La magia del Beagle
Desde Ushuaia zarpan los barcos, donde es posible navegar el Beagle.
Este es uno de los pocos pasos que conectan el Océano Atlántico y el Océano Pacífico.
Ya desde el barco, se puede apreciar una vista panorámica de la ciudad que maravilla a todos, mientras petreles plateados vuelan cerca de la embarcación.
Al zarpar, se puede apreciar a la derecha la península que protege a la ciudad de los vientos intensos, y al frente el territorio chileno y la isla Navarino.
Al acercarse al archipiélago Bridges, encontramos islas con colonias de lobos marinos y cormoranes magallánicos.
Y así, el barco va llegando a el clásico faro Les Eclaireurs, el mismo que alumbró a Julio Verne. Con 11 metros de altura, fue construido en una isla rocosa por la armada argentina en el año 1920, a 17 kms de Ushuaia.
En el regreso, el barco pasa por la costa de la estancia Túnel, donde hay restos arqueológicos de los habitantes originarios de la zona.
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Titulo: La magia del Beagle.
Publicado el 22/10/2012.
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Sitio: 365patagonia.com
Provincias: Tierra del Fuego
Ciudades: Ushuaia
Ver en: http://www.365patagonia.com/tierra_del_fuego/ushuaia/la-magia-del-beagle_n.html
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El camino de los presos
El Ferrocarril Austral Fueguino inicia su recorrido en la Estación del Fin del Mundo, ubicada sobre la Ruta 3. Recorre los los últimos 7 kilómetros que recorrían históricamente los presos para ir a trabajar al bosque. Este tren fue inaugurado en el año 1994.
La cárcel del “fin del mundo” comenzó a construirse en el año 1902 y se finalizó en el año 1920.
En aquella época, el tren que también era a vapor, estaba formado por cinco vagones, de los cuales, 3 eran para los presos y 2 para los guardias.
En algunas partes del trayecto, el tren va junto a un curso de agua.
En este recorrido se puede ver el mismo paisaje que hace década veían los presos de la cárcel, con este paisaje verde, donde abundan los ñires, coihues y las lengas, y de fondo, las montañas con sus picos nevados.
La primer parada es la estación Macarena, donde se puede llegar a un mirador desde donde se puede ver el valle, las montañas y una cascada que allí cae.
Siguiendo, pasa por un arco que indica el ingreso al Parque Nacional Tierra del Fuego, con lo cual se ve un cambio de la vegetación y se pueden ver espacios llamados “cementerios de árboles”, que son los árboles hachados por los presidiarios.
El trayecto llega hasta la Ensenada Zaratiegui, con el canal de Beagle de fondo. Desde la punta del muelle se puede tener una vista panorámica increíble.
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Titulo: El camino de los presos.
Publicado el 22/10/2012.
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Sitio: 365patagonia.com
Provincias: Tierra del Fuego
Ver en: http://www.365patagonia.com/tierra_del_fuego/el-camino-de-los-presos_n.html
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La expedición a Lago Fagnano
Para arrancar la excursión, hay que levantarse temprano y abordar las 4x4 que salen desde Ushuaia por la Ruta 3, mientras se ven hayas, ñires y coihues, en esta ruta que mezcla curvas y contracurvas en ascenso.
El sol se refleja en la nieve de las montañas, mientras pasan sobre el camino las aerosillas del Cerro Castor.
En Tierra del Fuego, la cordillera corre de oeste a este, lo cual permite cruzar al otro lado de los Andes por el paso Garibaldi, sin necesidad de pasar por Chile.
En el camino, se hace una pausa en el mirador, desde donde se puede apreciar una increíble vista del lago Escondido entre las montañas, y detrás el lago Fagnano.
A 55 kms de Ushuaia, ya transitando en la Reserva Natural, que es una zona de tierra fangosa ubicada entre los dos lagos, donde hay un voluminoso bosque.
Al llegar a la orilla del lago Fagnano, es posible conectarse directamente con la naturaleza y apreciar del bosque, el lago y las montañas.
Ya en el refugio, es posible disfrutar de una rica merienda a pocos metros de este bellisimo paisaje.
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Titulo: La expedición a Lago Fagnano.
Publicado el 22/10/2012.
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Sitio: 365patagonia.com
Provincias: Tierra del Fuego
Ver en: http://www.365patagonia.com/tierra_del_fuego/la-expedicion-a-lago-fagnano_n.html
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¿La ciudad más austral del mundo?
Navegando en internet, encontramos datos interesantes sobre esta pequeña disputa que se genera al atribuirse el título de ciudad mas austral del mundo.
Principalmente, la disputa es entre la ciudad de Ushuaia (Argentina) y la localidad de Puerto Williams (Chile)
La población más al sur, es la estación científica Amundsen-Scott, de Estados Unidos. Es el asentamiento permanente situado más al sur, que se encuentra en el Polo Sur geográfico, y su población varia entre los 28 y 130 habitantes.
La capital administrativa ubicada más al sur, podemos considerar a Puerto Williams, en la comuna de Cabo de Hornos, Chile, que tiene poco mas de 2.000 habitantes.
La ciudad más austral, es la ciudad de Ushuaia, que cuenta con una población estable de 60.000 habitantes. Puerto Williams no es considerada ciudad por la cantidad de habitantes.
La capital nacional más austral, es Wellington, en Nueva Zelanda.
