Araucarias en la Cordillera

Un viaje al pueblo de Villa Pehuenia, en el norte neuquino, al pie del volcán Batea Mahuida y a orillas del lago Aluminé. A salvo del turismo masivo, crónica veraniega en medio de un romántico paisaje con playas de arena blanca, la silueta del volcán Batea Mahuida e increíbles valles que se recorren a caballo y en 4x4.

Villa Pehuenia es una idílica aldea cordillerana del norte neuquino, con calles de tierra y casas desperdigadas semiocultas entre la vegetación alrededor del lago Aluminé. Sus barrios se levantan en lo que serían las gradas de un gran anfiteatro de montañas, en torno del lago, que ocupa el lugar ideal de un escenario central. Con más de dos décadas de existencia, Villa Pehuenia se consolidó como villa turística cuando los pescadores con mosca –esos buscadores de sitios silenciosos con belleza virginal– comenzaron a levantar casas de fin de semana alrededor del lago.

Un aspecto que subrayan los viajeros en Villa Pehuenia es que el lugar tiene lo necesario para una estadía confortable y, al mismo tiempo mantiene su encanto original, ya que la falta de caminos de asfalto resguarda al pueblo del turismo masivo y el crecimiento desproporcionado. Al recorrer las calles en plena temporada estival da la sensación de que Villa Pehuenia igual está vacía, algo que no ocurre en otros destinos más clásicos de la Patagonia andina. Por otra parte, el paisaje con islitas en medio del lago y pronunciadas laderas volcánicas está matizado por estilizadas araucarias que le otorgan una vida muy particular a este ambiente patagónico, donde conviven todavía los rasgos áridos de la estepa con los primeros bosques andinos.

La cumbre del volcán

La excursión más deslumbrante que parte desde Villa Pehuenia es la que llega a la cumbre del volcán Batea Mahuida, un paseo que se puede hacer en una cabalgata organizada por miembros de la comunidad mapuche Puel; con auto propio –no necesariamente doble tracción– o también contratando una excursión en 4x4. En nuestro caso partimos en camioneta todo terreno desde el centro del pueblo para ingresar a los 10 minutos a las tierras de la comunidad Puel (se paga una entrada de $10), que gestiona allí el parque de nieve Batea Mahuida.

Arrancamos temprano en la mañana con buena estrella para las fotos: la noche anterior había nevado a destiempo, como a veces ocurre ya entrado el verano, y las cimas montañosas estaban cubiertas de blanco. Unos manchones de nieve purísima nos aparecían al paso y la bruma del amanecer flotando al ras de tierra le imprimía al paisaje un aura misteriosa.

La camioneta avanzaba por la ladera con una inclinación de 45 grados, mientras la niebla tapaba medio tronco de las araucarias. Y cuando ganamos cierta altura vimos detrás de nosotros un panorama similar al que ofrece la ventanilla de un avión cuando las nubes están debajo, con la diferencia de que aquí sobresalían entre los colchones de algodón las copas aparasoladas de las araucarias.

La bruma comenzó a elevarse con los primeros rayos de sol y de repente asomó con nitidez el pico blanco radiante del volcán Lanín sacándoles varias cabezas a sus compañeros de la cordillera. Por momentos las nubes volvían a cubrirlo y el viento se ocupaba de correr y descorrer el velo de belleza montañosa.

Mientras el vehículo pasaba junto a unos bosques centenarios de araucarias, el guía y chofer Antonio Catalán nos contó que algunos turistas suelen preguntarle: “¿Y los indios dónde están?”. A lo que él responde que tienen uno justamente frente a ellos, al volante de la camioneta. Y agrega que en su comunidad mapuche se elige al cacique por votación, un jefe que también se convierte en el gerente del centro invernal Batea Mahuida.

En apenas diez minutos llegamos a la cima del volcán para observar una muestra del paisaje andino patagónico en su máxima expresión. Desde lo alto vemos los lagos Aluminé y Moquehue, conectados por un breve río, y los volcanes Lanín, Villarrica, Llaima, Sierra Nevada, Lonquimay, Tolhuaca y Copahue. Y al final de un precipicio que se abre a nuestros pies brilla la laguna color esmeralda de la caldera del volcán. El guía no aclara que el Batea Mahuida no tiene cráter porque explotó desde su base misma, hace 7000 años, perdiendo así su forma cónica.

Paso del arco

La excursión en 4x4 al Batea Mahuida es intensa y variada, pero corta; por eso se la puede combinar con un paseo al Paso del Arco. En el camino pasamos por terrenos donde los veranadores llevan a pastar sus chivos y ovejas. Los veranadores son toda una tradición del norte de Neuquén: grupos familiares trashumantes que en verano se instalan en las montañas de Villa Pehuenia –”las tierras altas”– y con la primera nevada parten hacia “las tierras bajas”. En total hay unos 40 grupos trashumantes, la mayoría de la zona de Zapala –aunque algunos vienen desde más lejos– que viajan hasta Villa Pehuenia a caballo con 200 o 300 animales, ayudados por perros ovejeros. Tardan tres o cuatro días y luego se instalan en unos precarios refugios de troncos, viviendo prácticamente a la intemperie. Durante nuestro paseo vimos cada tanto un arreo en la lejanía.

