Sobre rieles, por los trenes turísticos argentinos

Con el Tren a las Nubes, La Trochita y el Tren del Fin del Mundo entre los más reconocidos, doce ramales ferroviarios recorren las distintas regiones del país. Sus itinerarios, tarifas, las salidas regulares y otros datos útiles para agendarse.

Son más modestos que el célebre Expreso de Oriente, pero tienen un encanto que no decae desde el punto de partida hasta la estación final. Desde el afamado Tren a las Nubes (en Salta) hasta el Ferrocarril Austral Fueguino, los trenes turísticos de la Argentina proponen un viaje incomparable, que transita por historias fundidas con leyendas, sueños, recuerdos de la infancia –con pinceladas de nostalgia– y las imágenes cambiantes de los paisajes naturales.

El vagón abre su espacio generoso a familias, grupos de amigos y pasajeros solitarios, para compartir una aventura matizada por traqueteos, silbatos y bocinas, que sacuden el silencio de ámbitos bucólicos. Mientras tanto, la red ferroviaria recupera parte de su esplendor, con la recuperación de ramales en Entre Ríos y la creación de un tren turístico muy cerca de Merlo, en San Luis.

Tren a las Nubes

El mundialmente famoso ramal que une Salta capital con San Antonio de los Cobres en siete horas, deja de correr entre el 4 de diciembre y mediados de marzo. Sus vías y puentes, instalados sobre la ladera de cerros multicolores, llegan a 4.200 m sobre el nivel del mar. El viaje suele ser matizado con recitales de música andina a la gorra. Al llegar a la Puna, la locomotora y el convoy avanzan más allá de la estación final –donde los turistas son abordados por una multitud de vendedores de artesanías y platos típicos–, para maniobrar sobre el viaducto La Polvorilla y prepararse para el regreso. Hay que tener en cuenta que el trayecto asciende desde los 1.200 m de altura en el punto de partida hasta 4.200 m. Por eso, para evitar el apunamiento, antes de partir conviene comprar “coca y bica”; es decir, bolsitas de hojas de coca y bicarbonato.

Tren del Fin del Mundo

A 8 km al oeste del centro de Ushuaia, un soplido de vapor y el agudo chillido de la bocina anuncian el comienzo de la mágica aventura en vagones de lujo desde la estación Fin del Mundo. La locomotora avanza a paso de hombre y acelera cuando corre a la par del río Pipo. Se pega a la roca de la montaña para cruzar el torrente caudaloso y transparente y se detiene en la estación La Macarena. Una guía anuncia una parada de 15 minutos, suficientes para trepar hasta una cascada, apreciar la reconstrucción de un asentamiento yámana, fotografiarse con el fondo blanco del monte Susana y comprar chocolates en un coche-boutique. Un rato después, el tren corre sobre el típico suelo de turbal de la isla y llega a la entrada del Parque Nacional Tierra del Fuego.

Tren de la Selva

Este tren ecológico sale de las cercanías del Centro de Visitantes del Parque Nacional Iguazú y recorre 7 km a 20 km por hora, para depositar a los pasajeros en las pasarelas que llevan hasta la Garganta del Diablo, el salto más impactante de las Cataratas. Construido en Inglaterra, el tren con capacidad para 120 viajeros consta de una locomotora impulsada a gas, que arrastra cuatro vagones techados con asientos de madera. Está totalmente abierto, para que los turistas puedan mantener un contacto directo con la vegetación.

Paraná a Conc. del Uruguay

La gran novedad del año. Este servicio, reinaugurado en junio de 2010, pasa por 24 estaciones, para atravesar el centro de la provincia de Entre Ríos y unir los ríos Paraná y Uruguay en 7 horas y media. Se trata de un moderno modelo 0 km, construido en Córdoba, que -entre otras comodidades- está dotado de aire acondicionado. Por ahora, sólo tiene una frecuencia semanal: los viernes desde Paraná y los domingos con partida en Concepción del Uruguay. Este emprendimiento está acompañado por el reacondicionamiento de un antiguo vagón postal, adaptado como vagón cultural itinerante, con salas para proyecciones y reuniones, exposiciones de artesanías y fotografías, investigaciones, libros y espacio ambiental.