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Titulo: ¿La ciudad más austral del mundo?.
Publicado el 26/03/2012.
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Sitio: 365patagonia.com
Provincias: Tierra del Fuego
Ciudades: Ushuaia
Ver en: http://www.365patagonia.com/tierra_del_fuego/ushuaia/la-ciudad-mas-austral-del-mundo_n.html
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Pasando por las aguas del fin del mundo
Es una travesía única e indescriptible, que se navega desde Punta Arenas a Ushuaia (y viceversa) en tres días, recorriendo el Estrecho de Magallanes, el Canal de Beagle, el Paso Drake y, si hay buen clima, hasta el Cabo de Hornos.
Es digno de realizar este trayecto, que realizaron grandes historiadores y exploradores.
Saliendo desde Chile, la embarcación recorre fiordos solitarios hasta el Parque Nacional Alberto De Agostini donde se puede conocer la blanca Cordillera Darwin, que es el extremo Sur de los Andes y el Glaciar Marinelli, el más grande de todos los glaciares de la zona.
Si el lugar lo permite, se realizan desembarcos para ver y conocer los diques de castores que a pesar de ser simpaticos, causan desequilibrio en el ecosistema de la isla de Tierra del Fuego. En la isla hay 700.000 castores, que no son autóctonos, fueron introducidos, no tienen depredadores y derriban 400 árboles al año para hacer diques.
La travesía también es educativa, ya que hay muy buenas charlas sobre historia, glaciología y la fauna que se ve en cada desembarco, como ser pingüinos de Magallanes, elefantes marinos, toninas y aves como cormoranes, gaviotas australes, chimangos, carancas, halcones y skúas.
Siguiendo la navegación, se pueden ver el imponente glaciar Pía y se llega a la “Avenida de los Glaciares” (España, Romanche, Alemania, Italia, Francia y Holanda).
El lugar más esperado es Cabo de Hornos, que es el extremo más austral del mundo, que durante muchos años fue un paso clave para las rutas comerciales hasta que se abrió el Canal de Panamá. Aquí los vientos pueden llegar a los 100 kms/hora.
Otro punto a conocer es la Bahía Wulaia, que antiguamente fue asentamiento de los yámanas más grandes de la región, y luego continuamos para llegar a la costa de Ushuaia.
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Titulo: Pasando por las aguas del fin del mundo.
Publicado el 27/02/2012.
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Sitio: 365patagonia.com
Provincias: Tierra del Fuego
Ver en: http://www.365patagonia.com/tierra_del_fuego/pasando-por-las-aguas-del-fin-del-mundo_n.html
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Ushuaia: por tierra, por agua y desde el aire
Paisajes que quitan el aliento y un entorno virgen y con características únicas. Argumentos sobrados para planear una experiencia inolvidable en Ushuaia. Y una forma distinta de disfrutarla es a través de una excursión que combina bus, tren y barco.
El itinerario comienza en micro hasta la Estación del Fin del Mundo para abordar el tren. Las vías corren por el valle del río Pipo, culminando en el Parque Nacional Tierra del Fuego, donde se continúa en buses para recorrer escenarios naturales internacionalmente famosos, como bahía Ensenada, lago Roca y bahía Lapataia.
Ver más en:
http://www.365patagonia.com/tierra_del_fuego/ushuaia-por-tierra-por-agua-y-desde-el-aire_nota1298.html
Luces del Fin del Mundo
Desde el jardín de invierno del hotel Los Cauquenes, en Ushuaia, el pequeño grupo mira las aguas transparentes del Canal de Beagle; mientras beben té de rosas y bergamota. El desayuno servido es digno de reyes. A través de los cristales del gran ventanal ven al avión dibujar una parábola y comenzar su aterrizaje. Igual que un par de horas atrás, vuelven a estar sentados allí; más que ansiosos por disfrutar del destino.
Al descender, son atrapados por las montañas. La Cadena Martial, una especie de herradura montañosa que encierra a la ciudad, captura voluntades. No caben dudas, el monte Olivia, el que más se destaca en esta medialuna, guarda un misterio en tanta hermosura. Mientras, la ciudad parece mirar fijamente a las aguas del canal.
Ver más en:
http://www.365patagonia.com/tierra_del_fuego/luces-del-fin-del-mundo_nota1325.html
Con el timón al sur, la ruta de Darwin
Ushuaia luce espléndida desde la cubierta, aun con el manto de niebla que cubre la ciudad. La brisa del fin del mundo acompaña el vuelo de las gaviotas que revolotean alrededor de la embarcación, hasta que el estruendo del claxon rompe el silencio reinante y anuncia la partida. Nos internamos en el canal de Beagle, rumbo sur, hacia el mítico cabo de Hornos.
Es hora de las presentaciones de rigor: el capitán y la tripulación del Vía Australis –uno de los cruceros de expedición que realiza la travesía desde Ushuaia a Punta Arenas, en Chile– nos dan la bienvenida a bordo. Son alrededor de las nueve y media de la noche ¿o de la tarde? y por las ventanillas del salón comedor entra una luz que desorienta. Es que por estas latitudes el atardecer se hace rogar. En la hoja de ruta está marcada la hora exacta de la puesta del sol para las 21.55, y del amanecer para las 04.53.