La camioneta se interna por terrenos complicados y el guía la exige al máximo cruzando pequeños arroyos. A veces, cuando la cosa se complica, se baja del vehículo, estudia el terreno y decide seguir adelante o dar marcha atrás. Y nos cuenta que es preferible no confiarse, porque ya le pasó una vez que andaba por esta zona aprendiendo a conducir en la montaña cuando se cruzó con su abuelo a caballo, quien con sabiduría de viejo mapuche le dijo: “No te metas por ahí que te vas a quedar en el vado”. Confiado en la fuerza de los motores, Antonio le contestó que no se preocupara, “que yo tengo 400 caballos de fuerza en esta camioneta”. Pero dicho y hecho, el vehículo se empantanó. Al rato apareció el abuelo y sin desmontar le preguntó desde la altura: “¿Dándoles de beber a los caballos?”.

La camioneta sube las montañas a campo traviesa con rumbo norte hasta la Laguna Corazón, un extraño lugar al pie del volcán con aguas rodeadas por un círculo casi perfecto de esbeltas araucarias. Por ser poco profundas las aguas son cálidas, y nos damos entonces un baño refrescante.

Más adelante atravesamos pampitas de altura hasta un paraje donde nace un arroyo. El sitio es muy extraño –generalmente no se ve dónde nacen los ríos– ya que el agua brota de una pequeña pared de pedregullo filtrándose desde el corazón de la montaña. Todos nos agachamos a juntar agua entre las manos para beber un líquido de pureza elemental. La siguiente parada es en un hito de acero en medio de la nada, en lo alto de un cerro, que marca el límite entre la Argentina y Chile.

Bahia de los sueños

La principal novedad de este verano en Villa Pehuenia es el centro de descanso y turismo activo llamado Bahía de los Sueños, ubicado frente al pueblo en la margen opuesta del lago. La propuesta es variada, ya que por un lado se puede llegar en vehículo propio (son 26 kilómetros), en una combi gratuita o navegando en una lancha colectiva que cruza todos los días el lago Aluminé. Una vez allí se abre un abanico de alternativas, que tanto permiten alojarse en el lugar como simplemente pasar el día. Lo más interesante de Bahía de los Sueños son sus bosques puros de araucarias, que se recorren con un trekking guiado, a caballo, en mountain bike o en cuatriciclo. El punto más alejado de estos circuitos incluye siempre alguna elevación para observar el lago completo rodeado de volcanes. Y en el trayecto se visita también una araucaria gigante de 600 años.

Campamento de aventura

Junto al lago Moquehue, a 23 kilómetros de Villa Pehuenia y dentro de la Reserva Natural Pulmarí, se encuentra el camping de montaña Trenel, un centro de turismo aventura donde se hacen salidas en kayak, saltos en canopy y trekking por el bosque. Se lo puede visitar en el día desde Villa Pehuenia, alojándose en la vecina localidad de Moquehue o incluso durmiendo en el camping. Pero una visita en el día permite realizar las principales excursiones.

El canopy, una actividad cada vez más difundida en la región cordillerana, consiste en lanzarse colgado de un arnés con el sistema de tirolesa entre un árbol y otro. El de Trenel tiene cinco estaciones que unen la copa de altos pehuenes y coihues sobre la ladera de una montaña que cae a pique en el lago. Después del canopy, que dura dos horas, se puede almorzar en el restaurante del camping, disfrutar de una siesta a la sombra de los árboles y finalmente emprender un trekking por el bosque. Pero la excursión más placentera es sin duda la salida en kayak por el lago.

Junto al lugar donde comienza la excursión en kayak surge una islita rocosa con una araucaria solitaria que parece el clásico dibujo de las historietas de náufragos. El kayak es del tipo sit on top, en el que el cuerpo queda fuera y por sobre la embarcación, ideal para principiantes. Muy estable, flota con apenas cinco centímetros de agua. Al avanzar sobre la transparente superficie la sensación es la de volar sobre una silenciosa alfombra mágica que proyecta su sombra en el fondo del lago.

Por momentos, vemos a las truchas pasar como rayos plateados bajo la embarcación. Cuando nos cansamos de remar nos recostamos en el kayak como si fuera una reposera, para dormir una siesta a la deriva. Entonces volvemos a remar, explorando los recovecos del gran espejo de agua que refleja invertidos los picos nevados de las montañas. Por último, en una playita de arena nos damos un chapuzón y así se nos va la tarde, entre mates y avistaje de fauna autóctona, la feliz habitante permanente de este mágico paisaje de agua y montaña.

Fuente: Página 12 Turismo

Delicias de mar

Puerto Pirámides es conocida mundialmente por los avistajes embarcados de ballenas, es el sitio ideal para disfrutar de los cetáceos a escasos metros en medio de su hábitat. Pero además de su fauna y de sus paisajes deslumbrantes, en verano la gastronomía es otro de los motivos que llama a los viajeros. Sin dudas son los mariscos el plato fuerte de los menúes locales.