Tren de las Sierras

Originalmente, el recuperado Tren de las Sierras unía la ciudad de Córdoba con Cruz del Eje. Había sido inaugurado en 1892 para el transporte de carga y pasajeros y dejó de funcionar en 1977. El tramo rehabilitado treinta años después permite llegar hasta los sugerentes paisajes de las Sierras Chicas y la parte más austral del Valle de Punilla: el trayecto de 52 km se completa en dos horas y cuarto hasta la orilla norte del lago San Roque y la estación Cosquín. El proyecto definitivo -a realizarse en dos etapas- contempla la extensión hasta Cruz del Eje, con paradas intermedias en Valle Hermoso, La Falda, Huerta Grande, La Cumbre y Capilla del Monte, entre otros pueblos serranos.

Tren de la Costa

Propone un medio confortable y silencioso para recorrer la costa norte del Gran Buenos Aires y llegar a Tigre y el Delta. Una opción para compartir enfamilia es dejar el auto en Mitre (la primera estación, junto a la avenida Maipú, en Olivos), abordar el tren y disfrutar de las atracciones del Parque de la Costa, en Tigre. Allí, en la última estación, acaba de ser inaugurado el Mercado de Productores Sabe la Tierra, con puestos de venta de productos orgánicos y piezas recicladas, bar y actividades ecológicas para los chicos. Abre los sábados de 10 a 18. También hay que tener en cuenta la feria de antigüedades instalada sobre el andén de la estación Las Barrancas y la reserva natural Ribera Norte, a tres cuadras de allí.

De V. Elisa al Palacio San José

La locomotora a vapor y sus dos vagones de madera del histórico Ferrocarril Central Entrerriano volverá a correr a fines del verano. Une Villa Elisa con la estación Caseros en seis horas ida y vuelta. Antes de llegar a la última estación, el tren se detiene en el cruce de las vías con una ruta de tierra, donde espera un micro, que lleva a los pasajeros hasta la entrada al Palacio San José, que perteneciera a Justo José de Urquiza. Allí se realiza una visita guiada y después los visitantes son transportados hasta el tren, para iniciar el regreso. El viaje entre campos cultivados y criaderos de pollos, es matizado por el relato de la historia del ramal, a cargo de un guía. En Villa Elisa se realiza además, un paseo en zorra para 14 personas, que diariamente de 9 a 12.30 y de 15 a 18.30 recorre 3 km en media hora ida y vuelta. Cuesta $ 5 y los chicos de 4 a 12 años pagan $ 3.

Tren Patagónico

Una aventura de 16 horas por la estepa patagónica, desde Viedma hasta la Cordillera. El servicio cubre parte del histórico ramal turístico que vinculaba Buenos Aires con Bariloche desde 1934. El primer antecedente había sido un ramal de trocha ancha, que desde 1908 partía de San Antonio Oeste (cerca de Las Grutas) y llegaba hasta la costa del lago Nahuel Huapi. En 1924 fue extendido el tramo Constitución-Carmen de Patagones. Entre las principales ventajas del tren actual, hay que consignar la posibilidad de llevar el auto, un vagón-comedor (ofrece un Menú Turístico), el camarote y la diversidad de tarifas: Económica, Primera Clase y Pullman.

Tren Histórico a Vapor

Vuelve a correr a partir de enero, conducido por una locomotora fabricada en Escocia en 1912. Se toma en la estación de trenes de Bariloche y completa un trayecto de 40 km hasta la estación Perito Moreno, donde se realiza una caminata de 300 metros hasta la orilla de una laguna, se observan aves y los guías brindan información sobre la flora y la fauna de la zona. El viaje empieza a disfrutarse con espectaculares imágenes del lago Nahuel Huapi y los picos nevados de la Cordillera, como los cerros Catedral, Tronador y Capilla. Media hora después de la partida, el paisaje empieza a ser dominado por el neneo, el coirón amargo y el abrojo (típicas especies de la estepa), con aislados bosques de cipreses. Se hace una parada junto al río Ñirihuau, que, encajonado en la roca y atravesado por un puente, se presta para tomar fotografías.

Tren de Basavilbaso

El ramal que vincula en dos horas Basavilbaso con Villaguay –en el centro de Entre Ríos– acaba de ser extendido hacia la costa del río Uruguay y ahora llega a Concordia. El paseo puede complementarse perfectamente con una visita al Circuito Histórico de las Colonias Judías, cuya base –establecida a fines del siglo XIX– es Basavilbaso. En este pueblo eminentemente ferroviario y sus alrededores se mantienen en pie tres sinagogas, una cooperativa agrícola, el Cementerio Israelita y varias casas históricas. La impronta de los pioneros judíos que se afincaron en las zonas rurales de Entre Ríos también se puede descubrir en Villaguay y en pequeños pueblos rurales, como San Gregorio, Villa Domínguez, Carmel, Ingeniero Sajaroff y Villa Clara.