La noche es movidita, y durante ese breve lapso de oscuridad despertamos de un sobresalto: la embarcación se sacude violentamente. Entramos en mar abierto camino al primer destino en este itinerario de tres noches. El cabo de Hornos es el punto más austral del mundo antes de la Antártida, y le ha quitado el sueño a más de un explorador, comenzando por Charles Darwin, el naturalista inglés que hace 150 años cambió el rumbo de la ciencia con sus ideas acerca de la evolución de las especies.
Darwin recorrió estos pagos australes entre 1833 y 1834, a bordo de la fragata HMS Beagle, capitaneada por el experto Robert Fitz Roy, y es aquí donde comenzó a desarrollar sus revolucionarias teorías mediante la observación de especies para él exóticas de la Patagonia. Hoy en día, el mismo derrotero del naturalista y otros intrépidos exploradores y corsarios de antaño se puede realizar a bordo de navíos seguros y confortables, a años luz de los que navegaron Fernando de Magallanes, William Drake o el propio Darwin, quienes arriesgaban todo contra viento y marea en aquellos viajes por la geografía indómita de una Patagonia virgen.
El cabo mas temido
“Su atención por favor, estimados pasajeros: nos estamos aproximando al cabo de Hornos. Si las condiciones climáticas lo permiten, el desembarco será a las siete. El desayuno para madrugadores está servido en el salón Yámana”, anuncia la voz de una tripulante por los altoparlantes.Son las seis, hay que levantarse, vestirse con un montón de ropa abrigadísima, sumarle el chaleco salvavidas, y aguardar hasta que el capitán decida si es posible o no desembarcar en el cabo. Darwin lo intentó y no pudo; el clima le jugó una mala pasada y su sueño de poner un pie allí quedó trunco. Así plasmó su profundo desencanto en el diario de viaje: “Parece que el cabo de Hornos exige que le paguemos tributo, y antes de cerrar la noche nos envía una espantosa tempestad” y al aproximarnos de nuevo a tierra al día siguiente, percibimos este famoso promontorio, envuelto en brumas y rodeado de un verdadero huracán de viento y agua. Inmensas nubes oscurecen el cielo, las sacudidas del viento y granizo nos asedian con tan ruda violencia que el capitán decide guarecerse en el abra Wigwam, un excelente puertecillo situado a poca distancia, y allí echamos el ancla precisamente el día de Nochebuena”.
En la cubierta, el viento helado contribuye al difícil despertar. Está nublado, y los guías de expedición se alejan en los botes zodiac hacia la escarpada costa para determinar si pisaremos la leyenda o no. Vuelven con buenas noticias: vamos a desembarcar.
Bajar no es nada fácil; el agua está a cuatro grados y caerse no es recomendable. El hombre que hace las veces de barman a bordo aguarda enfundado en un traje de neoprene y sumergido hasta el cuello para sostener los botes. El oleaje es fuerte y el descenso requiere una técnica repetida una y otra vez por los guías, que ayudan a sostener a cada pasajero.
Luego hay que subir una escalera de 160 peldaños que parece sin fin. Pero qué importa, ya estamos en cabo firme. Este lugar fue descubierto en 1616 por una expedición holandesa organizada por Isaac Le Maire, y declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en junio de 2005. Es un punto estratégico donde las aguas del Atlántico y el Pacífico se chocan y se funden, formando enormes olas que en tiempos remotos hicieron naufragar, sin dejar rastro alguno, a varios navegantes que se aventuraban en estos mares.
El viento sacude con violencia y se hace extremadamente difícil andar. Comienza a granizar y hay que caminar de espaldas para que las piedras no lastimen el rostro. Recorremos una larga pasarela de madera rumbo al monumento al cabo de Hornos, la escultura de hierro de un albatros –ave insignia de los hombres de mar– inaugurada en el año 1992 por iniciativa de la sección chilena de la cofradía de los “Cap Horniers” (la asociación que reúne a los capitanes que al mando de un barco hayan cruzado el meridiano del cabo de Hornos). Las ráfagas, de más de 30 nudos (70 kilómetros por hora), apenas permiten sacar las cámaras y arriesgar una instantánea bajo la célebre obra de arte.
En punta Espolón, al otro lado de la isla, se encuentra el faro más austral del planeta. Allí, en medio de la desolación reinante, vive una familia chilena –con televisión e Internet satelital– que tiene a su cargo tareas de control de tráfico, una oficina postal y la venta de souvenirs.
El naturalista y los aborigenes
Por la tarde, luego de una interesante charla acerca de Darwin en Patagonia, en la que el guía Rodrigo Fuentes repasa exhaustivamente la actividad del científico en el mismo sitio donde navegamos, desembarcamos en bahía Wulaia. Es un hermoso sitio, rodeado de leyendas sobre el que fue uno de los más grandes asentamientos de pueblos originarios de la región, el mismo en donde el naturalista inglés tuvo contacto con los yámanas por primera vez. Nómades y canoeros, las tribus subsistían gracias a la pesca y la caza de lobos marinos, mientras sus mujeres se arrojaban a las gélidas aguas completamente desnudas a bucear en busca de moluscos. Se embadurnaban el cuerpo con grasa y aceite de lobo o ballenas para protegerse del frío, aunque también se cubrían con pieles de animales.Durante su viaje anterior, Fitz Roy había llevado cuatro nativos a Inglaterra en un intento por “civilizarlos”. Les dieron los nombres de York Minster, Fuegia Basket, Jemmy Button y Boat Memory. El “objetivo”, en parte, fue logrado mientras vivieron en suelo inglés. Aprendieron el idioma, fueron evangelizados, se vistieron a la usanza local y llegaron a tomar el té con los reyes. Pero de vuelta en Tierra del Fuego recuperaron sus viejas costumbres, como la de andar desnudos, y desaparecieron entre los suyos sin dejar rastro alguno.
