Esquí, snowboard y naturaleza en La Hoya

El Centro de Actividades de Montaña La Hoya, vecino a la ciudad de Esquel iniciará la temporada totalmente renovado.

Se realizaron ampliaciones de superficie mediante la utilización de retro excavadoras y topadoras con oruga en la cota 1.800, donde se encuentra el retorno del medio TDK del Sol, que continuarán en las zonas de travesías que llevan a las pistas La Luna y el Estadio, y el Fondo de Hoya. Además de brindar más comodidad y seguridad al esquiador, mejora el trabajo de las máquinas pisa nieve en plena temporada.

También se instalaron nuevas Gironda, que son las barreras de madera que gracias al viento reúnen la nieve al caer para que luego sea esparcida sobre las pistas, generando mayor superficie esquiable y por más tiempo. Además se creó un camino para acceder en vehículos desde la base hasta el refugio del Club Andino Esquel.

Los servicios gastronómicos también merecen ser noticia ya que se realizaron notables mejoras en los establecimientos El Refugio y La Piedra en pintura, infraestructura en las cocinas y baños, electricidad, agua y pisos.

"Queremos que el esquiador disfrute de un momento de relax y de calidez antes de retomar la actividad", explicó José María Rossi, a cargo del servicio. Además, adelantó que este año la carta en El Refugio incluirá opciones gourmet como trucha, ciervo, jabalí o lomo: "El visitante tendrá la opción de disfrutar de un excelente almuerzo y no limitarse a las alternativas de snacks", explicó.

Aunque imperceptibles para los esquiadores, los controles de expertos en los medios de elevación son una prioridad, los exámenes sobre los medios de elevación fueron realizado por técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI),

En detalle

El Centro de Actividades de Montaña La Hoya se encuentra ubicado a 13 km. de la ciudad de Esquel, con acceso seguro y asistencia permanente. Tiene die z medios de elevación. Sus 24 pistas, de variada dificultad, se escalonan desde los 1.300 m con estaciones en los 1.500 m y 1.700 m., las hay con leve inclinación para principiantes y niños, hasta con caídas abruptas y recorridos extensos, ideales para esquiadores expertos y fanáticos del sobar.

La superficie esquiable en La Hoya es de 60 hectáreas, de las que aproximadamente ocho hectáreas son utilizadas para la modalidad fuera de pista.

La temporada 2010 se extenderá del 12 de junio al 17 de octubre. Los pases diarios cuestan $ 105 para mayores y $ 85 para menores en la temporada baja; $ 140 y $ 110 respectivamente en temporada alta, y $ 125 y $ 100 en temporada media. Los pases de 6 días más uno libre valen $ 520 para mayores y $ 420 para menores en temporada baja, $ 690 y $ 540 respectivamente en temporada alta, y $ 615 y $ 490 en temporada media.

En el caso de alojamientos, siempre en base doble, los precios son: hoteles desde $ 195 hasta $ 400. Hosterías desde $ 135 hasta $ 535. Unidades de 4 personas: Apart desde $ 360 hasta $ 480.Cabañas desde $ 220hasta $ 810. Complejos de alquiler temporario desde $ 180 hasta $ 420. Hospedaje complementario desde $ 110 hasta $ 180. Albergues desde $ 25. Hostel desde $ 40.

Además de disfrutar de la nieve los expertos recomiendan pasear por el Parque Nacional Los Alerces, realizar trekking hacia cerros cercanos y deleitarse con la gastronomía patagónica en la que no pueden obviarse los ahumados y los corderos en diversas preparaciones.

Fuente: Los Andes Turismo

Las ballenas, un monumento natural

Las ballenas están en el Sur, qué buena noticia, el invierno es la gran oportunidad para dejarse sorprender por este “monumento natural”.
Las visitantes más famosas son anfitrionas de los miles de turistas que desde junio arriban a la ciudad portuaria. Todo sobre ellas y lo que hay que saber para viajar.
1 - El aire gélido choca en la cara, ataviados con camperones, sombreros, bufandas y cámaras fotográficas, filmadoras, celulares y todo elemento tecnológico de registro, los pasajeros se disponen a partir. La previa ya es una fiesta, el azul omnipresente se altera con las lenguas de tierra y la movilidad de las aves que acompañan, el corazón late acelerado, la sonrisa perenne deja congelar los dientes y pronto el primer coletazo.

