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Conociendo el Nahuel Huapi, el lago más azul


El lago Nahuel Huapi es un clásico de la Patagonia Argentina, que se accede principalmente desde San Carlos de Bariloche y Villa La Angostura.

El lago ocupa 56.000 hectáreas, dentro de las 750.000 hectáreas que ocupa el Parque Nacional Nahuel Huapi (el más antiguo del país).

Los primeros habitantes comenzaron a navegarlo por la ausencia de caminos y transporte terrestre, pero desde el año 1920 aproximadamente, comenzó a verse al lago Nahuel Huapi como una atracción turística.

La mayoría de las excursiones parten desde el remodelado Puerto Pañuelos, en Bariloche. Está ubicado a 20 Km del centro de la ciudad, en el barrio del Llao Llao.

Desde allí pueden hacerse el tradicional paseo a Isla Victoria y Bosque de Arrayanes, y también la navegación a Puerto Blest y Lago Frías.

Conociendo Isla Victoria y Bosque de Arrayanes

Luego de una hora de navegación, se llega a la Península de Quetrihue, donde está el famoso arrayanal con ejemplares de hasta 200 años de antigüedad, ubicado muy próximo a Villa La Angostura.
El Bosque de Arrayanes se puede recorrer a través de un sendero de tablas muy bien señalizado, que llega hasta la casa de té.
La excursión sigue hasta la Isla Victoria, que tiene 31 kilómetros cuadrados, con playas de arena volcánica, acantilados y espléndidos puertos naturales en las bahías Anchorena y Totoras.
Los primeros Misioneros jesuitas europeos llegaron al lago en 1670 provenientes de Castro, en Isla de Chiloé, Chile. Entre ellos iba Nicolás Mascardi, que fundó la Misión del Nahuel Huapi en la península Huemul para evangelizar nativos. Sin embargo, la misión fue abandonada en 1718.
Luego de dos siglos, en el año 1876, el perito Francisco Moreno remontó el río Limay y llegó a la costa este del lago.

Historia de la Isla Victoria

En el año 1620, el conquistador español Juan Fernández la avistó mientras buscaba la Ciudad de los Césares y encontró puelches y poyas que la llamaban “Isla Nahuel Huapi”, que en mapudungun significa “Isla del Puma o Tigre”.
A fines del siglo XVIII llegó el misionero Francisco Menéndez, que la encontró deshabitada.
El nombre de la isla cambió con cada explorador: Fonck la llamó Isla de Fray Menéndez y Guillermo Cox la rebautizó Isla Larga, hasta que una expedición en 1883 la llamó “Victorica”, hasta que los lugareños la definieron con el nombre actual de Isla Victoria.
El millonario excéntrico Aaron Anchorena, quien llegó como turista como amigos en el año 1902 y se instaló en una bahía reparada, precisamente la que hoy se conoce como Puerto Anchorena, quien obtuvo el permiso y creó una estancia modelo en 1907, con aserradero, muelle y un chalet. En sus viajes ingresó a la isla plantas exóticas, faisanes y ciervos axis para cazar. Finalmente devolvió la isla al Estado en el año 1916, con muchas especies animales y plantas nuevas ingresadas a la isla.

Puerto Blest y Lago Frías

Los orígenes de Puerto Blest se remontan al 1900, cuando una empresa argentino-chilena transportaba carga y pasajeros en un vapor, en un viaje que duraba siete días, mientras que este mismo viaje demoraba sesenta días por vía terrestre.
La empresa dejó de funcionar, pero igualmente se continuó con este recorrido, entonces se construyeron muelles y hoteles en ambos países.
Esta excursión sale también desde Puerto Pañuelo, se navega por el brazo Blest (el más importante de los siete que tiene el Nahuel Huapi). Inicialmente, se pueden ver los cerros Capilla y Millaqueo, luego la Isla Centinela (donde descansan los restos del Perito Moreno). También se aprecian el Cerro López y las Islas Gemelas, y se atraviesa por la parte más profunda del lago con casi 460 metros de profundidad.
Luego de una hora se llega a Puerto Blest y allí hay se puede optar por:
a- continuar en ómnibus hasta Puerto Alegre y embarcarse por el Lago Frías en medio de un frondoso bosque con la cumbre nevada del Tronador
b- seguir a Puerto Cántaros por la selva valdiviana y luego ascender hasta el lago y la cascada homónimos.