La primera impresión que tuvo Darwin al observarlos de regreso en su hábitat fue de espanto, al punto que les dedicó una brutal descripción en su bitácora: “En verdad que nunca había visto criaturas más abyectas y miserables. En la costa oriental llevan capas de guanaco, y en la occidental se cubren con pieles de foca... Estos desgraciados salvajes tienen el cuerpo achaparrado, el rostro deforme, cubierto de pintura blanca, la piel sucia y grasienta, los cabellos enmarañados, la voz discordante y los gestos violentos. Cuando se los ve cuesta trabajo creer que son seres humanos, habitantes del mismo mundo que nosotros”. Tiempo después, sin embargo, el científico se retractaría.
El clima cambia repentinamente por estas latitudes, y la tarde se presenta un tanto más soleada y agradable que la hostil mañana. El desembarco en la bahía es más simple que en el cabo. Una vieja casona, que fue el hogar de una familia granjera hasta principios de siglo XX, es hoy un centro de interpretación.
Hay dos alternativas para recorrer este paraje donde reina el bosque magallánico, poblado de lengas, coihues, canelos y helechos, y sobrevolado por una gran cantidad de albatros, cormoranes y gaviotas: aventurarse en un trekking hasta lo más alto, donde se obtiene una hermosa panorámica y se puede llegar a observar una pareja de castores en su castorera, o disfrutar de una caminata más suave por la costa. Como broche final de la visita, un whisky con verdadero hielo glaciar bajo un bondadoso sol austral.
Rumbo a los Glaciares
Navegando nuevamente por el estrecho canal de Beagle, donde el oleaje es mucho menor, la segunda noche se presenta más serena y el sueño más fácil de conciliar. No es necesario madrugar, ya que solo desembarcaremos por la tarde, pero la actividad a bordo no cesa: una charla sobre el estrecho de Magallanes, una clase de nudos marineros y una introducción al vino chileno por parte del maître amenizan la mañana.Pasado el mediodía, el Vía Australis se interna en el Seno Chico, que lleva hacia el punto de un nuevo desembarco, la entrada del fiordo Alacalufe. Abordamos los zodiacs para llegar al pie de los imponentes glaciares Piloto y Nena. El agua está llena de bloques de hielo a la deriva y Rodrigo, el guía, se esfuerza en recogerlos para abastecer el bar.
A medida que nos adentramos en el fiordo, varios cormoranes que anidan en sus paredones de piedra revolotean alrededor. Llevan comida para sus pichones, que están aprendiendo a volar. Los botes se estacionan a pocos metros de los imponentes y milenarios glaciares, probablemente destinados a desaparecer a causa del calentamiento global, aunque algunos científicos sostienen que su lenta extinción es parte de un ciclo natural.
Cada tanto suceden pequeños desprendimientos. Los guías piden calma para poder escuchar, justamente, los sonidos del silencio, tan abrumador como la impresión que causa estar en este rincón de fría belleza. Un rato después, volvemos a bordo. Por la noche somos agasajados con una suculenta cena de despedida, con centolla, congrio y otras delicias marinas. Más tarde habrá un brindis y el tradicional remate de la carta de navegación original.
La Isla de los Pinguinos
El Vía Australis surca el estrecho de Magallanes rumbo a Punta Arenas, destino final de esta travesía. Según indica el itinerario, el sol despuntará en el horizonte a las 4.53. Este cronista se ve en la obligación de presenciar al menos un amanecer en el fin del mundo y está de pie en la cubierta a las 4.30 de la mañana, tiritando de frío. El esfuerzo vale la pena, un sol amarillo furioso surge en el horizonte austral.A las 6.00, la voz del oficial de turno invita gentilmente a un café y a asistir a las instrucciones pertinentes para el descenso. El último sitio por visitar es la isla Magdalena, hogar de una colonia de unos 85.000 pingüinos de Magallanes, además de gran cantidad de cormoranes, caiquenes, skúas, gaviotas, carancas, palomas antárticas y bandurrias.
La isla está protegida por la Corporación Nacional Forestal, encargada de velar por la vida animal y silvestre en territorio chileno. El cielo está limpio, de un celeste intenso, y desde el crucero se divisa el faro rojo y blanco donde funciona un centro de interpretación ambiental, rodeado de miles de pingüinos que se ven como pequeños puntitos negros.
Otra vez abordar los zodiacs, vientito en la cara, el agua helada que salpica cada tanto. En un breve lapso estamos con los pies en tierra firme, cara a cara con estas entrañables aves que visten de frac. Nos explican que pueden estresarse si hay demasiada cercanía, pero no parecen muy preocupados por la presencia humana mientras caminamos entre ellos dentro de su territorio. Algunos juguetean entre sí, parecen cortejarse; otros se refugian en sus nidos y cuidan celosamente de sus crías y huevos del acecho de las temibles skúas, atentas a cualquier descuido. Y otros tantos caminan con su modo tan particular y simpático, bamboleándose a un lado y otro.