Gritos, risas, expresiones de incredulidad y mucha adrenalina. ¿Frío? No, el calor recorre la columna vertebral pues la naturaleza desmesurada se pasea frente a nosotros. -Qué maravilloso mundo! dice Angélica, una docente porteña de 55 años, todos asentimos. Una lágrima corre por su mejilla.

La presencia casi masiva de las ballenas a veces hace perder de vista el auténtico milagro de la naturaleza que significa su llegada a las costas patagónicas: "creo que no se tiene en cuenta con suficiente magnitud lo que significa que hoy por hoy, en 2010, siga existiendo un animal de ese tamaño. Que estén aquí y al frente de la ciudad, en el número y cercanía con que se ven. Es un evento extraordinario. Uno está frente a un espectáculo de naturaleza único en el mundo", señala Daniel Pérez Martínez, biólogo especialista en cetáceos.

2 - Por esas maravillas de los ciclos en que natura se rige cada otoño el Golfo Nuevo se tiñe de alegrías primaverales, la llegada de las ballenas marca el inicio de una nueva temporada. Su arribo siempre trae augurios y renueva la esperanza de una ciudad que cada vez más vive del turismo.

De hecho, los servicios que presta son los más completos para hacer base y desde allí explorar la región de Península Valdés, y su magna fauna. Imperdibles es dedicar un par de horas al Museo Oceanográfico y al Ecocentro que ofrecen dos propuestas ideales para acercarse a la fauna marina con una mirada educativa.

3 - Las dudas sobre si veremos o no a los cetáceos al llegar a Madryn abundan, por suerte la respuesta es sí, sí y sí. Allí están cumpliendo sus rituales bajo el agua, allí están madres y ballenatos, allí están luciéndose para nosotros. Entre las recomendaciones de los expertos nativos surge que para verlas en la costa, desde la playa del Doradillo, lo mejor es la marea alta, con mar calmo, las escenas son impagables.

En el caso de los avistajes embarcados es cuestión de subjetividad: hay quienes prefieren la mañana temprano y quienes el atardecer, para aprovechar la puesta del sol sobre el mar. En este caso la navegación se denomina "Sunset", tiene una duración mayor que las otras. El espectáculo policromo del poniente, crea un telón inigualable para la contemplación, emoción asegurada.

4 - Las ballenas Franca están protegidas desde hace algún tiempo, lo que posibilitó que su número crezca significativamente en las aguas del Golfo Nuevo, es más, son consideradas Monumento Natural, una categoría que se otorga "a aquellas áreas, cosas, especies vivas de animales o plantas de interés estético, o valor histórico o científico que merecen protección absoluta, siendo por lo tanto inviolables".

Por esta razón en la zona se custodia perfectamente que ninguna embarcación pueda perturbarlas o dañarlas, y tampoco está permitido el buceo con ballenas, a diferencia del que sí puede realizarse junto a los lobos marinos en torno al golfo.

5 - La razón por la cual eligen la zona de Puerto Madryn desde fines del otoño hasta fines de la primavera tiene que ver con sus costumbres migratorias. Entre noviembre-diciembre, y mayo-junio, permanecen en las zonas de alta productividad marina, el Atlántico sur y los mares circumpolares, alrededor de Antártida. Allí abundan el fito y zoo plancton, lo esencial de su alimento. Luego emprenden sus migraciones anuales hacia la costa.

"La Península Valdés -explica Pérez Martínez- es el sitio preferido para parir las crías, cuidarlas y realizar otro tipo de interacción social, como los sistemas de apareamiento".

Así, a comienzos de junio se ven unos pocos ejemplares (en estos días hay poco más de una docena frente a la ciudad, y aproximadamente 150 en las aguas de la Península) poco a poco el número va en aumento, hasta alcanzar unos 1.100 animales en el momento culminante del año, entre setiembre y octubre.

Por suerte la presencia de los cetáceos crece cada año sin tregua, “el aumento de la presencia de ballenas aumenta alrededor de un siete por ciento anual desde los años 70” afirma el experto.

Fuente: Los Andes Turismo

¿Sabias que las ballenas ..