La Trochita

Si bien el recorrido completo original desde Ingeniero Jacobacci (Río Negro) hasta Esquel, en Chubut, dejó de funcionar, después del cierre de centenares de ramales a principios de la década del 90 consiguió recuperar dos tramos para pasajeros en territorio chubutense: uno de ellos parte de Esquel y llega hasta Nahuelpan, una comunidad mapuche cuyos pobladores ofrecen sus artesanías alrededor de la estación. A su vez, el servicio que sale de El Maitén –a reiniciarse en enero– propone un viaje de tres horas ida y vuelta hasta Desvío Thomae, combinado con una visita al museo y los talleres ferroviarios y a un galpón donde se reúnen artesanos locales. Inaugurada en 1945, La Trochita o Viejo Expreso Patagónico es una reliquia compuesta por locomotoras a vapor belgas y alemanas y vagones de madera construidos en 1922.

Ferrocarril Piedra Baya

Construido y atendido por sus dueños, recorre 1.100 m de un campo privado, sobre el faldeo de la sierra Comechingones, a 10 km de Merlo y a 6 km de Carpintería, en San Luis. El paseo de tres horas ida y vuelta termina con una merienda de repostería alemana en la casa de los anfitriones. El tren consta de una réplica de locomotora a vapor y dos vagones, que transitan una trocha de 26 cm, por un monte virgen de molles, talas, espinillos, cocos y chañares. Los guías cuentan la historia del tren e ilustran sobre la flora y fauna local. En Monte Bajo –la estación final–, se puede disfrutar de una espectacular panorámica de la sierra y el valle.

Cuanto cuesta

Tren a las Nubes. Ida y vuelta, con desayuno y merienda, US$ 120; en Semana Santa y vacaciones de invierno, US$ 140.
Tren de la Costa. $ 7 ida; turistas del exterior, $ 12; ab. mensual, $ 90.
Paraná a C. del Uruguay. $ 24 ida.
Tren Patagónico de Viedma a Bariloche. Ida, $ 57 clase Económica, $ 75,50 Primera, $ 117,50 Pullman, $ 229 cama, $ 381 bandeja para auto y $ 515 bandeja para 4x4; desayuno, $ 10; cena, $ 35; menú turístico, $ 25.
Tren de Basavilbaso a Concordia. Ida, $ 4; hasta Villaguay, $ 1.
La Trochita. Ida y vuelta de Esquel a Nahuelpán o de El Maitén a Desvío Thomae, $ 80; turistas del exterior, $ 150; jubilados y estudiantes, $ 50; 6 a 12 años, $ 35; hasta 5 años, gratis.
Tren del Fin del Mundo. Ida y vuelta, $ 130 clase Turista, $ 200 Primera y $ 300 Especial; jubilados, $ 80; 5 a 14 años, $ 30; hasta 5 años, gratis.
Tren de las Sierras de Córdoba. Ida de Córdoba capital a Cosquín, $ 6,50.
Tren de la Selva. $ 25 (incluye entrada al Parque Nacional Iguazú y cruce en bote a la isla San Martín); de 6 a 12 años y jubilados, $ 10; turistas del Mercosur, $ 45 y $ 25; extracontinentales, $ 85 y $ 45.
Ferrocarril Piedra Baya. $ 90 (ex- cursión y merienda); 3 y 4 años, $ 75.