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Titulo: Nahuel Huapi, el lago más azul.
Publicado el 27/02/2012.
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Sitio: 365patagonia.com
Provincias: Río Negro
Ciudades: San Carlos de Bariloche
Ver en: http://www.365patagonia.com/rio_negro/san_carlos_de_bariloche/nahuel-huapi-el-lago-mas-azul_n.html
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La historia del Hotel Correntoso

En un imponente rincón patagónico –donde el río Correntoso desemboca en el lago Nahuel Huapi– existe desde 1917 una hostería que encierra historias de pioneros que contribuyeron al desarrollo turístico de Villa La Angostura.

El 4 de abril de 1903, el italiano Primo Capraro se acercó por sugerencia de un amigo a conocer el virginal rincón patagónico donde el río Correntoso –que mide apenas 132 metros– une el lago del mismo nombre con el Nahuel Huapi. La idea era comprar un terreno y forjar una historia más próspera que la que podía deparar la belicosa Europa. Eran tiempos en que viajar a la Patagonia –y más aun instalarse en ella– era todavía una aventura de locos.

Los Capraro –según detalla Yayo de Mendieta en su libro Apuntes del Correntoso– se instalaron a principios del siglo XX sobre un risco que da a la desembocadura del río, pero fue recién en 1917 cuando comenzó a funcionar una hostería que no tenía cartel pero que todos conocían como la Pensión de Doña Rosa. Los anfitriones eran Primo Capraro y su esposa alemana Rosa Maier. El servicio era simple –con apenas tres cuartos y un baño– y lo utilizaban los viajeros que iban rumbo a Chile cruzando por el Paso Cardenal Samoré. Además los Capraro tenían allí un pequeño almacén de ramos generales donde los lugareños trocaban carne, leche y queso por azúcar, aceite y yerba mate.

Ver mas en
http://www.365patagonia.com/neuquen/la-historia-del-hotel-correntoso_nota1506.html

Neuquén y los bellos rincones cordilleranos

Las localidades de San Martín de los Andes y Villa La Angostura se destacan por su preservación como aldeas de montaña, un entorno apacible de gran belleza, y también por las opciones de turismo cultural rural, ligado a los pueblos originarios. En ese sentido, la Secretaría de Turismo de San Martín de los Andes consolidó un convenio con la Comunidad Mapuche Vera para desarrollar un proyecto de “turismo rural comunitario”, que agrega valor a la oferta del lugar.

Las comunidades originarias trabajan junto al personal técnico municipal en la organización, planificación y desarrollo de nuevos servicios y actividades para el turista, con el objetivo de rescatar y revalorizar la cultura mapuche. De la mano de esta idea el visitante accede a conocer la economía de la comunidad y su aporte potencia las actividades productivas, artesanales, recreativas y de servicios turísticos.

Ver mas en:
http://www.365patagonia.com/neuquen/bellos-rincones-cordilleranos_nota1388.html

Sabor patagónico en Villa La Angostura

Además de los soñados paisajes de lagos y bosques, Villa La Angostura ofrece la delicia de una gastronomía que utiliza ingredientes regionales como carne de ciervo, trucha, cordero patagónico y jabalí, hongos de pino y ciprés, y frutos rojos como cerezas, frambuesas o frutillas. Una recorrida por algunos de los mejores restaurantes de la ciudad.

Villa La Angostura está rodeada por el Parque Nacional Nahuel Huapi, en uno de los rincones más verdes de la Patagonia, donde las montañas conforman anfiteatros naturales alrededor de los lagos. Y junto a la costa de esos lagos sobresalen las casas con techo a dos aguas que le dan al lugar un aire de aldea alpina trasplantada desde el centro de Europa.

Ver más en:
http://www.365patagonia.com/neuquen/sabor-patagonico-en-villa-la-angostura_nota1419.html

Sabor patagónico en Villa La Angostura

Además de los soñados paisajes de lagos y bosques, Villa La Angostura ofrece la delicia de una gastronomía que utiliza ingredientes regionales como carne de ciervo, trucha, cordero patagónico y jabalí, hongos de pino y ciprés, y frutos rojos como cerezas, frambuesas o frutillas. Una recorrida por algunos de los mejores restaurantes de la ciudad.

Villa La Angostura está rodeada por el Parque Nacional Nahuel Huapi, en uno de los rincones más verdes de la Patagonia, donde las montañas conforman anfiteatros naturales alrededor de los lagos. Y junto a la costa de esos lagos sobresalen las casas con techo a dos aguas que le dan al lugar un aire de aldea alpina trasplantada desde el centro de Europa.