Como todos los mamíferos, las ballenas respiran aire, dan a luz a sus crías y las amamantan durante su infancia. Son cetáceos, el primer grupo en adaptarse a la existencia marina, por lo que deben pasar todo su ciclo vital en el agua (a diferencia de los lobos marinos, que también habitan las costas de Puerto Madryn, pero que deben subir a la tierra firme para aparearse y dar a luz a sus crías).

Las ballenas francas australes fueron perseguidas durante años por la cantidad de barriles de aceite que se extraían de cada captura. Las identificaban fácilmente por el chorro de vapor, en forma de V, que expulsan al respirar, además nadan a menor velocidad que otras y pasan gran parte del año en las zonas costeras.

Daniel Pérez Martínez, biólogo y consultor de distintas entidades y universidades nacionales en el área del trabajo con esta especie- comenta que este cetáceo es bien fácil de diferenciar, porque tiene el lomo liso, pero es la única que tiene en la cabeza esas protuberancias blancas o amarillentas llamadas callosidades.

Esas callosidades están formadas por una serie de animales que viven en simbiosis con la ballena: algunos son como cangrejitos, y otros se llaman 'dientes de perro', porque tienen forma de colmillito blanco, y son muy comunes también en los cascos de los buques o los postes de los muelles".

- Mientras están junto a Puerto Madryn, las ballenas madres permanecen con sus crías -unos sesenta días, durante las cuales las amamantan- y luego empiezan a desplazarse más hacia el mar adentro.

"Se cree que destetan a las crías entre los seis meses de edad y el año. Uno podría pensar que un animal tan grande y longevo podría tener un tiempo más prolongado de cuidado parental, pero no es así", apunta Pérez Martínez. Se dice, además, que aproximadamente cada tres años una hembra tiene una cría, un ciclo natural teniendo en cuenta que la preñez dura un año, y que por una cuestión de energías no podría dar a luz todos los años.

Tarifas

Menú turístico de $ 35 a $ 50. Imperdibles las casuelas y los langostinos empanados.
Excursiones full day $ 180 mayores, $ 126 menores, medio día $ 80 y $ 56.
Entradas a Península de Valdés
$ 20; Punta Tombo $ 12 y Punta Loma $ 7.
Avistaje de ballenas
en Temporada Baja $ 150 y en alta $ 180, para niños $ 80 y $ 100.
Buceo
desde $ 220.
Alojamiento (en base doble) Hotel 4* $ 304 a $ 840, 3* $ 240 a $ 390; 2* $195 a $315. Hostel $ 40 y alquileres temporarios $ 120 para 2.

Fuente: Los Andes Turismo

Chubut. Aldea Apeleg

Crónica de una visita a la pequeñísima Aldea Apeleg, de apenas 140 habitantes, en lo profundo de la RN 40. Allí, la Plaza del Ultimo Combate homenajea a los aborígenes al mando del cacique Inacayal, caídos en 1882, en la batalla final contra el Ejército Argentino.

Mientras se rueda por alguna de las interminables planicies esteparias de la RN 40 en el sudoeste de Chubut, el ripio se extiende delante del vehículo como una línea recta perfecta cuya infinitud se prolonga a nuestras espaldas por el espejito retrovisor. No es por cierto la Patagonia de los verdes lagos y bosques frondosos, esa región de majestuosidad digna de cuentos, sino esa otra región desolada, ventosa y árida que retrataron las películas de Carlos Sorín. La Patagonia inmensamente triste, dolorosamente bella.

La legendaria RN 40 nos conduce desde el poblado de Alto Río Senguer hacia el norte, con rumbo hacia Aldea Apeleg. Un desvío a la izquierda por la Ruta 64 desemboca finalmente en el pueblo, algo así como la antítesis de la Patagonia de postal, donde un lector de Soriano podría reconocer a Colonia Vela.

Aldea Apeleg tiene 140 habitantes, 35 casas, un campo de doma llamado Coraje y valor, una comisaría en construcción y unas cuantas calles sin nombre donde por lo general no se ve a nadie. Hay unos cinco autos en todo el pueblo, pero casi todo el mundo tiene un caballo. Teléfono hay uno solo, en la escuela: el público no funciona, y no ingresan las señales de celular. El agua corriente se instaló en 1993, la luz eléctrica en 1995 y la televisión satelital un año después.