Los guías comienzan a llamar: es hora de volver a la embarcación, Punta Arenas está cerca y hay horario marcado para llegar. Desde el barco avistamos los coloridos techos de la ciudad continental más austral del globo. La travesía por los intrincados canales patagónicos y sus paisajes de ensueño llega a su fin, dejando atrás la senda marítima que hace 150 años sirvió de inspiración a Darwin para una de las teorías científicas más revolucionarias de la historia.
Datos útiles
- Cómo llegar: Aerolíneas Argentinas y LAN vuelan a Ushuaia diariamente. Los pasajes ida y vuelta desde Buenos Aires cuestan entre 950 y 1700 pesos, aproximadamente.Fuente: Página 12 Turismo
De turismo por el Glaciar Perito Moreno
Tomar fotos del glaciar más famoso de la Argentina es así. Prácticamente un vicio, aunque uno lo haya visto antes, aunque haya sacado las mil y una fotos y videos.
Tal vez eso explique el porqué de un turismo que continúa en ascenso por estos confines del mundo, sin importar que se trate de uno de los destinos más caros del país, si no el más caro.
Desde que el aeropuerto internacional le abrió la puerta grande al glaciar, hace apenas 10 años (antes había que volar a Río Gallegos y desde allí hacer 300 kilómetros por tierra), el Parque Nacional Los Glaciares pasó de recibir 60.000 personas en la década del 80 a más de medio millón en los últimos años (en temporada alta llegan hasta tres mil personas por día).
El Calafate, a 80 km y base para la mayoría de visitantes, también recibió los coletazos del boom: de una población más o menos estable de cuatro mil personas saltó a 20.000 habitantes en una década. La cara más visible de este crecimiento repentino es el surgimiento de nuevos hoteles, muchos con varias estrellas en su haber, otros tantos de dudosa propiedad (pero no vamos a entrar en la arena política). Por lo demás, en las pocas cuadras céntricas que flanquean la Avenida Libertador siguen más o menos inalterables los negocios de dulces regionales, artesanías y ropa deportiva (y un casino estilo Las Vegas que nada tiene que ver con el paisaje patagónico).
Así quedó claro que la infraestructura del Perito Moreno no iba a dar abasto. Por eso se remodeló el parking, se estrenó una confitería, se hicieron nuevos baños, se asfaltó la ruta de ripio que llegaba hasta la entrada del parque y, lo más importante, se habilitaron las nuevas pasarelas que miran a la pared frontal del glaciar (en mayo de este año se terminaron de agregar los últimos senderos): 4 km de acero sostenido también sobre pilares de acero, a casi un metro de altura (la idea es que no se corte la vegetación ni la fauna autóctonas), con rampas y hasta ascensor incluidos.
Parece mentira, pero hasta que se inauguraron las primeras pasarelas de madera, a fines de los 80, murieron 32 personas que se acercaron demasiado y no pudieron anticipar la fuerza de las olas y las esquirlas que se desprenden con violencia de los bloques. Porque hay que escuchar cómo ruge y truena esta mole de hielo, que además se quiebra y desgaja con estrépito en forma constante. Los célebres rompimientos, por otro lado, no se pueden predecir. El último ocurrió en julio de 2008, en pleno invierno, y el anterior, en marzo de 2006, en plena noche. Por otro lado, el rompimiento de marzo de 2004 fue el más mediatizado de la historia (hacía 16 años, además, que no se daba el espectacular fenómeno).
Más allá de las pasarelas, otra de las opciones para acercarse a la masa de hielo acumulada (porque no es hielo, sino eso, nieve acumulada) es el llamado safari náutico, que no es otra cosa que navegar por el por el canal de los Témpanos. Sólo desde esta perspectiva se puede tomar conciencia de la majestuosidad del glaciar y la altura real de sus paredes, de unos 50 metros en promedio ("Más o menos como un edificio de 16 pisos", compara el guía). Y si bien en su superficie cabe la ciudad de Buenos Aires, el Moreno no es el glaciar más grande: el Upsala, con 595 km2, lo triplica en tamaño.
El minitrekking sobre el mismo glaciar, la tercera opción, es el preferido por muchos para explorar este mundo de sumideros y hoyos y pasadizos. No requiere de más dificultad que poder calzarse los grampones y no salirse de la fila india que encabezan los guías (el Big Ice, por el contrario, es un excursión con mayor grado de tecnicismo, y el límite de edad para hacerla son los 45 años).
Lo mejor opción, en todo caso, es visitar el glaciar por esta época, cuando el frío no es tan frío y se puede tener el raro privilegio de tenerlo prácticamente para uno. Sin tener que esperar a que el grupo de japoneses se disperse para sacar la foto, o abrirse paso entre las hordas de alemanes y españoles y jubilados cordobeses para terminar haciendo el clic sobre la cabeza de alguno. Porque al fin y al cabo, dejar de sacar fotos a tamaña maravilla es mucho pedir.
Datos útiles
Cómo llegar:LAN opera un vuelo diario con escala en Ushuaia, con tarifas desde $ 1368 (impuestos incluidos).
Informes: 0810-9999-LAN (526); www.lan.com
Excursiones
Minitrekking: $ 430 por persona (hay que sumarle el transfer, que es de $ 70 para el regular y $ 450 el privado).