Desde la aldea de mar se pueden visitar las playas ubicadas sobre el golfo donde buzos marisqueros se dedican a la extracción de vieyras, almejas, mejillones y pulpos en forma artesanal. Más tarde, recién extraídos del fondo del mar, se sirven en los restaurantes de la localidad. Una de las novedades de la temporada es el restaurante de cocina mediterránea contemporánea Las Restingas, a cargo del sommelier Gustavo Marina y su equipo de chefs.

Algunos de los sublimes platos que se pueden disfrutar son Langostinos grillados al Torrontés y limón, Ceviche de vieyras, Mejillones de playa a la marinera, Lingüini con frutos del mar, Bisquet de langostinos, Penne Rigatti con salteado de hongos de pino, todos con la posibilidad de ser acompañados por hortalizas frescas de la Colonia Galesa de Gaimman.

Quizá las opciones más atractivas que se destacan de la amplia carta que posee este joven restaurante de Puerto Pirámides, son Vieyras gratinadas en croute de hierbas, Pintxo agridulce de pollo con naranjas y panceta, Lenguado con papas crocantes y fricassé de vegetales con salsa de oliva balsámico, además de la tradicional Cazuela de mariscos y de los atractivos vegetales, entre los que se dan cita alcaparras, tomates confitados, rúcula salvaje, focaccia y panes saborizados característicos de la región patagónica.

Dentro de las amplias opciones, también se encuentran exquisitos postres que van desde el clásico Brownie de chocolate y la Crema de flan con ganache, hasta las deliciosas Tartaletas de frutos rojos del bosque con sorbet de fresas.

Además otros locales ofrecen una variada propuesta de platos típicos y la franja de precios abarca a todos los bolsillos. También quienes alquilan casas o cabañas tienen la posibilidad de cocinar sus propias delicias, los poblados de pescadores ofrecen excelentes precios y los productos más frescos del mercado.

Tarifas de Puerto Pirámides

Alojamiento. Hay variedad de opciones, el promedio de tarifas de los hoteles va entre $ 200 y U$S 190 por día la habitación doble; entre $ 250 y $ 400 en el caso de las cabañas para cuatro personas.

Gastronomía. Mariscos desde $ 35.

Tarifas de ingreso: Puerto Pirámides se encuentra dentro del Área Natural Protegida Península Valdés, por lo que se debe abonar una tasa de acceso $ 20 mayores y $10 menores. argentinos.

Más información

Teléfono: (02965) 495048
Web: www.puertopiramides.gov.ar

Fuente: Los Andes Turismo

Un vergel al amparo de los Andes

Apabullante geografía, un circuito gastronómico basado en los frutos rojos, visita a chacras, un emocionante “trekking” hacia la Cueva de las Manos y recorridos por senderos poco explorados son la principal oferta de este centro turístico patagónico.

Al noroeste de la provincia de Santa Cruz, la localidad de Los Antiguos se presenta como un vergel de álamos, cerezos y ríos cristalinos al amparo de la cordillera de los Andes.

El paisaje estival puede apreciarse desde los cuatro miradores ubicados dentro de la ciudad y en sus alrededores. Desde esos puntos panorámicos, a los que se puede arribar en automóvil, a pie o en bicicleta, se contempla el lago Buenos Aires, el trazado urbano, la zona de producción chacarera, los ríos Jeinimeni y Los Antiguos, el cerro Castillo y la cercana localidad de Chile Chico, en el país trasandino.

La temporada de verano es un excelente momento para explorar la pureza de estas tierras patagónicas. Además de los tradicionales circuitos turísticos, quien visite Los Antiguos podrá realizar paseos en mountain bikes, salidas de kayak por el lago Buenos Aires, escalada en palestra, pesca deportiva y trekking, de diversa dificultad.

La costanera del lago es una de las opciones para quienes se inclinen por las caminatas. En tanto, quienes busquen más acción y cuenten con mayor entrenamiento físico podrán llegar, mediante un trekking de poco más de una hora, a los paredones de la Cueva de las Manos.

Si se parte desde la ciudad, habrá que recorrer 130 kilómetros asfaltados por la ruta 40 y luego un desvío de siete kilómetros que conduce a la estancia Cueva de las Manos (ex estancia Los Toldos).

Resulta necesario ir con la compañía de un guía de turismo, ya que desde allí habrá que desandar en automóvil o a caballo otro trayecto de 18 kilómetros, sin señalización, para llegar al final de un camino, que muestra en contraposición a la afamada caverna, depositaria de milenarias expresiones, el cañadón del río Pinturas. Es un sitio que deslumbra por sus vibrantes tonalidades rojizas, ocres, marrones y verdes.

El inicio del trekking obliga a realizar un abrupto descenso hasta alcanzar el terreno llano, donde se puede descansar bajo la sombra de los árboles que ladean al río. Después, habrá que atravesar una zona de mallines y comenzar a ascender por una cuesta pronunciada. El aire puro permite recargar oxígeno para afrontar el último tramo del paseo, que culmina en el área de acceso al reservorio arqueológico.