Salidas

Tren a las Nubes. Jueves y sábados a las 7.05 desde Salta capital.
Tren de la Costa. Servicio diario. Los fines de semana y feriados, el primer servicio parte de la estación Mitre (en Olivos) a las 8.30 y el último desde Delta a las 21.30; entre semana, 7.20 y 20.30.
Tren de Paraná a Concepción del Uruguay. Desde Paraná, viernes a las 13; desde Concepción del Uruguay, domingos a las 13.
Tren Patagónico Viedma-Bariloche. Desde Viedma, viernes a las 18; desde Bariloche, domingos a las 17.
Tren de Basavilbaso a Concordia. Desde Basavilbaso, lunes y viernes a las 7; de Concordia, lu. y vie. 13.30.
La Trochita. Desde Esquel, martes y sábados a las 10; en enero, lunes a sábados a las 10 y a las 14; desde El Maitén, mar. a sáb. a las 15, en enero.
Tren del Fin del Mundo. Todos los días a las 9.30, a las 12 y a las 15 (regresa 10.40 y 16.10); del 1°/5 al 31/8, diariamente a las 10 y a las 15, con regreso a las 11.15.
Tren de las Sierras de Córdoba. Desde Córdoba capital, todos los días a las 8.30 y a las 11; fines de semana y feriados, también a las 12; desde Cosquín, diariamente a las 8 y a las 15.30; fines de semana y feriados, agrega a las 16.30.
Tren de la Selva. Todos los días, cada 30’, desde las 8 hasta las 18.
Ferrocarril Piedra Baya. Todos los días a las 16.

Fuente: Clarín Turismo

Santa Cruz. Solos en la inmensidad, en las estancias patagónicas

Viaje a fondo por la provincia de Santa Cruz, durmiendo en antiguas estancias de la estepa infinita y entre tupidos bosques andinos a lo largo de la Ruta 40. Un itinerario por Los Antiguos, Lago Posadas, El Chaltén y El Calafate, visitando la Cueva de las Manos y el Parque Nacional Perito Moreno para disfrutar el placer de dormir, literalmente, en medio de la nada.

Dormir en una estancia patagónica, en plena estepa, es algo así como el ideal de aislamiento para el viajero en busca de tranquilidad absoluta, con muy poca gente en cientos de kilómetros a la redonda. Esos inmensos campos ovejeros a lo largo y en las adyacencias de la Ruta 40 suelen tener cascos de estilo inglés que brindan alojamiento a quienes recorren el vasto territorio de la provincia de Santa Cruz, tan grande como Gran Bretaña.

El viaje por las estancias santacruceñas tiene aires de travesía y requiere un mínimo de diez días. De una a otra, se visitan también en el itinerario la Cueva de las Manos y los famosos glaciares, además de secretos naturales como los extraños paisajes del Camino del Monte Zeballos, rarezas geológicas como el Arco del Lago Posadas y el Parque Nacional Perito Moreno, que no es el mismo de los glaciares.

Comienzo del viaje

Quien planifique este viaje por Santa Cruz con auto propio puede iniciar el periplo por el norte de la provincia, bajando desde Bariloche y Esquel por la Ruta 40 hacia la localidad de Perito Moreno y siempre bordeando la Cordillera de los Andes. La otra alternativa es volar hasta El Calafate y alquilar allí un auto para devolverlo luego en Bariloche. El sector de la Ruta 40 que se propone recorrer en esta nota está pavimentado en un 50 por ciento, y la entrada a las estancias es de ripio. Aunque en general se encuentra en buen estado, los días de lluvia este detalle puede complicar el tránsito con un auto común. Un vehículo 4x4, o al menos elevado, es lo más recomendable.

Si se ingresa desde el norte por la Ruta 40 hacia Perito Moreno, se puede seguir viaje 60 kilómetros más hasta la estancia Cueva de las Manos, desde donde se visita el famoso sitio arqueológico. Quienes dispongan de un vehículo 4x4 pueden dar una vuelta más larga, yendo primero a Los Antiguos. Allí es posible hacer noche en algún hotel o seguir viaje hacia el sur por el deslumbrante Camino del Monte Zeballos, una ruta de ripio que ofrece algunos de los paisajes más espectaculares de toda la Patagonia.

Conviene recorrer sin apuro el Camino del Monte Zeballos (RP 41) para tomarse el tiempo de una parada en el sitio, donde hay unas extrañas geoformas llamadas “diques basálticos”, que se ven desde la ruta como cuchillas de piedra trepando las laderas. El destino final es el pueblo de Hipólito Yrigoyen, a 170 kilómetros de Los Antiguos, donde se puede dormir en la antigua posada del Lago Posadas o seguir 38 kilómetros más hasta la estancia Suyai.

El atractivo principal de Hipólito Yrigoyen son sus lagos, el Posadas –con su curioso arco natural– y el Pueyrredón, separados por un estrecho istmo por donde pasa un camino que lleva hasta la estancia Suyai. El origen de la estancia, a orillas del Pueyrredón, se remonta a la década del ’20: pertenecía por entonces a la firma Casa Folch, dueña de un barco que traía lana desde Chile navegando por el lago argentino-chileno. La estancia, sobre unas 2500 hectáreas, tenía una pulpería y un almacén de ramos generales, cuyo largo mostrador de madera y estanterías hasta el techo se han conservado hasta hoy.