Los personajes

No es difícil imaginar que en Apeleg no hay mucho para hacer, salvo salir a buscar “historias mínimas”. Y a eso vamos, recorriendo las casas sueltas en el paisaje sin fin. Unos colegas de la radio nos recomendaron ir a ver a Marcos Pruesing, el joven jefe comunal, a quien encontramos con boina y alpargatas en un rodeo de caballos enfrentándose a un redomón arisco. Cuando logró pialarlo –enlazarlo por el cuello– abandonó sus tareas cotidianas y se ocupó de los visitantes, que por cierto no llegan muy seguido al lugar.

“El caballito se queda atado acá un día y medio y después lo llevamos al pueblo para domarlo”, dice Marcos, que igual que la mayoría de los habitantes de Apeleg realiza tareas de campo en las estancias de los alrededores. El resto trabaja en la construcción, otros en el sector público y algunos en la salita de salud, donde hay sólo una enfermera que no tiene reemplazo cuando se va de vacaciones.

El único bar de Apeleg, el Buscavidas, estaba cerrado, así que Marcos nos llevó a su casa, donde vive con Rosa Olivia, su mamá. Allí nos cuentan que el llamativo carretón que se exhibe en la plaza del pueblo es el que trajo al abuelo alemán de Marcos con su esposa tehuelche, cuando emigraron a Apeleg desde Chile.

“¿El viento? Mirá, acá se vive con el viento, así que el viento no molesta”, asegura Rosa Olivia mientras caminamos por la calle entre una pequeña nube de polvo. En la Plaza del último combate, madre e hijo se turnan para contarnos la historia del lugar, que marca un hito en la disputada historia patagónica de fines del siglo XIX. Aldea Apeleg fue fundada en 1922, a raíz de unas tierras que el general Roca le cedió a una familia de baqueanos. Y al instalarse una escuelita comenzó a llegar gente que vivía en las estancias. Aunque en realidad el nombre es muy anterior, de los tiempos en que el inglés George Musters recorrió la zona con una caravana tehuelche y llamaba “apple” a unos papines dulces –papitas de piche– que crecían a orillas de un arroyo. Apeleg sería, entonces, una deformación de “manzana” en inglés.

A primera vista, lo que más llama la atención es el nombre de la plaza. En otros lugares bien podría llamarse San Martín o General Roca, pero la plaza de Apeleg fue bautizada, con ribetes épicos, como Plaza del último combate. Y la decora con mucha propiedad la estatua de un aguerrido tehuelche a caballo. Resulta que en los alrededores de Apeleg ocurrió el último enfrentamiento entre tropas del Ejército Argentino y los aborígenes: el hecho ocurrió dos años después de la Campaña del Desierto, el 22 de febrero de 1882, ya que se habían reactivado los malones.

Según el parte oficial del Ejército Argentino, los hechos se desarrollaron así: “Habiendo el Teniente Coronel Don Nicolás Palacios marchado el 9 de febrero del campamento de su brigada en el Lago Nahuel Huapi con 4 jefes, 14 oficiales, 250 soldados y 79 indios amigos, con objeto de efectuar una operación sobre los caciques Saihueque e Inacayal, que se hallaban al sur del Limay, vadeó ese río y después de marchas forzadas llegó a Lipandúan, punto donde se creía estuviera el último cacique; llegado allí se encontró con que los indios habían mudado su toldería. El 23 del mismo mes, a fin de practicar una descubierta y averiguar el rumbo que habían tomado los indígenas, desprendió al Capitán del Regimiento 7º de Caballería, Don Adolfo Drury, con una partida de soldados de línea e indios amigos. Dicho oficial, después de avanzar 7 leguas del punto en que había sido desprendido, se encuentra de improviso en las llanuras de Apeleg, con 380 a 400 indios... La partida del Capitán era muy pequeña, pues se componía de quince soldados y 10 indios amigos; sin embargo, este arrojado oficial carga decididamente acompañado de los bravos soldados del 7º Regimiento y se apodera en el primer momento de toda la chusma de los indios, que consistía en mil personas, más o menos. En ese momento se siente un fuerte fuego de fusilería que rompe sobre él, el que le ocasiona once bajas, siendo todas ellas de los soldados de línea. Eran los tehuelches los que habían roto el fuego sobre el Capitán Drury. Desde ese momento se traba un combate terrible entre el diminuto número de soldados y la numerosa indiada, la que en sus cargas continuas consiguió rescatar a su chusma y hacerla huir. Los soldados se defendieron; ciertamente que su situación era terrible, pues el comandante Palacios, a pesar de marchar en su protección reventando caballos, tardó tres horas en llegar al lugar donde se batían desesperadamente el oficial y sus soldados. Los indígenas, al ser atacados por la columna del comandante Palacios, huyeron dispersados en todas direcciones, pero dejando en aquella lucha más de ochenta cadáveres”.