La Cueva de las Manos refleja la cultura cazadora-predadora que habitaba la región. A través de su arte, los primitivos pobladores manifestaron sus costumbres, creencias, técnicas de caza y su relación con el medio ambiente. Los visitantes podrán admirar dichas expresiones no sólo en la cueva sino también en los aleros y farallones del Alto río Pinturas.

Circuito gastronómico

Por su emplazamiento en un valle fértil regado por los ríos Jeinimeni y Los Antiguos, el destino desarrolló una intensa actividad agropecuaria basada fundamentalmente en la producción de frutas finas. De allí, que se conozca a Los Antiguos como la Capital Nacional de la Cereza, el delicioso fruto rojo que tiene su merecido homenaje cada verano (ver Fiesta Nacional de la Cereza, página 3).

Una decena de establecimientos abiertos al turismo integra el circuito de chacras. En ellos se puede apreciar los trabajos rurales, degustar y adquirir frutas frescas, dulces, licores y conservas artesanales.

El área de producción frutal de Los Antiguos abarca aproximadamente 150 hectáreas, donde además de cerezas de diversas variedades se cultivan frutillas, frambuesas, moras, grosellas, saucos, calafates, corintos y verduras de estación.

Una de las novedades, incorporada recientemente al circuito, es el espacio Frutos Rojos, donde es posible deleitarse con pastelería artesanal, preparaciones especiales de conservas y sabrosos jugos de frutas locales. Un sector de mercado, con productos de huerta, y una cuidada decoración con antigüedades completan la propuesta.

Otras opciones de verano

En cuanto a actividades en contacto con la naturaleza, Los Antiguos depara infinitas posibilidades de pesca en el lago Buenos Aires y los ríos Jeinimeni y Los Antiguos.

En estos ambientes se pueden practicar las modalidades de pesca con mosca y spinning, con el objetivo de obtener truchas marrones y arco iris y salmones del Pacífico o cohos. Dentro de la Secretaría de Turismo local se ofrece asesoramiento gratuito a los pescadores y se adjudican los permisos de pesca.

Quienes prefieran conocer el lago Buenos Aires desde otras perspectivas, pueden incursionar en recorridos en kayaks y deslizadores o ascender en un muro de escalada deportiva de ocho metros dispuesto a la vera del espejo de agua.

En las afueras de Los Antiguos, rumbo al mirador del río Jeinimeni, se encuentra el camino del Monte Zeballos, una travesía de cuatro lagos que culmina en la localidad de Lago Posadas y aporta majestuosos escenarios para conducir por sendas poco exploradas, realizar caminatas y cabalgatas.

Fuente: La Voz Turismo

Las Grutas, La Patagonia cálida

Las Grutas es la playa más concurrida de la Patagonia gracias a sus aguas cálidas y un paisaje excepcional a orillas del Golfo San Matías. Guía para conocer un balneario distante pero único, donde las mareas ponen el ritmo de cada día y los alrededores invitan a las expediciones de aventura, la exploración arqueológica y los deportes de playa.

La costanera blanca que se extiende a lo largo de los balnearios céntricos de Las Grutas, a orillas del azulísimo Golfo San Matías, pone en la costa rionegrina un inconfundible aire mediterráneo. El resto lo hace el mar, gran protagonista del verano, que aquí es el gran convocante de la temporada. Lo demás es una postal que ya dejó de ser un secreto para hacerse bien conocida: cientos de sombrillas, de todos los colores, que dibujan un patchwork multicolor sobre la arena.

Curiosamente, la postal es bien movediza, ya que el marcado ritmo de las mareas –que “arrincona” a los bañistas contra las grutas cavadas en la roca del balneario por la erosión marina– obliga de tanto en tanto a desplazarse hacia atrás para permitir el avance del agua. Es casi como si fueran dos playas, con un desnivel, que se aprovechan a fondo cuando la marea baja y la gran plataforma rocosa habitualmente bañada por el mar queda al descubierto. Ahí está además el secreto de uno de los dones de Las Grutas: la temperatura del agua, que a pesar de las latitudes donde se levanta el pueblo es igual y hasta un poco más cálida que en la provincia de Buenos Aires, gracias a la influencia de corrientes marinas. No sólo eso: cuando la marea sube sobre la plataforma rocosa, llega casi caliente y así se mantiene hasta que cubre prácticamente hasta las rodillas. Un buen regalo de la naturaleza que hizo de este balneario rionegrino uno de los más concurridos, sobre todo por veraneantes de la Patagonia y del sur bonaerense, que lo prefieren por su cercanía, ambiente familiar y animación constante durante los meses estivales.

