pasarelas poco más de un kilómetro prácticamente a oscuras se llega al mirador. Sólo la luna, como un reflector, ilumina nítidamente la caída del agua, que toma tonalidades plateadas. El paseo nocturno se realiza sólo cinco días al mes y si está despejado. Cuesta 120 pesos por persona.www.iguazuargentina.com
14. Cruzar en canoa el bañado La Estrella
Aislado del turismo masivo y culturalmente único, con un extraño bosque de champales y una fauna encabezada por jabirús y yacarés, el bañado La Estrella, en Formosa, ofrece una de las experiencias más deslumbrantes del país.En verano es agobiante, con insectos de todo tipo y caminos intransitables. Pero entre mayo y septiembre se pueden realizar paseos en canoa o lancha por el humedal -es el tercero en tamaño del continente-, disfrutar de las formas extrañas de sus árboles y compartir actividades con wichis, tobas y pilagás. El bañado está a 45 km de Las Lomitas, pueblo cabecera para recorrer la zona, a unos 300 km de la capital provincial.
15. Atravesar las Altas Cumbres
Entre Villa Carlos Paz y Mina Clavero, el Camino de las Altas Cumbres -que atraviesa las Sierras Grandes- hay que recorrerlo a marcha lenta. No sólo por las curvas y contracurvas de la ruta de montaña, sino por las vistas panorámicas imperdibles.Son 120 kilómetros por un camino asfaltado y en buen estado, que conecta los valles cordobeses de Punilla y Traslasierra, y que llega a los 2200 metros. En el trayecto, el Parque Nacional Quebrada del Condorito, en Pampa de Achala, para observar aves, pequeños pueblos para descansar, probar productos regionales y comprar artesanías.
16. Volar en parapente en Cuchi Corral
El mirador de Cuchi Corral, parecido a un balcón de 400 metros sobre el río Pintos, muy cerca de La Cumbre, en el valle cordobés de Punilla, algo así como la meca de los que buscan volar. Es una rampa natural para lanzarse al vacío en parapente (también ala delta), con una vista panorámica imperdible y un microclima especial, con gran desarrollo de térmicas y un predominio del viento del norte.Un sitio tan famoso que hasta se realiza todos los años el Campeonato Argentino de Vuelo Libre. Los vuelos duran entre 20 y 30 minutos, y se ofrecen bautismos que cuestan 300 pesos.
17. Pasar un fin de semana en Rosario
Siempre estuvo cerca (como se ha dicho hasta el cansancio), pero quizá nunca tuvo tanta acción. A 309 km por autopista desde Buenos Aires, la ciudad a orillas del Paraná vive un boom inmobiliario y turístico que la reposiciona como destino de fin de semana, sin competencia en cantidad, variedad y calidad de opciones. Un par de días son ideales para descubrir flamantes hoteles y restaurantes con onda por el centro, además de los bares clásicos, la renovada costanera y hasta shoppings, y un casino-centro de convenciones y espectáculos. Quien no haya estado por Rosario últimamente se llevará una sorpresa.18. Almorzar en Los Talas del Entrerriano
A esta altura una leyenda del conurbano, Los Talas del Entrerriano es para muchos la mejor parrilla bonaerense. Así de simple. El fenómeno, un negocio familiar, comenzó a mediados de los años 80 con un puesto de choripanes y fue creciendo hasta el actual megagalpón que los fines de semana funciona a pleno, con demoras de más de una hora. Obreros, paquetes vecinos de zona norte y comensales extranjeros peregrinan hasta allí por la calidad de su carne, pero particularmente por su famoso lechón. Queda en Av. Brig. Juan Manuel de Rosas 1391, José León Suárez (4729-8527). Abre todos los mediodías y viernes, sábado y vísperas de feriado, por la noche.19. Saltar en un superclásico
Es cierto que un partido entre Villa Dálmine y Defensores Unidos tiene su atractivo, como casi todos los clásicos del fútbol argentino, pero cada encuentro entre Boca y River genera tanta expectativa que se vuelve un espectáculo imperdible, para propios y extraños. El superclásico es colorido y emocionante más allá del resultado, al menos para los visitantes imparciales.Puede ser en la Bombonera, destino ineludible para los visitantes de Buenos Aires, o el Monumental, el coloso que cuenta ahora con museo. Las populares cuestan 40 pesos, las plateas se venden por 300 pesos a 400 dólares, en agencias o propuestas oficiales de los clubes (Game Experience, en el caso de Boca). La experiencia es completa, claro, con un tradicional sándwich de chorizo.