Además de las excursiones por algunos de los paisajes más hermosos de la Patagonia, como el Corredor de los Siete Lagos, Villa La Angostura tiene una gastronomía muy propia que la distingue de otros destinos de la región. Hay más de una veintena de restaurantes y en general las recetas se basan en la cocina internacional reelaborada con productos locales como carne de ciervo, trucha, jabalí, cordero patagónico y liebre (al escabeche, como relleno o paté). También se cocina con productos del Atlántico, como salmón blanco y merluza, y salmón rosado traído de Chile. Algunas de estas combinaciones son los ravioles de trucha, el queso de cabra en las ensaladas y el uso de hongos de pino o de ciprés (morillas) en toda clase de comidas.

Para Alejandro Echassendague –chef del restó con vista al lago del hotel Sol Arrayán, quien lleva años trabajando en la ciudad– en la gastronomía local sobresalen tres restaurantes gourmet que son Las Balsas, Tinto Bistró y Waldhaus, este último especializado en platos centroeuropeos como raclette y las fondues bourguignonne (de carne) y suiza (de queso). “Estos son los que se distinguen y el resto está a un nivel bastante bueno y muy parejo”, opina Echassendague. A su modo de ver, la gastronomía de la ciudad se define por una gran variedad: si por un lado están los citados establecimientos gourmet, al mismo tiempo hay otros especializados en pastas como Nicoletto, otros sólo para comer pizza como Puerto Pirata, y luego los restaurantes de cada hotel.

En Sol Arrayán, un hotel inaugurado hace tres años, Echassendague busca que el acompañamiento del plato principal no altere el sabor del producto local: “Que la estrella, por ejemplo, sea la trucha y no la guarnición”. Por tratarse del restaurante de un hotel, con huéspedes muy variados, evita la sofisticación al estilo gourmet en pos de una cocina “simple, sabrosa y vistosa”, apuntando al gusto masivo que no deje a nadie afuera por tener un perfil demasiado definido. Un acompañamiento para la trucha puede ser entonces un puré acidulado con limón, espinacas salteadas y salsa de jamón crudo, avellanas y hierbas suaves como salvia, perejil y tomillo ($63). Como entrada el chef recomienda la sopa de hongos, el lomo con ragú de hongos y el risotto con hongos, todos de la zona.

Una de las especialidades en Sol Arrayán es el cordero en dos cocciones. Es decir que una parte del plato es un rollo de cordero braseado con cocción larga y a baja temperatura. Y la otra parte es una costilla sellada en la plancha y al horno. El plato se acompaña con papas rösti, estofado de acelga y reducción de Malbec. Esta preparación ofrece al paladar dos texturas distintas de una misma carne: la parte braseada es tierna y suave y se deshace en la boca, mientras la costilla conserva la esencia del cordero asado con su sabor original. Para los postres, acompañados por la música de Ella Fitzgerald y Tony Bennett, se puede probar un parfait de Bailey’s con compota de frutos rojos ($30).

En el Correntoso

El Hotel Correntoso tiene el restaurante hotelero más antiguo de Villa La Angostura (en verdad se creó primero el hotel y a su alrededor la ciudad). El chef es Fernando Capuzzi, al frente del restaurante Belluno, así llamado por la ciudad de origen de la familia Capraro, fundadora del establecimiento. “Nosotros tratamos de escaparle a lo clásico pero sin irnos hacia el lado vanguardista”, asegura Capuzzi, quien también evita manipular demasiado los productos patagónicos para que no pierdan su sabor original. Al estar ubicados justo en la boca del río Correntoso –un excelente lugar para la pesca de salmónidos–, Belluno pone mucho énfasis en los platos con trucha. Aquí es frecuente comer mientras se ve por los ventanales a los pescadores que arrojan sus moscas... Las guarniciones son “tranquilas”, como un puré de maíz, una emulsión de arvejas o un aromático arroz thasmin.

Una entrada en el restaurante Belluno puede ser una sopa de maíz con crutones aromatizados ($36) o los hongos salteados con provoleta dorada ($38). Como plato principal se puede optar por la trucha dorada sobre ensalada de legumbres, tomates secos y espinaca salteada. Otra alternativa es el cordero sauté sobre puré rústico de papa. Y para los postres una opción es el ananá dorado con crema helada sobre masa crocante.

Además de Belluno, el hotel Correntoso tiene el Restaurante del Puerto ubicado en la costa misma del lago, donde se ofrece una cocina más criolla y un ambiente relajado e informal. Allí se puede comer cordero patagónico a la parrilla o pata de cordero al horno de barro.

Pizzas y Sandwiches

Puerto Pirata es el lugar por excelencia para comer pizza en la ciudad, fácilmente reconocible porque tiene la forma de un barco de madera y su interior está decorado con timones, claraboyas, redes y salvavidas. La especialidad es la pizza por metro. Una de 50x23 centímetros trae doce porciones y para elegir hay 31 sabores que se pueden combinar hasta en tres variedades por pizza. Algunas opciones pueden ser la pizza de atún, otra con champiñones y jamón, la de longaniza y panceta o la Superpirata, con huevos fritos, papas, jamón, muzarella y provolone. También ofrecen servicio de delivery.