El mar o la pileta

Para llegar a Las Grutas hay que recorrer unos 1150 kilómetros desde Buenos Aires, los últimos por una ruta donde el tránsito disminuye notablemente. Y de pronto allí, después de varias decenas de kilómetros de nada, aparece el prometedor cartel que indica el desvío y lleva hacia las orillas del mar. Quien quiera seguir hacia el sur otros 280 kilómetros llegará a Puerto Madryn, ya en la provincia de Chubut: pero son muchos quienes privilegian la playa, se quedan en Las Grutas y emprenden la visita a la vecina chubutense sólo por el día. También se puede, a mitad de camino (unos 150 kilómetros al sur de Las Grutas) visitar otro balneario rionegrino en ascenso: Playas Doradas, en Sierra Grande, que cautiva con su aire agreste y arenas interminables.

Lo cierto es que Las Grutas parece haber resuelto un viejo dilema de los veraneantes sobre las ventajas del mar o la pileta. Y lo hizo de una forma original, excavando piletones en la superficie rocosa que periódicamente el mar cubre y descubre, de modo que al retirarse la marea, estos huecos artificiales quedan llenos de agua de mar (y con ella la sutil vida que la acompaña). Hay piletas de diferentes tamaños y profundidades: las más bajitas son las que logran calidez en el agua; las más profundas son las favoritas de los más grandes para jugar. La única precaución, imprescindible, es caminar con cuidado de una a otra o hacia la rompiente, ya que cuando el mar se va la superficie rocosa queda bien resbaladiza. Nada que un buen calzado antideslizante no pueda solucionar.

Después de las bajadas

Las Grutas propiamente dicha tiene diez bajadas al mar, formando una suerte de arco frente a la parte céntrica de la ciudad. Aquí se concentran los servicios –balnearios, excursiones náuticas, caminatas, pesca deportiva desde la costa– y también la gente. Quien quiera entonces sentir el mayor aislamiento que puede ofrecer una playa patagónica debe dirigirse hacia el sur y recalar primero en Piedras Coloradas, a sólo cinco kilómetros del centro. El nombre se debe a un afloramiento granítico a orillas del mar, que forma masas rocosas de color rojizo ideales para jugar o sentarse a tomar sol en la propia isla desierta. También aquí manda el ritmo de las mareas, de modo que algunas horas del día las “piedras coloradas” quedan cubiertas por el agua. Es un buen momento para retroceder hasta los médanos y probar suerte en las tablas de sandboard, deslizándose con mayor o menor gracia ladera abajo. De todos modos, conviene recordar que el sol pega, y con intensidad: entonces hay que contar con protección, o lanzarse a la aventura más bien hacia el atardecer.

Algo más al sur se encuentra el sitio conocido como El Buque, otra formación rocosa que se ve durante la bajamar. Es el lugar perfecto para los cazadores de mejillones y pulpitos, que quedan atrapados en las grutas y lagunitas que se forman junto a la costa. Y avanzando un poco más, a 13 kilómetros de Las Grutas se llega a El Sótano, cuyos acantilados son los favoritos de muchos pescadores, mientras los chicos y grandes que buscan sentirse como Indiana Jones pueden descubrir las ostras fosilizadas del cercano Cañadón de las Ostras.

Fuente: Página 12 Turismo
El lago Krugger y su entorno merecen la admiración no sólo de los amantes del trekking y la pesca con mosca. El paisaje, bañado de sedimentos glaciarios que otorgan una coloración particular a sus aguas, lleva impresa una singular belleza que a nadie dejará indiferente.

Hay que estar en buen estado físico y dispuesto a madrugar para aventurarse a unas doce horas de trekking. Con la Villa Futalaufquen como punto de partida, la senda, delineada por cipreses y cohiues, es de dificultad media y por tramos alta. El paseo avanza por la margen sur del lago Futalaufquen y del lago Krugger.

En el caso de querer dividir el paseo en dos jornadas, es posible acampar a mitad de camino, en playa Blanca, y retomar la travesía al otro día. En este caso, es importante comunicar a los guardaparques el horario de salida, el plan de caminata y no hacer fuego en ningún lugar de la travesía.Paseos lacustres

Hay alternativas menos exigentes pero igual de atractivas. La agencias de turismo de Esquel comercializan una excursión lacustre de todo el día para descubrir un paisaje espectacular en el corazón del Parque Nacional Los Alerces. La navegación se despide del puerto Limonao y atraviesa el lago Futalaufquen hasta llegar hasta el Estrecho de los Monstruos, donde se encuentra con el lago Krugger, travesía que se extiende por una hora y media.

Una vez allí, la embarcación se dirige hacia la boca del río Frey, donde se produce el desembarco para acompañar su recorrido descendiente a través de un trekking de dos horas aproximadamente, de dificultad media-baja. "Cámara fotográfica en mano, los caminantes podrán observar y registrar variedad de ejemplares de fauna y flora de la zona, incluido el pato del torrente, un ave muy difícil de encontrar en otras latitudes", explica Rodrigo Gajardo.