Big Ice: $ 720
Safari náutico: $ 50.
Entrada al parque: $ 25 (35 a partir de enero).
Fuente: La Nación Turismo
Tierra del Fuego. De excursión por las vías del Tren del Fin del Mundo
La Isla Grande de Tierra del Fuego no sólo está separada del continente por el estrecho de Magallanes, sino que está rodeada al sur por el canal de Beagle, al este por el océano Atlántico y al oeste por el océano Pacífico. La isla es compartida por Chile, a quien pertenece la sección oeste, y la Argentina, a quien pertenece el este. Pero si la parte chilena, donde la Cordillera de los Andes entra en contacto con el mar, es elevada, muy accidentada y con gran cantidad de fiordos, la parte argentina posee en cambio costas menos abruptas. A semejante escenografía se le debe sumar un clima inhóspito, con veranos cortos y frescos –en los que incluso puede nevar– e inviernos largos y húmedos durante los cuales el sol aparece alrededor de las 9.30 y se va rápidamente hacia las tres de la tarde. Con tales condiciones, ¿qué mejor lugar para establecer una cárcel de reclusos peligrosos?
Corría el año 1895 cuando el entonces presidente argentino Julio A. Roca firmó un decreto para establecer una colonia penal en los territorios del sur del país, en la actual Ushuaia, cuyo nombre significa en lengua yámana “bahía que penetra hacia el poniente”. Si bien los orígenes de la ciudad se remontan a 1869, con la llegada de un misionero anglicano llamado Stirling que había ido a evangelizar a los nativos, fue la decisión de instalar el penal lo que impulsó su desarrollo y crecimiento. A partir de 1896 se habilitó una cárcel en instalaciones muy precarias, adonde llegaban condenados a pena de presidio, reclusos de cuidado destinados al peldaño anterior a la pena de muerte.
Entretanto más al sur de Ushuaia, en la Isla de los Estados, había un presidio militar junto al faro de San Juan de Salvamento. Conocido como “Faro del Fin del Mundo”, es el mismo que inspiró a Julio Verne su novela homónima y cuya réplica hoy se puede ver, en tamaño natural, en el Museo del Presidio. Pero en 1899 se decidió trasladar a los presos hacia Tierra del Fuego, debido al frío y la extrema humedad de la Isla de los Estados. Además en Tierra del Fuego, un destino un poco más humanitario, los reclusos podrían cumplir tareas de forestación y minería. Finalmente en 1902 treinta y seis de los prisioneros fueron llevados a la Isla Grande para comenzar a levantar el edificio definitivo del penal.
Presidio y tren
La construcción comenzó ese mismo año, frente a la esquina de las actuales calles Yaganes y Gobernador Paz, con la mano de obra de todos los reclusos. El edificio fue erigido con materiales de la zona: roca basáltica, madera, arcilla y arena de los riachos cercanos. Pero el traslado de los materiales se hacía arduo y sumamente lento, de modo que el entonces director del penal, el ingeniero Muratgia, solicitó la compra de rieles tipo Decauville. Mientras esperaban los rieles, que arribaron recién en 1908, utilizaron otros equivalentes de madera y armaron un xilocarril (tren de madera) con bueyes que arrastraban los pequeños vagones de carga. Ese humilde xilocarril, con una trocha inferior a un metro de ancho, fue el origen del tren más austral del mundo.A partir de 1909, el pequeño tren de los presos se desarrolló velozmente con rieles tipo Decauville y una trocha de 60 centímetros. El nuevo medio de transporte salía todos los días del presidio hacia el campamento de tala de bosques, cruzando la ciudad por la costanera a través de la actual Avenida Maipú. Así se convirtió en una herramienta fundamental para acelerar la construcción del penal y proveer durante todo el año leña destinada a cocina y calefacción. Con el correr del tiempo se aumentó el número de las máquinas y vagones, y el tren comenzó a usarse también para carga y descarga de mercadería del muelle al presidio y viceversa. El tren contó con locomotoras como la Orenstein & Koppel y la Jüng. En la actualidad se pueden ver la Nº 2 (una de las Orenstein & Koppel) y un coche en el predio del Museo de la Prisión. En un comienzo, y durante dos décadas, el tendido ferroviario corría por la ladera este del Monte Susana, pero cuando las locomotoras originales no pudieron subir las partes más elevadas el ramal continuó por el centro del valle del río Pipo, en lo que hoy es el Parque Nacional Tierra del Fuego.
El presidio terminó de construirse en 1920. Contaba con cinco pabellones de dos pisos cada uno, dispuestos en forma de estrella alrededor de un vestíbulo central. En total había trescientas ochenta celdas. Cada celda, de cuatro metros cuadrados y muros de roca de sesenta centímetros, alojaba un solo prisionero. Sin embargo, en algunos momentos la cárcel llegó a alojar a más de seiscientos penados usando las caballerizas como celdas comunes. Recién en 1943 se inauguró un moderno hospital que, por mucho tiempo, fue el único de la zona. Además se instalaron talleres de carpintería, herrería, sastrería y panadería para dar a los presos un oficio cuando estuvieran en libertad. Sin embargo, estos talleres no sólo satisfacían las necesidades de la cárcel, sino que prestaban servicios a toda Ushuaia brindando la primera imprenta, el primer teléfono y electricidad. Así fue como la ciudad fue creciendo, de la mano de los presos que construían calles, plazas y puentes.