Vida de pueblo

Regino Musiquel es mapuche, tiene 83 años y es otro de los personajes de referencia en Apeleg al que visitamos en este paseo mínimo por el pueblo perdido.

Regino vive con su perrito en una casa algo precaria que le entregaron con el baño adentro, como todas las demás. Pero el señor Musiquel había vivido toda su vida de acuerdo con la higiénica costumbre mapuche de tener el baño fuera de la casa. Así que lo destruyó y se construyó otro afuera, que utiliza sin problemas incluso los peores días de invierno, cuando la temperatura puede bajar hasta los 25 grados bajo cero.

También le dieron una cocina económica a leña –como la de todos los habitantes del pueblo–, pero el anciano mapuche prefiere el fogón. De más está decir que no tiene televisión ni le hace falta, aunque sí una radio. Musiquel, peón de estancia de toda la vida, es un hombre de mínimas palabras.

–¿Es triste la vida o alegre acá?
–Triste no creo

Fuente: Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-1816-2010-05-30.html

Mapuches, piñones y a disfrutar el invierno

Un vinito caliente al terminar las actividades en la nieve reconfortará a los turistas que elijan Villa Pehuenia.

"Queremos mostrar que no es una villa más, es la naturaleza y la aventura en su máxima expresión, son las montañas que nos rodean, es el silencio cordillerano, son los mapuches que aquí viven, son los colores de nuestra flora en cada estación del año". Con esas palabras los operadores turísticos promocionan los encantos de Villa Pehuenia, la aldea de montaña, ubicada sobre la costa del lago Aluminé en Neuquén.

Son muchos los datos pintorescos que no se conocen de este enclave y que de cara a la estación fría conviene develar para todos los que ansían un encuentro cercano con la Patagonia durante el invierno. Por ejemplo que tiene cerca de 1.600 habitantes distribuidos en los poblados de Villa Pehuenia, Villa Unión, Villa Italia, Moquehue, La Angostura y Lonco Luan.

Una gran parte de ellos pertenece a las dos comunidades mapuches predominantes en la zona: la comunidad Puel y la comunidad Catalán. Tampoco es muy conocido que la zona tiene un paisaje particular caracterizado por la abundancia del pehuén, al cual la villa debe su nombre. Las concentraciones de pehuenes son las que conforman el paisaje típico de todo el área Pehuenia y dan una personalidad singular a este lugar.

Sus semillas -denominadas piñones- fueron durante muchos años la base de la alimentación de los mapuches, y aún hoy sigue siendo un ingrediente importante en su dieta.

En cuanto a las comodidades para el turismo, los anfitriones aseguran orgullosos que la villa cuenta con una creciente oferta de servicios. Así en materia gastronómica hay 10 restaurantes, todos con especialidades distintas: trucha, ciervo, pastas, ahumados, parrilla y fondue, entre otros.

Se avecina la nieve

En época invernal una de las principales convocatorias es en el centro Batea Mahuida para hacer snowboard o esquí, pasear en trineos tirados por perros y encarar caminatas con raquetas de nieve.

La característica esencial de este parque de nieve, es la temprana acumulación nívea y su extensa permanencia que permite disfrutar del manto blanco durante casi 5 meses. Las laderas elegidas para la práctica de deportes de invierno son las de mayor acumulación de nieve, y las más reparadas del viento.