Es muy atractiva también la zona en la que desagua el río Stange, con sus aguas con reminiscencias glaciarias. También se pueden visitar las Palanganas del río Frey, a las cuales se llega luego de una hora y media de caminata, atravesando tupidos laberintos de caña coligue y escenarios con reminiscencias históricas, como la zona del "Naufragio de Frey": en el siglo XIX, Emilio Frey, quien trabajaba para la Comisión nacional de límites, naufragó en los rápidos grado VI. Si bien hubo varias víctimas fatales, el ingeniero sobrevivió para narrar los detalles del incidente. Gracias a él, compañero del perito Francisco P. Moreno, se tuvo conocimiento del río que le debe su nombre.

Pesca con mosca

El lago Krugger tiene como emisario del sistema al río Frey. Este fluye hacia el sur en un valle encajonado al oeste del Cordón Situación hasta alcanzar el lago Amutui Quimei. Este lago nació a partir de la construcción de la presa del embalse para el aprovechamiento hidroeléctrico del Futaleufú en el antiguo valle de los lagos 1, 2, 3 y Situación. Su cota normal es de 485 m IGM. Recibe por su margen norte al río Canelo y a los arroyos Pirámide y 1º de Enero, que descienden de los cerros Hambre (1952 m) y Bravo (2140 m.) y de la vertiente austral del Cordón de las Pirámides. Por su margen sur, el principal tributario es el río Huemul, que proviene de la serranía Norte.

En sus aguas habitan nutridas poblaciones de todos los salmónidos, incluido el salmón encerrado, uno de los más difíciles de hallar, y la perca y el salmón entre las especies nativas. También son adecuados ambientes para esta actividad deportiva la naciente del río Frey, la desembocadura del río Stange y el Estrecho de los Monstruos.Bajo las estrellas

Una cabaña en medio del bosque, en plena Patagonia, es sin dudas una excelente opción para extender la estadía en un paraíso natural. Allí se encuentra la Hostería Lago Krugger, con once plazas, atención en un ambiente familiar y gastronomía casera para los huéspedes y visitantes. A 400 metros de la Hostería Lago Krugger se encuentra el camping, con quince parcelas habilitadas para pernoctar y un área de fogones al lado de un arroyo de deshielo, ideal para contemplar el fuego y el murmullo de las aguas que bajan desde las cumbres nevadas. El camping cuenta con proveeduría, baños y agua caliente a la puesta del sol.

Dentro de los paseos recomendados, vale la pena visitar el sendero autoguiado de Las Palanganas, que cubre cuatro kilómetros y es de baja dificultad. "Son tres horas de caminata en la que los visitantes arriban a una zona donde el Frey hace una curva importante. Las aguas y rápidos son ideales para pescar", detalló Gajardo.

Otra posibilidad es la excursión de raffting en el río Frey, de dificultad III y IV, con una duración aproximada de 90 minutos. Comienza en el refugio Krugger y finaliza en el rápido Palanganas, donde los deportistas comparten una merecida merienda. El regreso se realiza por medio de una caminata de unas dos horas, según la condición del grupo. El paseo incluye salvavidas, casco, chaqueta y trajes de neoprene.

La travesía en kayak por el Krugger tiene una duración aproximada de 2 a 4 horas, según las condiciones del tiempo y del grupo. Comienza la travesía por la margen oeste del lago hasta la desembocadura del río Stange. Las excursiones de un día que incluyen navegación desde Puerto Limonao, trekking y almuerzo valen 190 pesos por persona.

El alojamiento con pensión completa en la hostería es de 400 pesos. El camping cuesta 40 pesos de uno a dos días, y desde el tercer día, 35 pesos. El raffting en Frey cuesta 240 pesos por persona sin transfer lacustre y 340 con el transfer, y para el paseo en kayak la tarifa por persona es de 200 o 300 pesos, según se requiera transfer lacustre.

Fuente: La Capital Turismo

El paraíso existe y queda en Villa Pehuenia

A medida que se avanza por el camino, el paisaje cambia su fisonomía pero nunca abandona su belleza. Casi no quedan resabios del crudo invierno, salvo en las altas cumbres.

Es posible que en algunos tramos dé la sensación de estar en la región de los Siete Lagos, en San Martín de los Andes, Bariloche o en Villa La Angostura. Pero la duda se disipa al llegar a destino. La magnificencia de Villa Pehuenia no tiene comparación. No es más ni menos que sus vecinas turísticas. Simplemente no se puede comparar.

De lejos se observa un puñado de cabañas y hosterías construidas en piedra y madera. Están desperdigadas en una pequeña península donde hace menos de dos décadas sólo llegaban pescadores de trucha a probar suerte en los lagos Aluminé y Moquehue.

Sobre el margen derecho de la ruta el escenario cambia abruptamente. A lo lejos se observa el volcán Batea Mahuida. La nieve se niega a abandonar los picos más altos. El color gris y amarillento les gana al verde y al turquesa. No se ven casas, apenas un rancho cada doscientos metros habitados por mapuches. La misma comunidad administra estas tierras, se resiste al progreso y mira con cierta desconfianza a sus vecinos de enfrente.

Como el pueblo es muy reciente, los mapuches, que ocuparon estas tierras hace dos siglos, resultan los residentes con mayor antigüedad. Es apasionante observar la convivencia de culturas, el profundo respeto por la comunidad mapuche y el trabajo mancomunado. Los resultados están a la vista.