20. Celebrar la tradición en Areco
A sólo 113 km de Buenos Aires, Areco es la capital del tradicionalismo criollo. Escenario de la clásica novela gauchesca Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes, este orgulloso pueblo celebra cada año el 10 de noviembre (Día de la Tradición) la Fiesta de la Tradición, con domas, jineteadas, exposiciones, bailes y el tradicional desfile a caballo. Sin patrocinadores, la mayor concentración de gauchos bien empilchados que se pueda ver en la pampa húmeda.21. Jugar al estanciero bonaerense
Para quedarse un fin de semana o simplemente para pasar un día de campo, en la provincia de Buenos Aires, cerca de 250 estancias abren las tranqueras a los turistas. Las propuestas incluyen asado al asador, pastas caseras, piscina, juegos campestres, cabalgatas y, en algunos casos, participar de las tareas agropecuarias. Cascos históricos, tradiciones gauchescas y atención personalizada. El turismo rural se expandió en los años 90 como una alternativa a la crisis del campo y se convirtió en un clásico de la provincia.22. Oír el bramido del ciervo en La Pampa
En el Parque Luro, a 35 km de la capital pampeana, entre marzo y abril tiene lugar la temporada de brama de los ciervos colorados, momento en el que dejan la profundidad del monte de caldén para aparearse. La brama es un grito fuerte, medio desesperado y áspero a través del cual los ciervos marcan territorio y mantienen unido al harén con el que se aparean.Con guías del parque y en silencio, se realizan salidas que duran dos horas, a sitios estratégicos para observar y escuchar ciervos.
23. Comer en el puerto de Mar del Plata
Hace tiempo que sus alfajores más tradicionales se consiguen hasta en San Pablo, y casinos hay de sobra en todo el país, de manera que algunos íconos marplatenses quedaron algo relegados. Pero el puerto se mantiene firme en toda visita a la mayor ciudad playera del país, porque es uno de los mejores lugares para deleitarse con frutos de mar. La contemplación de coloridos barcos pesqueros y la interacción con lobos de mar que se suben hasta a los muelles se completa siempre con una parada gastronómica, en alguno de los restaurantes propios del puerto o, a veces mejor, de los alrededores.24. Dormir en un observatorio sanjuanino
Mirar por un telescopio del Complejo Astronómico El Leoncito es una buena forma de aprovechar uno de los cielos más claros. Si bien alcanza con elevar la mirada en cualquier momento de la noche para disfrutar de una increíble imagen en negro y blanco, los detalles se aprecian con el telescopio y la información especializada.El observatorio está en el Parque Nacional El Leoncito, en el sudoeste de San Juan. Para que la visita resulte inolvidable, lo mejor es quedarse a dormir en el complejo, donde ofrecen habitaciones sencillas y tan blancas como en una base espacial. La comida es casera y se comparte con los científicos. Cuesta 200 pesos por persona en habitación doble. Reservas: kdominguez@casleo.gov.ar y (0264) 4213653. www.casleo.gov.ar
25. Cruzar los Andes a caballo
La gran epopeya de San Martín de atravesar la Cordillera a caballo para liberar a Chile es una ruta cada vez más codiciada por los aventureros extremos. Los programas son de entre 8 y 9 días en la montaña, a caballo, durmiendo en carpa y en alturas que llegan a los 4500 metros.Apenas un puñado de operadores realiza esta travesía con salidas entre diciembre y febrero. Tarifa de los servicios terrestres, sin incluir el viaje a Mendoza, 1800 dólares.
26. Subir el Aconcagua
Si bien llegar a los 6962 metros, la cumbre del Aconcagua, el cerro más alto de América, está lejos de ser una actividad para todos, existen opciones turísticas y más accesibles: los trekkings a los campamentos base por el sector inferior de la montaña.El trekking a Plaza Francia, de tres días, permite a los visitantes contemplar el Aconcagua de la forma más impresionante: se ven de cerca 3000 metros de pared de hielo y roca.
El otro camino, hacia Plaza de Mulas, que se combina con el de Plaza Francia y dura siete días, coincide con la ruta habitual de los que ascienden hacia la cumbre. En este caso se camina por una quebrada larga. La temporada de ascenso va del 15 de noviembre al 15 de marzo. Los permisos se tramitan en el Centro de Visitantes del Parque General San Martín. www.aconcagua.mendoza.gov.ar
27. Agarrarse fuerte en el Río Mendoza
Remar de manera sincronizada, esquivando piedras y saltando los rápidos del río a toda velocidad... Las salidas de rafting son garantía de diversión. Hay varios ríos en el país para practicarlo, por ejemplo el Mendoza, en el norte de la provincia, en dos sectores, desde Uspallata hasta Potrerillos, y en Cacheuta.Las categorías de los rápidos varían entre I (fácil) y IV (difícil), según la época del año. En verano, por el aumento del caudal de agua, es la temporada más vertiginosa. Las salidas más cortas cuestan entre 100 y 120 pesos con traslado desde la ciudad de Mendoza.