El penal fue, sin dudas, uno de los principales motores de la actividad económica de Ushuaia. Unas doscientas cincuenta personas, entre guardias y celadores, custodiaban a los penados. Hasta que, en 1947, la cárcel fueguina fue clausurada por el presidente Juan Domingo Perón, por razones humanitarias. Las instalaciones fueron transferidas al Ministerio de Marina y en ellas se instaló una base naval. Entretanto, en 1949 se produjo un terremoto y gran parte del tendido ferroviario quedó bloqueado: los días del tren parecían estar definitivamente contados. El gobierno trató de ponerlo en servicio nuevamente, pero el tren de los presos dejó de circular en 1952.
Al parque por los rieles
En 1994, cuarenta y dos años después de su último servicio el convoy retomó su recorrido histórico, pero esta vez convertido en tren turístico y a cargo de una empresa privada. En la actualidad es la vía férrea en funcionamiento más austral del mundo. El tramo actual reconstruido es de ocho kilómetros (el original era de veinticinco) y la trocha tiene sesenta en lugar de cincuenta centímetros. Las locomotoras actuales son dos a vapor y cuatro diesel, la última de ellas incorporada en 2006. De las dos a vapor una fue adquirida en Inglaterra a la firma Wilson Engineering (una 2-6-2T bautizada “Camila”) y la otra fue fabricada en Argentina. El recorrido es la parte final de la línea que unía el presidio con los campos de trabajo situados en lo que hoy es el Parque Nacional, que abarca 63 mil hectáreas y se encuentra 11 kilómetros al oeste de Ushuaia.La reserva, que este año festeja sus cincuenta años con varios eventos, fue creada en 1960 para proteger la zona más austral de la Cordillera de los Andes y el bosque subantártico. En este clima se han desarrollado árboles de la familia de los Nothofagus como la lenga, que en otoño pasa del verde a un rojo intenso. En algunas zonas más expuestas los vientos son tan fuertes que los troncos y las ramas crecen torcidos por la fuerza de las ráfagas: son conocidos con el nombre de “árboles-bandera” por la forma que adquieren en su lucha contra el viento. También hay turbales rojizos que dan un gran colorido al verde predominante de la isla. El Parque Nacional Tierra del Fuego es el único de la Argentina que combina costa, bosque y montaña y donde habitan zorros colorados, guanacos, nutrias marinas, cauquenes marinos, patos y más de noventa especies de aves. También se pueden ver conejos y castores, verdaderos ingenieros hidráulicos que traen serias complicaciones cuando construyen diques en ríos y arroyos para proteger su madriguera. El problema radica en que los castores, nativos de Norteamérica, fueron introducidos, no tienen depredadores naturales y para comer y hacer diques derriban cuatrocientos árboles al año desequilibrando el ecosistema. Se estima que en Tierra del Fuego hay 70 mil castores, una verdadera plaga.
El tren actual no sale del presidio sino de la Estación Fin del Mundo, cabecera del ferrocarril que se encuentra continuando la RN Nº 3 ocho kilómetros al oeste de Ushuaia, cerca del Valle del río Pipo, entre el Monte Susana y la cadena montañosa Le Martial. La pintoresca estación alberga un salón de espera donde muchas veces hay una banda tocando música en vivo. Los rústicos vagones de carga han sido reemplazados por pequeños y cómodos coches pintados de color rojo, tan pequeños que es necesario agacharse un poco para entrar, y le dan a todo el tren cierto aspecto de juguete. Una vez en marcha, desde los grandes ventanales se puede apreciar una parte del Parque Nacional donde prácticamente no quedan árboles luego de la intensiva explotación forestal por parte de los presos. En la estación Cascada de la Macarena los pasajeros pueden descender por quince minutos: entretanto, una entretenida y novelada voz en off, con traducciones a varios idiomas, va relatando la historia del tren y las penurias allí vividas. Cuesta imaginar que cien años atrás esas mismas vías transportaban a reclusos con trajes a rayas, habitantes de las cercanías de un paraíso pero en condiciones de penuria inimaginables
Fuente: Página 12 Turismo
Tierra del Fuego. Nieves eternas en Ushuaia
Además de esquí y snowboard, los centros invernales ofrecen actividades como patinaje sobre hielo, escalada en hielo, caminatas con raquetas de nieve, esquí nórdico y alpino, motos de nieve y paseos en trineos tirados por perros.
El Cerro Castor es el complejo de esquí local más importante y es uno de los más modernos del país. La de este año será su 11ª temporada. Posee 600 hectáreas esquiables, 25 pistas y fuera de pista que se mezclan con zonas boscosas. Posee 4 telesillas cuádruples, tres teleski y dos cintas transportadoras, snow-park y un lodge con 15 cabañas.
La calidad de la nieve del cerro es de lo mejor a nivel mundial, y el centro de esquí tiene calidad internacional de la mano de sus dueños y administradores, la familia Begue. Los precios por el uso de medios de elevación van desde $ 123 a $ 190, dependiendo de la temporada.
Travesía por los confines del mundo
Desde Ushuaia a Río Grande, por el majestuoso paisaje austral, un espléndido circuito que combina historia y aventura.