Los demás pobladores fueron llegando en las últimas décadas, atraídos por un lugar que tiene todavía un potencial turístico enorme por explotar. Arribaron en su mayoría procedentes de Buenos Aires y de Rosario. Se los puede considerar privilegiados, dado que Villa Pehuenia está construida en una península y por la geografía de la zona se cree que su crecimiento estará limitado a unas pocas familias más. De hecho, hoy no hay terrenos disponibles para construir. Por ahora, y hasta nuevo aviso (las tierras son fiscales) hay mucha demanda y la oferta se limita a que aparezca alguien dispuesto a vender su propiedad por unos cuentos millones de pesos. La otra alternativa es esperar -quién sabe cuánto tiempo- hasta que el municipio vuelva a otorgar terrenos fiscales. Los da a pagar en cuotas a cambio de la presentación de un proyecto de construcción y desarrollo de alguna actividad productiva para contribuir al desarrollo de Pehuenia.

Paraje La Angostura

La historia turística de la villa es incipiente. Hace veinte años el lugar se conocía como Paraje La Angostura y apenas aparecía en algún mapa. Era una desconocida aldea de montaña habitada por la comunidad mapuche y frecuentada cada tanto por pescadores con mosca que construyeron sus casas de fin de semana alrededor del lago Aluminé.

Hoy el lugar mantiene la virginidad de aquel entonces. No hay asfalto. Los perros se mezclan entre vacas y conejos en caminitos de tierra que suben y bajan y pueden terminar en playas de arenas blancas a orillas del lago o vaya a saber dónde.

La topografía de las costas es muy variable: es común encontrar desde playas de poca profundidad hasta murallones acantilados de más de cincuenta metros de altura que caen hasta cuarenta metros al fondo del lago. El Golfo Azul concentra la mayor parte de las actividades náuticas. En verano, el agua tiene una temperatura de aproximadamente 20 grados.

Presencia y plenitud

Estando en Villa Pehuenia uno cae en la cuenta de que todavía hay sitios donde el silencio es presencia y plenitud, y sólo es interrumpido por el zumbido del viento o el canto de algún pájaro. Aquí no existe el calendario. A las pocas horas de llegar uno pierde noción del tiempo. No existe el reloj, no importa a qué hora sale el sol ni en qué momento se oculta.

Siempre hay espacio para organizar una excursión. Caminar es una posibilidad. Porque salir a recorrer la villa implica sumergirse en paisajes inimaginados entre bosques y cascadas, hasta llegar a la unión de los dos lagos principales.

En cuatro ruedas el abanico se amplía, sobre todo si se contrata a un guía con vehículo 4x4. No hay como serpentear la zona del volcán Batea Mahuida, trepar hasta su cima, desde donde se obtiene la mejor vista de la villa y de los volcanes Lanín, Villarrica, Llaima y Llonquimay, e incluso acercarse al pie del volcán hasta la laguna que se forma en su cráter. O salir a recorrer el Paraje la Angostura y sus cinco lagunas, sitio de asentamiento histórico de la comunidad mapuche Puel. O llegar hasta el Paso del Arco, antiguo paso a Chile (ya desactivado), por un camino de arena volcánica, tierra y ripio.

Pero a la hora de recomendar una salida de este tipo, cualquiera recomendará el Circuito Pehuenia, un recorrido deslumbrante de 130 kilómetros que ofrece arroyos y cascadas, ríos y lagos, montañas y bosques puros de pehuenes. Generalmente se calcula entre 5 y 6 horas para realizar todo el tramo, pero el viaje depara tantas sorpresas que lo mejor es salir a primera hora de la mañana y regresar a últimas horas de la tarde.

Hay que dejarse llevar, escalar donde la naturaleza (y el guía) lo permita, parar a la vera de los lagos Aluminé, Nonpehuén, Ñorquinco, Pulmarí y Moquehue, que da nombre a una pequeña aldea serrana ideal para hacer un alto en el camino y tomar decenas de fotos con el marco imponente de la Cordillera de los Andes detrás.

El Parque Nacional Lanín tiene pasadizos insospechados, como dos espectaculares cascadas de agua helada y trasparente. Consejo: no olvide cargar el equipo de mate, provisiones para el almuerzo y la merienda y algún repelente para ahuyentar los tábanos. También se puede llevar una caña para probar suerte. La pesca con mosca es una de los fuertes de la región. Se practica en los ríos Filtran, Aluminé y Pulmarí, y los lagos Moquehue, Aluminé y Nonpehuen. La devolución es obligatoria.

El regreso es inminente. El cansancio casi siempre gana y a veces es inevitable cerrar los ojos para descansar la vista. Pero, paradójicamente, cada vez que ello sucede aparece como por arte de magia algo más y más hermoso para apreciar.