La estancia Suyai cuenta con dos cabañas y tres dormitorios más con baño privado. Además hay un camping con baños, agua caliente y luz eléctrica, y un refugio para ocho personas. Los viajeros suelen quedarse hasta una semana y se dedican a pescar, salir en cuatriciclo, a caballo o a pie, o simplemente a descansar.
Un alto en el Camino del Monte Zeballos para explorar los vericuetos del paisaje.

Hacia la Cueva de las Manos

Desde Hipólito Yrigoyen, la gira continúa por la RP 39 hasta un poblado muy pequeño llamado Bajo Caracoles, donde se toma la Ruta 40 hacia el norte hasta la estancia Cueva de las Manos. Quienes no hayan hecho el rodeo por Lago Posadas directamente llegarán a cualquiera de las dos estancias por la 40 desde Perito Moreno.

En la estancia Cueva de las Manos se organizan excursiones a dos de los sitios arqueológicos más antiguos del país: la Cueva de las Manos y el Alero Charcamata. Para llegar a la famosa cueva, se hace un trekking de exigencia media –justificado por la imponencia del paisaje– que atraviesa el cañadón del río Pinturas. También se puede llegar en vehículo, por el camino habitual.

La siguiente parada, siempre en el norte santacruceño, es en el poco visitado Parque Nacional Perito Moreno, que no debe ser confundido con el Parque Nacional Los Glaciares, donde se encuentra el glaciar Perito Moreno. A pesar de su imponencia no es tan conocido, y la única explicación posible es su lejanía y aislamiento.

En el parque, la naturaleza patagónica sorprende no sólo por su belleza sino también porque presenta un perfil diferente a cualquier otro, con paisajes montañosos sin bosques en plena Cordillera de los Andes. Desde la zona de Cueva de las Manos se llega desandando el mismo camino por la Ruta 40 hacia el sur –previo paso por Bajo Caracoles– para tomar la RP 37 hacia el oeste (no está pavimentada).

Dentro mismo del Parque Nacional Perito Moreno se levanta la estancia La Oriental, donde los huéspedes suelen quedarse dos noches. Hay quienes visitan el sitio en dos días, sumando alguna cabalgata o caminata dentro de la estancia. La estadía también permite conocer actividades propias del quehacer rural como el amanse de potros, la esquila de las ovejas o el carneo de una vaca. Todos los viajeros llegan con auto, ya que no hay prestadores que ofrezcan excursiones al parque.

La estancia La Oriental tiene un perfil rústico. Sus dueños originales fueron unos uruguayos que se instalaron en la zona entre 1915 y 1918; sin duda, el nombre permite adivinarlo... La estancia tiene 21 mil hectáreas, de las cuales seis mil están dentro del parque: dado que es un área protegida la estancia no puede criar ganado; sólo debe ofrecer servicios para el turismo.

En el trayecto hacia La Oriental suelen verse manadas de ñandúes corriendo despavoridos, tropillas de decenas de guanacos y hasta algunas escurridizas mulitas. Uno de los paseos más deslumbrantes es a Piedra Clavada, en camioneta 4x4 y con guía de la estancia. La estancia también tiene un camping con luz eléctrica, cocina, baño y duchas.
El exótico arco del Lago Posadas brota del agua en medio de la nada.

Rumbo al centro

Para el siguiente tramo hay dos estancias que sirven como opción: La Angostura y Río Capitán. Para llegar hasta ellas hay que desviarse de la Ruta 40 por la Provincial 35. En el caso de La Angostura recibe a los viajeros el dueño de casa, Antonio Kusanovic, patagónico de cuarta generación, que ameniza las sobremesas guitarra en mano y, entre zambas, milongas pampeanas y chacareras, declara su respeto por los huelguistas de la Patagonia Rebelde. El anfitrión cuenta a sus huéspedes historias familiares, como la de su bisabuelo austro-húngaro que se coló como polizón en un barco europeo rumbo a América y terminó aceptado como grumete. Llegó a Buenos Aires en 1870 y mientras deambulaba por el puerto conoció al comandante Luis Piedrabuena, uno de los exploradores de la Patagonia. Motivado por Piedrabuena, se embarcó otra vez rumbo a la costa de Santa Cruz y se quedó a vivir en el sur. Allí se casó con una mujer de sangre tehuelche, bisabuela de don Kusanovic, quien en la década del ’90 debió cerrar su estancia por la crisis de la producción de lana y se dedicó a su otra profesión: maestro.