28. Entrar en la Caverna de las Brujas
Como en un viaje al centro de la tierra, la Caverna de las Brujas, a 75 km de Malargüe, en el sur de Mendoza, se recorre entre estalactitas, estalagmitas, pasadizos, silencio y oscuridad.La caverna se formó a partir del constante aporte de agua de filtración, que penetró por fisuras en las rocas, entre 70.000 y 30.000 años atrás. El recorrido, que dura aproximadamente dos horas y se hace con guías, requiere de buen estado físico para pasar por lugares pequeños y trepar rocas. Es necesario solicitar turno en la Dirección de Turismo. Tarifa: 30 pesos. www.malargue.com
29. Despertar entre viñedos mendocinos
Con el gran auge del enoturismo de los últimos diez años, las bodegas no sólo abrieron sus puertas para visitas guiadas y degustaciones, sino que en muchos casos incorporaron también hotelería. Gran acierto: dormir y despertar entre viñedos, en pequeñas posadas boutique, es la consagración de la experiencia vitivinícola. Los caminos del vino en Mendoza no serían lo mismo sin bodegas o wine lodges donde alojarse, como Club Tapiz (Maipú), Cavas (Agrelo), Posada Baquero (Coquimbito), Terrazas de los Andes (Perdriel) y Vistalba (Luján de Cuyo). Las tarifas, entre 400 y 1200 pesos.30. Bajar Marte, en Las Leñas
Marte es la pista de esquí más famosa del país, temida y respetada hasta por los más experimentados deportistas. Estrecha, ventosa y empinadísima, son 24 km de adrenalina a través de un cañón flanqueado por paredes de hielo y rocas filosas, una invitación a las sensaciones más extremas. Todo esquiador que se precie quiere dejar su huella aquí.31. Perderse en el Parque Nacional Sierra de las Quijadas
El Parque Nacional Sierra de las Quijadas, 120 km al noroeste de San Luis capital, y desde hace poco a cargo de la comunidad huarpe, también es conocido como el Gran Cañón del Colorado en miniatura.En sus 150 mil hectáreas habitaron hace millones de años varias especies de dinosaurios y pterosaurios (reptiles voladores). Este santuario natural hoy se destaca por sus fósiles milenarios, acantilados de 250 metros de altura, galerías sin salida, paredes abruptas y caprichosas formaciones de piedra. Los amantes del trekking pueden optar entre tres tipos de circuitos para dejarse perder en esta desolación de abismos, precipicios y atardeceres de rojo furioso.
32. Bucear con lobos marinos en Península Valdés
Es difícil imaginar que un animal con tan pocos trucos escénicos fuera del agua pueda ser tan simpático cuando se encuentra con un buceador. Península Valdés es centro del buceo en el país, con una fauna marina impresionante. La ballena franca es la gran protagonista, pero a veces también reticente a las visitas con máscara de snorkel. El tema con los lobos es distinto, ya que se acercan casi siempre cuando andan por la zona. Primero, con cautela; luego ganan confianza y se ponen cara a cara e incluso pueden terminar como compañeros de recorrido. En Puerto Madryn y Puerto Pirámides hay muchísimas agencias con bautismos submarinos (desde $ 180).33. Manejar por la ruta de los Siete Lagos
Los 110 kilómetros que separan Villa La Angostura de San Martín de los Andes, por la ruta nacional 234, hay que recorrerlos despacio y con los ojos bien abiertos. La famosa ruta de los Siete Lagos serpentea entre caminos sinuosos, bosque y los esperables... siete lagos: Correntoso, Espejo, Pichi Traful, Villarino, Falkner, Hermoso y Machónico. El circuito se puede hacer en excursión, auto, moto e incluso en bicicleta, con sectores asfaltados y otros de ripio. Evitar el invierno, porque puede estar nevado. Una buena alternativa es hacer el camino de regreso por el Paso del Córdoba.34. Sacar una trucha en el Chimehuín
Los fanáticos de la pesca con mosca seguramente lo conocen a la perfección. El río Chimehuín, que nace en el lago Huechulafquen y pasa por Junín de los Andes, en Neuquén, es famoso por la calidad de las truchas que se obtienen, algo así como el lugar para el fly casting.Aunque se pesca en sus 50 kilómetros de largo, el mejor sitio es la boca, 500 metros a ambas márgenes del lago Huechulafquen. Las capturas habituales son de piezas de entre 2 y 4 kilos, aunque se sacaron truchas de hasta 11. Por supuesto, la modalidad es pesca con devolución, por lo que las truchas deben volver vivitas y coleando al agua. La temporada de pesca empieza cada año el 1° de noviembre y finaliza el 1° de mayo.