Entre los lugares de comida al paso uno ineludible –es el único en el Bosque de Arrayanes– es la tradicional Casita de Té, que todo el año ofrece alfajores caseros, tostados, tortas de chocolate, café expreso y chocolate en taza, ya sea bajo techo o en unas mesitas al aire libre con vista al lago adentro mismo del idílico bosque.

El restaurante 7 Lagos es una de las mejores opciones en la ciudad para comer minutas sentados al aire libre bajo una sombrilla. Muy recomendable es el salmón a la plancha y también se sirven pollo al horno, bife de chorizo, milanesas, lomitos, sandwiches y picadas.

A la parrilla

Las Varas es la parrilla patagónica tradicional de Villa La Angostura. La estrella es por supuesto el cordero patagónico asado, aunque un plato muy pedido es la trucha con salsa de almendras y puré ($48). Otra delicia local es el lomo de ciervo a la parrilla con papas noisette ($70). Los sorrentinos de trucha son una buena mezcla de la cocina internacional con la local ($25), que se pueden acompañar con una salsa de hongos. Como entrada se ofrecen empanadas de ciervo o cordero ($5) y lengüitas de cordero al escabeche ($26). Además hay tablas de ahumados que incluyen ciervo, jabalí, trucha, salmón y arrolladitos de queso. Y de postre, una buena opción puede ser una copa de frambuesas con helado ($28).

Fuente: Página 12 Turismo

Bellos rincones cordilleranos

Las localidades de San Martín de los Andes y Villa La Angostura se destacan por su preservación como aldeas de montaña, un entorno apacible de gran belleza, y también por las opciones de turismo cultural rural, ligado a los pueblos originarios. En ese sentido, la Secretaría de Turismo de San Martín de los Andes consolidó un convenio con la Comunidad Mapuche Vera para desarrollar un proyecto de “turismo rural comunitario”, que agrega valor a la oferta del lugar.

Las comunidades originarias trabajan junto al personal técnico municipal en la organización, planificación y desarrollo de nuevos servicios y actividades para el turista, con el objetivo de rescatar y revalorizar la cultura mapuche. De la mano de esta idea el visitante accede a conocer la economía de la comunidad y su aporte potencia las actividades productivas, artesanales, recreativas y de servicios turísticos.

San Martín de los Andes tiene encantos tradicionales como la ciudad en sí misma, que fue rediseñada y remodelada; actividades náuticas en los lagos Lácar, Machónico Grande y Pichi Machónico, otras opciones en los ríos Hermoso y el Aluminé y alternativas de montaña en los cerros Curruhuinca, Comandante Díaz y Chapelco. Golf, pesca deportiva, relax, rafting, remo, cabalgatas y tours culturales completan la oferta de una localidad que desarrolló estándares certificados de calidad en hotelería y gastronomía, a los que sumó el sello de origen “Hecho en San Martin de los Andes” para su producción artesanal y artística.

Por su parte Villa La Angostura consolidó su perfil para el turismo familiar, con una hotelería armónica y de alta gama.

A sus clásicos encantos de paseos terrestres, suma opciones de turismo activo y este año inaugurará el primer tramo de Huella Andina, un producto de la Secretaría de Turismo de la Nación y Parques Nacionales que consiste en un complejo de sendas que cubre el oeste de Neuquén, Río Negro y Chubut.

Sendas de singular belleza

Estas sendas pueden conocerse de norte a sur en sus distintos sectores de singular belleza, fueron diagramadas según grados de dificultad y son opciones por igual para caminantes entrenados como debutantes, grandes sin límites de edad, y también chicos.

El secretario de Turismo, Juan José Fioranelli, destacó que se inaugurarán los senderos que van de la Península de Quetrihue y el Bosque de Arrayanes a Villa La Angostura,desde ahí hasta el cerro Bayo y luego hasta Villa Traful, por el valle del río Ujenco.Estos senderos deleitarán a los turistas.

Fuente: La Capital Turismo

Neuquén. Villas veraniegas en un paraíso patagónico

La tranquilidad reina en los lagos, la naturaleza florece desde la primavera y embellece las montañas, que parecen de una altura infinita al entremezclarse con el cielo celeste, que se cubre de nubes en la alta cordillera.

Es la postal de la provincia de Neuquén, que invita a los turistas a descubrirla en verano, con temperaturas cálidas y decenas de aventuras por emprender.