La pista principal llamada Monkol (nombre cultural y natural del lugar donde esta el T-bar), de 700 metros de longitud, se encuentra a 1.700 metros sobre el nivel del mar. Otra de las pistas, la Chankin, se extiende por 150 metros de longitud, con su medio de elevación, un poma o ski lif. Posee otra pista alternativa llamada Quethoco con posibilidad de volver al T-Bar, con la ampliación de 800 metros de pistas.

Pista de trineos exclusiva para niños, escuela de esquí e instructores de la comunidad mapuche que enseñan las modalidades de esquí alpino y nórdico, son algunas de los servicios.

Fuente: Los Andes Online
http://www.losandes.com.ar/notas/2010/5/30/turismo-492628.asp

Más caros, los centros de esquí inician la cuenta regresiva

Los centros invernales anunciaron sus tarifas con vista a la temporada de esquí 2010, que comenzará en pocos días.

De Mendoza a Ushuaia, el deporte blanco ha sido siempre uno de los impulsores de la actividad turística en la Argentina. A la vez, se ha convertido en un actor clave de las economías regionales, ya sea en la generación de recursos económicos como de puestos de trabajo.

De acuerdo con datos oficiales aportados por la Cámara Argentina de Centros de Esquí, los centros Penitentes, Las Leñas, Caviahue, Chapelco, Cerro Bayo, Catedral Alta Patagonia, La Hoya y Cerro Castor han invertido en los últimos 5 años más de 65 millones de dólares. Ello se ha traducido en la instalación de nuevos medios, en la incorporación de más pisapistas para acondicionamiento y diseño de nuevas pistas y en equipamiento en general.

Gran desafío

Desde los centros internacionales más importantes hasta los pequeños complejos regionales trabajan contrarreloj con el recuerdo todavía fresco de una temporada 2009 nefasta, donde la crisis económica y la pandemia de gripe A conspiraron contra el sector.

Entre los mercados a recuperar, el brasileño es sin dudas el principal objetivo. Cabe recordar que ese público sufrió una estrepitosa caída el invierno pasado a 10.000 personas en comparación con las 35.000 de 2008. Además, este año habrá mayor frecuencia de vuelos directos a los centros de esquí.

Desde el Instituto Nacional de Promoción Turística aseguran que los operadores brasileños están «muy entusiasmados por las reservas» y señalan un «creciente interés». Además, el balance de la Semana Argentina de Nieve en Brasil (se realizó del 12 al 19 de abril en San Pablo y Curitiba), iniciativa lanzada por primera vez en conjunto con la Cámara Argentina de Centros de Esquí, arrojó resultados más que alentadores.

«Esperamos para esta temporada un crecimiento de visitas de un 20 por ciento en relación con 2008», explicó Mariano Mussa, coordinador de nieve de Inprotur, tras señalar que se toma ese año de referencia y no 2009 por haber sido un período turístico atípico ante la amenaza del virus H1N1 y los efectos de la crisis financiera.

El coordinador agregó: «Notamos que en el exterior hay un conocimiento restringido de la diversidad de centros que hay en el país», y agregó: «Además de que hubo renovaciones en muchos centros de esquí, es necesario difundir los diferentes perfiles que hay entre ellos».

Aunque la difusión fue para los ocho centros -Penitentes, La Hoya, Chapelco, Caviahue, Cerro Castor, Catedral, Cerro Bayo y Las Leñas-, se estima que son estos cuatro últimos los que más visitantes recibirán por ser los de mayor convocatoria, en las provincias de Ushuaia, Río Negro, Neuquén y Mendoza, respectivamente.

Además de todo lo dicho, hay un marcado optimismo de todos los sectores involucrados desde que el Gobierno nacional liberó -por decreto- los aranceles para la importación de equipamientos, algo que fue celebrado con bombos y platillos, pues permite modernización a precios competitivos, sobre todo respecto de Chile, el mayor competidor en la región.

Acciones conjuntas

Desde fines del año 2009, la cámara trabaja con el Instituto de Promoción Turística de la Nación en el desarrollo de un estudio de mercado que permitirá definir con mayor precisión el perfil del turismo extranjero que tiene mayores potencialidades para este sector.