35. Refugiarse en Bariloche
Llegar hasta un refugio de montaña en los alrededores de Bariloche y pasar allí la noche es una perfecta combinación de emociones. Primero, la aventura de caminar en ascenso de 4 a 7 horas, según los senderos y el estado físico. Para los montañistas es simple; para los que no lo son, la dificultad máxima es la cantidad de horas de recorrido y algunas pendientes con piedras.Estos refugios integran el Club Andino Bariloche (CAB), y los más buscados son Frey, Yacob y Laguna Negra. Llegar hasta ellos es encontrarse con lagunas en altura y picos al alcance de la mano. También, compartir la tarde junto al fuego, comer algo caliente mientras el viento sopla afuera, y dormir en camas, bolsas o cuchetas. Pasar la noche cuesta unos 35 pesos en espacios para compartir; la comida por persona, de 35 a 50, y el uso de la cocina, 10 o 15. El ascenso es gratis; hay que informar antes de la partida; ver más en www.clubandino.org
36. Tomar el té en el Llao Llao
A la hora de la merienda, el tradicional hotel de Bariloche, construido en 1938 por Alejandro Bustillo, sirve una mesa famosa y exquisita. Desde el jardín de invierno, con impresionantes panorámicas de la cancha de golf y del lago Nahuel Huapi, el clásico Té Llao Llao incluye jugos, infusiones y una selección de la mesa buffet de tortas. Se sirve de 16 a 19. Tarifa: $ 104 por persona. Reservas, (02944)-448530 o por mail a reservasrestaurant@llaollao.com.ar37. Caminar por el Chaltén
Este pueblo santacruceño, a 220 kilómetros de El Calafate, en Santa Cruz, es la Capital Nacional del Trekking. Desde el centro se abren senderos en todas las direcciones para perderse entre glaciares, ríos, lagos, y bosques de lengas y ñires. Algunos fáciles, para recorrer en un día, y otros más exigentes por el hielo, y se necesitan varias jornadas, pero todos con paisajes impresionantes.Los circuitos de trekking más conocidos son Laguna Torre (por el valle del río Fitz Roy), Campamento Poincenot (el camino remonta el río El Chorrillo), Laguna de los Tres (al pie del Fitz Roy) y Piedra del Fraile (se camina por el valle del río Eléctrico hasta el campamento). Mejor época, entre octubre y marzo. www.elchalten.com
38. Pisar el glaciar Perito Moreno
Aunque se lo vea desde las pasarelas o en barco, la sensación de caminar sobre el lomo del glaciar Perito Moreno, en el Parque Nacional Los Glaciares, a 80 km de El Calafate, es incomparable.La caminata sobre el hielo se realiza con grampones, como una suela con varias puntas de hierro en la base que se pone debajo de las zapatillas. Se camina tras los guías, todos en hilera por hielo seguro.
Durante el recorrido, de casi dos horas, se ven grietas, seracs, sumideros y pequeñas lagunas. Para finalizar, un brindis con hielo milenario. Tarifa: 500 pesos por persona, con traslado incluido. Se realiza entre agosto y fines de mayo. www.hieloyaventura.com
39. Navegar por el Beagle
Si llegar al fin del mundo significa todo un mérito, navegar por sus canales no es un logro menor. Desde Ushuaia, hay diversas opciones para embarcarse y explorar el Beagle: paseos diarios como los que ofrecen Rumbo Sur y Tokeyén. Las salidas del pequeño barco Tres Marías. También, veleros particulares que proponen la excursión. Y la compañía Australis, que este año estrena el Stella y realiza expediciones de varios días por los canales fueguinos, con un imperdible descenso en el mítico Cabo de Hornos y charlas sobre los viajes de Charles Darwin para ponerse en clima. www.australis.com40. Conocer las Islas Malvinas
Uno de los viajes más particulares y lleno de sensaciones que pueda encarar un argentino. Desde las calles del pueblo hasta algún campo de batalla de la guerra de 1982, o incluso alguna estancia perdida en los confines de la isla Soledad, el archipiélago es un mundo aparte, donde se superponen paisajes únicos con amargos recuerdos, una cultura con cierto grado de exotismo y una naturaleza que parece imponerse a todo. Desde Punta Arenas, Chile, LAN opera un vuelo todos los sábados (tarifa desde Santiago, 972 dólares, más impuestos). Pero la mayoría de los turistas llega allí por alguna de las líneas de cruceros, que luego siguen rumbo a la Antártida y Valparaíso. Por ejemplo, Princess tiene un itinerario de diez días entre la Patagonia argentina y los fiordos chilenos, con escala en Malvinas, por 1779 dólares por persona, incluyendo aéreo hacia el puerto de salida o llegada, según el caso, más todas las comidas e impuestos. No incluye propinas ni excursiones, como la visita al cementerio argentino de Malvinas, de unas tres horas y media. Salidas: 26 de enero, 13 de febrero y 23 de febrero.Fuente: La Nación Turismo
Suscribirse a:
Entradas (Atom)