La Angostura es una casa de campo de seis habitaciones –con precios más accesibles e incluso un camping– donde se saborean suculentos corderitos a la parrilla y se organizan cabalgatas y caminatas por la estepa. Una singularidad de esta estancia de 17.000 hectáreas, que reabrió para el turismo hace unos años y ahora cría ovejas otra vez, es una laguna con centenares de pájaros que atraen a expertos observadores de aves de varios continentes. Sobre todo para encontrar el macá tobiano, un ave zambullidora blanquinegra endémica de la Patagonia.

En el centro-oeste de la provincia –a 55 kilómetros de la Ruta 40–, está la estancia Río Capitán, cuyo particular encanto justifica una estadía de más de un día. El establecimiento ovejero ocupa unas 28.000 hectáreas y su casco mantiene el sobrio estilo inglés de las estancias patagónicas de fines del siglo XIX, con techos de chapa roja, paredes blancas y ventanas verdes.

Las habitaciones de la estancia son particularmente confortables y bien calefaccionadas, y hay un living de grandes ventanales con vista a la estepa. También se organizan salidas de pesca a la laguna del Toro, donde de manera asombrosa las truchas pican una tras otra. Y, por supuesto, se hacen cabalgatas y caminatas, durante las cuales se cruzan a cada rato aves autóctonas y algunos de los 500 guanacos que habitan en las tierras de Río Capitán.

Uno de los aspectos que más entretiene a los visitantes es la charla con los anfitriones, quienes explican con sumo gusto las complejidades de la vida en medio de la nada. Y las curiosidades, como la existencia de los mercachifles, mercaderes ambulantes que recorren la provincia de estancia en estancia en una camioneta cargada con toda clase de mercancías. A veces recurren todavía al sistema del trueque, recibiendo a cambio de los productos pieles de puma y de zorro o plumas de ñandú. Los mercachifles salen de gira tres o cuatro veces al año –nunca en invierno– así que los viajeros que anden de travesía por la Patagonia, si tienen suerte, se cruzarán con alguno de estos personajes en vías de extinción.

Para visitar El Chaltén

A mitad de camino entre El Chaltén y El Calafate –sobre la Ruta 40– está el histórico Parador y Hotel de Campo La Leona, donde se puede pasar la noche o simplemente hacer un alto en el camino para comer o tomar un café. El parador fue levantado con ladrillos de adobe en 1894 por una familia de inmigrantes daneses y funcionaba como pulpería y almacén de ramos generales, el único negocio en su tipo en muchos kilómetros a la redonda, aún hoy. Allí iban a beber los peones de las estancias de la zona, quienes no pocas veces terminaban a los cuchillazos.

El parador está junto al río La Leona y a metros del lago Viedma, justo en el mismo lugar en que al Perito Moreno lo dejó malherido una “leona” -–una hembra de puma– en 1877. Entre los huéspedes famosos del parador estuvieron Kid Sundance, Butch Cassidy y Etta Place, y el padre D’Agostini, un cura aventurero que a comienzos del siglo XX exploraba y escalaba montañas desconocidas. El episodio más funesto del parador fue en tiempos de la Patagonia Trágica, cuando numerosos peones fueron apresados en La Leona y luego fusilados junto al río.

El tramo final de este cruce norte-sur por la provincia de Santa Cruz es El Calafate. Y Eolo Patagonia’s Spirit es un lodge de campo que se puede utilizar como base para visitar el glaciar Perito Moreno. Ubicado en una gran planicie alargada cuyos límites laterales son dos cadenas de montañas paralelas, Eolo es la opción más lujosa de las estancias de Santa Cruz. Con pileta climatizada y wi-fi, no tiene televisión para no romper el silencioso sortilegio y porque en cada cuarto hay varias “pantallas planas” transparentes ocupando más de media pared, detrás de las cuales no se ve otro programa que el paisaje infinito de la Patagonia, como al alcance de la mano. Difícilmente entonces alguien quiera cambiar de canal.

Fuente: Página 12 Turismo