La puesta del sol anuncia el final del día. Un vecino cierra su tranquera para evitar que las vacas ingresen en el jardín. Dos turistas miran por el ventanal de la hostería Al Paraíso

el lago Aluminé (llamado «agua que brilla» por los mapuches) y sus alrededores. En minutos ya nada se verá. Pero poco importa, Villa Pehuenia ni siquiera de noche pierde el encanto de una auténtica aldea de montaña.

Fuente: Diario Ambito

El Chaltén, vacaciones al aire libre

Un pequeño pueblo con sendas infinitas para descubrir a pie; y un escenario de ríos, glaciares y bosques autóctonos interrumpido por imponentes cerros hacen de El Chaltén un sitio perfecto para vivir la naturaleza más pura. La localidad santacruceña se prepara para la temporada de verano 2010-2011 con múltiples alternativas. Así, quienes lleguen a ese destino distante a 220 kilómetros de El Calafate, podrán disfrutar de actividades de montaña, paseos lacustres, trekking, escalada, avistaje de flora y fauna, cabalgatas, turismo rural, pesca deportiva y circuitos en bicicleta.

Lejos de ese preconcepto que lo encasillaba como un lugar exclusivo para aventureros extremos, todas las opciones de aventura se presentan en diversos grados de dificultad y duración, factibles de ser realizadas por visitantes de todas las edades y estado físico. Para explorar su geografía, los únicos requisitos serán calzarse zapatillas o calzado de trekking y las ganas de pasar unas vacaciones rodeados de aire puro y naturaleza.

Situado en la confluencia de los ríos De las Vueltas y Fitz Roy, en el oeste de la provincia de Santa Cruz, El Chaltén ocupa un extenso valle glaciar custodiado por los macizos graníticos Fitz Roy y Torre.

La villa turística fue fundada en 1985 dentro del Parque Nacional Los Glaciares y es reconocida a nivel nacional como la Capital del Trekking. Dispone de sendas turísticas, que se caracterizan por su baja dificultad, buena señalización, suaves pendientes y escasa longitud; y caminos de montaña que por su extensión y localización requieren de una evaluación permanente para transitarlas. En cuanto a la duración, el caminante podrá alcanzar distintos puntos turísticos en sólo 45 minutos (de ida) hasta siete horas.

Los glaciares Viedma y Torre también aportan sus superficies para desarrollar trekking con grampones. En la ciudad pueden contratarse excursiones que, con guías, hacen posible vivenciar la singular experiencia de caminar sobre hielo. Por su parte, los deportistas con mayor entrenamiento físico podrán animarse al Hielo Continental Patagónico, el campo de hielo más grande de Sudamérica, integrado por más de 300 glaciares. Desde El Chaltén parten travesías de entre dos y diez días que permiten aprecias postales deslumbrantes.

Un complemento perfecto del trekking resultan las cabalgatas y los paseos en bicicleta. Para esta práctica, uno de los circuitos tradicionales es la bicisenda de 2,5 kilómetros que bordea el río De Las Vueltas con dirección al lago del Desierto.

Quienes se inclinen por las actividades contemplativas, encuentran en los paseos lacustres y las observaciones de la naturaleza sus mejores aliados.

En materia de paseos embarcados, desde la Bahía Túnel zarpa un barco que recorre el lago Viedma y permite avistar el glaciar homónimo, el más grande de la provincia. El lago del Desierto, con su milenario bosque de lengas y ñires depara un marco único para surcar sus cristalinas aguas admirando los glaciares del cordón Vespigniani o cruzar a Punta Norte, donde se encuentra el destacamento de Gendarmería Nacional.

Por otra parte, el Parque Nacional Los Glaciares, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad en 1981, conserva una rica biodiversidad en aves, fauna y flora autóctona. Una salida de birdwatching permitirá reconocer especies como el cóndor andino, el águila mora, el carpintero gigante y choiques.

El Chaltén ofrece todos los servicios necesarios para que el visitante una excelente estadía patagónica: distintos tipos de alojamientos, restaurantes, agencias de turismo, líneas regulares de transporte, taller mecánico, estación de servicio, puesto sanitario, supermercados, telefonía fija e Internet. En cambio, hay que tener en cuenta que no hay señal de telefonía celular ni bancos, y que muy pocos servicios se pueden abonar con tarjeta de crédito o de débito.

Tips del viajero

Cómo llegar: El aeropuerto más cercano a El Chaltén es el de El Calafate, distante a 220 kilómetros. Desde allí se debe tomar la ruta nacional Nº 40 y luego la ruta provincial Nº 23. El camino está totalmente asfaltado y puede recorrerse en vehículo propio o de alquiler, o los servicios de las compañías Cal Tur, Chaltén Travel y Taqsa (varias frecuencias diarias).

También existen otras conexiones frecuentes con: el norte de la provincia, localidad de Los Antiguos con Chaltén Travel y Taqsa; con la costa, la ciudad de Comandante Luis Piedra Buena, TPS y Las Lengas, y con la capital provincial, Río Gallegos, con TPS y Taqsa.

Alojamiento: El Chaltén dispone de alojamiento en diversas categorías: campings, albergues, cabañas, hosterías y hoteles.

Fuente: La Capital Turismo