En los últimos años el turismo extranjero alcanzó los 50.000 pasajeros, principalmente provenientes de Brasil, los que representan casi el 80% del turismo internacional que visita los centros de esquí argentinos. Se han llevado a cabo acciones de promoción concretas dirigidas no sólo a los operadores turísticos, sino al público en general en Brasil y recientemente en Colombia. El próximo paso será visitar Australia, México y EE.UU. Buscan posicionar así a los centros de esquí de la Argentina como la opción de contratemporada del Hemisferio Norte.

Fuente: Ámbito

San Carlos de Bariloche y su otoño

El otoño realza los paisajes patagónicos, vistiendo Bariloche y sus alrededores de múltiples tonalidades. Un paseo por el Nahuel Huapi, la isla Victoria y el Centro Cívico, bajo el mágico reflejo de los ocres, rojos y verdes intensos que se desprenden de los bosques, en contraste con los blancos y azules de montañas y lagos.

Abril y mayo, en el corazón del otoño, son probablemente los meses más lindos del año junto con los de primavera, septiembre y octubre. La temperatura amigable y las variaciones de texturas y tonos transforman los lugares al aire libre en nuevos escenarios. Y si hay un lugar turístico para sentir en todo su esplendor esa paleta de colores, ese sitio es Bariloche. Que si bien consagra como emblema la amarilla flor del amancay, bien podría tener como sinónimo al multicolor liquidámbar. Desde las calles principales hasta los caminitos internos que bordean límites y cruzan los grandes lagos, Bariloche vive un momento ideal para disfrutar sobre todo con los ojos, y aprovechar precios que hacen más accesibles sus clásicas salidas.

Otros aires y tonos

De entrada, es casi inexplicable el cambio de aire que se siente al pisar Bariloche. La pureza es tal que se respira con una sensación de hondura mayor, mientras los ojos se debaten entre montañas de picos nevados, lagos, arroyos, cascadas y bosques renacidos en este tiempo intermitente entre el verano y el invierno.

Bariloche cuenta, además, con una organización que permite encontrar en pocos kilómetros todo lo necesario para pasar una estadía perfecta. El dinamismo del centro y los servicios turísticos de nivel internacional se complementan con las recetas caseras y una arquitectura en madera y piedra que no pierde la esencia de pueblo alpino, sobre todo en cabañas, hostels y paradores que nacen del Centro Cívico hacia las afueras. Esos sabores y construcciones son un vivo recuerdo de los inmigrantes suizos y alemanes que arribaron en la primera mitad del siglo XX, cuando la incipiente San Carlos daba sus primeros pasos. Otro legado son las exquisiteces centroeuropeas que se pueden conseguir en los centros comerciales o en las pequeñas despensas de la Colonia Suiza, donde siempre hay un tazón de chocolate artesanal o dulces caseros para combatir los fríos que se avecinan.

En otoño, Bariloche ofrece el clima perfecto para realizar un amplio abanico de actividades de aventura o outdoor, que van desde el trekking a las travesías en bicicleta y 4x4 en paisajes siempre cambiantes. Otras excursiones invitan al montañismo y los recorridos lacustres por el Nahuel Huapi y sus islas, visitando las playas del lago Moreno, el Mascardi y el Gutiérrez. En todas las variantes hay un denominador común: estas semanas Bariloche adquiere el encanto de algunos árboles, como la lenga y el ñire, que poco antes de dejar caer sus hojas con las primeras nevadas cubren las cercanías con tonalidades que van desde los rojizos a los anaranjados y amarillos. Mientras tanto, el viento invita a los álamos a dejar sus huellas doradas en el piso, y algunas islas ofrecen caminitos acolchonados de las pequeñas y cobrizas hojas del coihue.