Unidos por la belleza de sus paisajes y por la ruta 3, Ushuaia, Tolhuin y Río Grande forman un circuito ideal para recorrer Tierra del Fuego. En esta época, las jornadas de sol son más largas y resultan óptimas para realizar caminatas, circuitos en bicicletas, paseos a caballo y excursiones náuticas.
Ushuaia cautiva con la silueta de la cadena Martial, ubicada detrás de la ciudad, que mira hacia el Canal de Beagle. La capital es famosa por sus paisajes y su historia, contada en detalle en los museos Del Fin del Mundo, Marítimo y Mundo Yámana.
El clásico Tren del Fin del Mundo parte de una estación ubicada a 8 km de la ciudad y corre a lo largo del río Pipo hasta La Macarena, donde pueden contemplarse una cascada y una imponente vista del valle.
Por un sendero se llega hasta un asentamiento que recrea la vida de los originarios pobladores yámanas. El tren sigue su recorrido -de 14 km ida y vuelta- hasta el Parque Nacional Tierra del Fuego, después de atravesar un turbal y un bosque de coihues y lengas.
Por el Canal de Beagle
Una de las experiencias más recomendables es navegar por el Canal de Beagle, bordeando sus bahías e islotes, conocer su avifauna, llegar hasta la Isla de los Lobos, fijar la vista en el Faro Les Eclaireurs y obtener una vista panorámica de toda la ciudad. Hay diversos tipos de embarcaciones e itinerarios.
Para los que prefieren ponerle el cuerpo a la naturaleza, una opción es el Parque Nacional Tierra del Fuego, a 12 kilómetros del casco urbano. Las 63.000 hectáreas que lo conforman ofrecen senderos con distintos niveles de dificultad, que pueden recorrerse a pie o en bicicleta.
Entre los puntos destacados por su belleza, figura la senda costera, que une el camping Ensenada con la bahía Lapataia, y permite conocer la costa marina de la isla.
Otro imperdible es el camino al glaciar Martial, excursión que ocupa todo el día y presenta una dificultad intermedia. El premio: la caminata termina al pie del bloque de hielo.
Los que disfrutan pedaleando pueden realizar el Camino del Atlántico, de 17 km, un sendero que comienza en el río Olivia, recorre la costa del canal en sentido oeste-este y llega hasta la abandonada estancia Túnel.
Mucho más corta -se recorre en cuatro horas-, la senda del presidio comienza en el cruce de las calles 12 de Octubre y Alem, desde donde se parte en sentido sudoeste y luego de dos kilómetros se desvía hacia la derecha. A pocos metros se observan los montes Susana y el cañadón de la Oveja, desde donde se regresa a la ciudad.
Una inolvidable aventura reserva el canopy en el cerro Martial. Equipados con arneses y poleas, los aventureros vuelan sobre las copas de los árboles uniendo estructuras de madera. Desde estas bases se cruzan bosques y ríos.
Como un corazón
A 90 km de Ushuaia por la ruta 3, está Tolhuin, cuyo nombre significa "como un corazón" en lengua ona. Pero 30 km, por un camino zigzagueante que trepa hasta cruzar la cordillera, los visitantes suelen perder el aliento ante el paso Garibaldi, que descubre entre las montañas una increíble vista del lago Escondido. Desde allí se puede bajar por un sendero hasta alcanzar la orilla de las aguas verdes.
Tolhuin, una aldea de 7.000 habitantes propone cabalgatas, trekking, mountain bike, canotaje, cuatriciclos y travesías en 4x4 en torno a los lagos Fagnano y Yehuin. El Fagnano está rodeado de bosques de lengas, guindos y ñires. Los que deseen explorar sus aguas, pueden hacer una navegación de medio día o de jornada completa y pescar truchas arcoiris desde noviembre hasta abril.
Enclavada sobre la desembocadura del río que le da su nombre, Río Grande es conocida como "La Capital Nacional de la Trucha". Los mejores ámbitos para practicar pesca deportiva son los ríos Grande, Menéndez e Irigoyen. Allí abundan truchas arcoiris, de arroyo y marrón. Las excursiones por estos ríos pueden durar desde un día hasta una semana.
Muchas hosterías se levantan cerca de los lugares de pesca. Otra posibilidad de hospedaje es el Circuito de las Estancias. Las Hijas, Tepi, Aurelia y María Behety son algunos establecimientos rurales dedicados al turismo, que se utilizan como puntos de partida para adentrarse en la naturaleza, a caballo o caminando.
A 11 kilómetros de Río Grande, la misión salesiana Nuestra Señora de la Candelaria testimonia la tarea evangelizadora de la orden salesiana durante la colonización y la actividad rural en la zona.
De aquí parten cabalgatas, que duran desde una hora hasta tres horas y media, con rumbo hacia las lagunas Don Bosco y El Remanso, Cabo Domingo y el Cementerio Aborigen. Una experiencia inolvidable.
Fuente: Clarín Turismo
30/nov al 4/dic - Semana de la Antartida
Desde el 30 de noviembre al 4 de diciembre, y como sucede desde hace ya tres años, diversas instituciones públicas, privadas y mixtas de Ushuaia llevarán a cabo la “Semana de la Antártida”, en adhesión a los festejos por el 50º Aniversario de la firma del Tratado Antártico.
La entrada es libre y gratuita.
Las actividades se desarrollarán en el Salón de Usos Múltiples del Museo Marítimo.
Más información en: www.museomaritimo.com