Bosque e Isla

El gran clásico local son las salidas lacustres, empezando por la navegación sobre el Nahuel Huapi hasta la isla Victoria y el Bosque de Arrayanes, en pleno Parque Nacional. Primero hay que llegar a Puerto Pañuelo, bordeando el lago en dirección norte hasta donde esperan las embarcaciones, estacionadas en muelles de madera vieja. Una de ellas es el catamarán Cau Cau, de dos cubiertas y 278 plazas, que lleva a los pasajeros hasta la isla Victoria en poco más de 40 minutos. Allí dan la bienvenida, junto a los guías, senderos de frondosos abedules, abetos, aromos, pinos, eucaliptos, robles y sequoias, especies exóticas traídas de Europa y Estados Unidos con el sueño de crear un gran vivero de plantines que abasteciese toda la Patagonia. También hay rastros de fauna autóctona, con ejemplares como el ciervo enano y una amplia gama de aves que alborotan los recorridos. Además de su belleza natural, la isla tiene una confitería y un nuevo museo, junto a la vieja casa de Aarón Anchorena, uno de los primeros pobladores. Hacia la parte más elevada del acantilado, una nueva construcción preserva los aires de la antigua Hostería Nacional Isla Victoria, que se incendió en 1982.

Tras un rato de descanso, se parte sin prisa hacia el Parque Nacional Los Arrayanes, que abarca toda la península de Quetrihué (1840 hectáreas). Ahí mismo está el famoso bosque, sobre la margen norte del Nahuel Huapi: una formación arbórea única en el mundo, que por momentos apenas permite filtrar los rayos de luz. Es curioso ver sus frutos negros, que maduran también en esta época, producto de las muchas florcitas blancas que hacia fines del verano llenan ramas, ramillas y los troncos centenarios. En esta Reserva Natural de Flora Autóctona y Exótica se realizan dos paseos de entre una y dos horas de duración, por un sendero enmarcado y con ascensos y descensos permanentes. Ambas caminatas concluyen en una acogedora cabaña-restaurante, para luego despedirse de esta mágica arboleda que muta del dorado al canela, según quiera la luz.

En torno a Bariloche

Las 55.000 hectáreas del Nahuel Huapi son el centro de las 705.000 que abarca el Parque Nacional creado en 1922 a partir de la donación del perito Francisco Moreno. De gran valor ecológico y paisajístico, la reserva ofrece actividades náuticas, playas tranquilas e ideales para el picnic ocasional, unos mates al atardecer o la posibilidad de acampe en sectores permitidos. Cuando cae la noche, las luces que llegan del centro les otorgan a los alrededores una onda de pueblo, familiar y pacífica, con el encanto inconfundible del fresco de montaña.

Durante el día, esas manzanas son el centro de partida para el imperdible Circuito Chico, que da un breve pero fenomenal primer vistazo de lagos, montañas y la tupida vegetación presente en cada uno de los “cuadros patagónicos” donde se para. Un punto fuerte del recorrido llega a mitad del tramo con el Punto Panorámico, con el mítico hotel Llao-Llao de fondo. Mientras tanto, la improvisada feria artesanal suele ofrecer desde salamines y quesos caseros hasta manualidades en madera dura, pasando por la clásica foto con los perros San Bernardo.

Camino arriba sigue el cementerio del Montañés, Lavanda Meli Hué y las Cartas, el lago Moreno y la laguna El Trébol, pero allí vale salirse un poco del plan y desviarse 25 kilómetros del centro hacia la pequeña y silenciosa Colonia Suiza, reino del sabor de lo hecho a mano, donde se ofrecen dulces regionales y repostería casera. El arroyo Goye y una diminuta capilla para no más de 15 personas son dos puntos cardinales de un paraje accesible durante todo el año, ideal para recorrer en familia o en grupos de mochileros. El lugar es también punto de partida para conocer laguna Negra y el cerro López, dos recomendados de la zona que cuentan con varios senderos bien marcados para ascender sin perderse. Claro que, si de altura se trata, aquí aparece el imponente cerro Tronador, un vigía de 3478 metros: pasión de montañistas, se puede acceder por la base en la ruta 258, tras bordear el lago Gutiérrez, el Mascardi y un desvío sobre el río Manso, camino de la cascada Los Alerces. Desde luego hay que dar aviso y cumplir para con ciertas reglamentaciones de seguridad, que establecen un ascenso/descenso al cerro con horario. Una vez allí las opciones van desde la belleza de pie del cerro hasta la travesía en busca del famoso ventisquero Negro, además de la posibilidad de seguir camino hacia donde “truenan los dioses”, como creían los pobladores originarios. Desde allí arriba, la diminuta urbanización de la ciudad se abre camino entre manchones azules del agua y colores que conforman un verdadero arco iris otoñal.

Fuente: Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-1798-2010-05-16.html