Neuquén no es sólo un destino, son decenas de lugares: desde su capital, donde confluyen los ríos Neuquén y Limay y dan nacimiento al río Negro, pasando por la zona de alta montaña de Aluminé, próxima al parque Lanín. Seguida por Junín de los Andes, al sudeste, a casi 400 km de la capital. Llegando a Villa Traful, en la Cordillera de los Andes, todo se vuelve más que tentador ante los ojos, y luego están las estrellas de la provincia: San Martín de los Andes y Villa La Angostura, que atraen a los turistas por la belleza de sus paisajes, pero, sobre todo, por la paz que se puede encontrar allí.

Villa La Angostura

Sobre la margen del lago Nahuel Huapi, en plena cordillera patagónica, rodeada por la tranquilidad y el silencio de las altas montañas se encuentra la villa más hermosa de la provincia.

En este ambiente de colorida vegetación y espejos de agua cristalina, las aventuras y los deportes tienen un lugar destacado. Desde cabalgatas, trekking, paseos en kayak, catamarán y canoas hasta travesías en mountain bike son la variada gama de actividades que se pueden desarrollar en este destino patagónico.

A sólo 12 kilómetros de la villa, en la península de Quetrihué, hay un lugar imperdible: el bosque de arrayanes. Son 12 hectáreas de este árbol nativo de poderosa belleza, con una corteza de color canela y manchas irregulares blancas. Al bosque se puede acceder a través de un viaje de 40 minutos en el catamarán, que sale desde el puerto, en el muelle Modesta Victoria, bahía La Mansa. También se puede llegar a pie o en bicicleta por el bulevar Nahuel Huapi, a través de una senda de 12 kilómetros. Dentro del bosque, por un sendero se llega a la «casa de Bambi». Según cuenta la historia, Walt Disney se inspiró en este sitio para hacer la famosa película de dibujos animados protagonizada por el pequeño ciervo.

En Villa La Angostura comienza el recorrido De los Siete Lagos, una travesía de poco más de 100 kilómetros por la Ruta Nacional 231, en dirección hacia San Martín de los Andes.

El primer río que se encuentra es el Correntoso, uno de los más cortos del mundo, que nace en el lago del mismo nombre y vuelca sus aguas en el Nahuel Huapi. Allí sorprenden sus playas con una arena oscura y pesada producto de las cenizas volcánicas.

A pocos kilómetros se encuentra la entrada al balneario del lago Espejo y la cabecera norte del lago Correntoso. Por la misma senda hallamos el lago Espejo Chico, un excelente lugar para acampar, elegido sobre todo por los más jóvenes que deciden recorrer la zona como mochileros.

Más adelante, en el empalme con la Ruta Provincial 65, que conduce a Villa Traful, siguiendo por la boscosa ruta y con el río Pichi Traful a la izquierda se pueden ver los lagos Escondido, Villarino y Falkner, y los lagos Hermoso y Machonico se ubican más adelante; al finalizar el recorrido, llegando al lago Lácar, se encuentra la ciudad de San Martín de los Andes.

San Martín de los Andes

Sus aguas cristalinas, que reflejan la inmensidad de la Cordillera de los Andes, son uno de los principales atractivos que tiene esta ciudad en verano, dejando relegado al cerro Chapelco, que cobra protagonismo en invierno. Catritre y Quila Quina son dos de las playas más concurridas, situadas a orillas del Lácar; ambas permiten disfrutar del lago hasta el atardecer.

Para llegar hay que tomar la Ruta Nacional 234 en dirección sudoeste, saliendo desde la ciudad. Tras cuatro kilómetros, se llega al acceso de la playa Catritre. Allí, hay que bajar por un zigzagueante camino de montaña que se abre paso entre un añoso bosque colorido hasta alcanzar la orilla, donde se encuentra un sector de camping con asadores, mesas, bancos y restorán ideal para pasar toda la tarde en familia o en compañía de amigos.

La segunda opción es pasar el acceso a Catritre y seguir un kilómetro más por la Ruta 234 hasta el acceso a Quila Quina. Hay que transitar 12 kilómetros más sobre un camino de montaña con tramos muy sinuosos, en ascenso los primeros seis kilómetros y, luego, una bajada por un típico faldeo, hasta llegar a la villa. Allí, yendo por el camino principal hasta el final, se encuentran el muelle y la playa con una confitería.

Fuente: Ambito

El bosque de arrayanes, o el bosque color canela

En el extremo sur de Neuquén, sobre el lago Nahuel Huapi, el Bosque de Arrayanes despliega la magia de sus colores durante todo el año. Postal inolvidable de todo viaje a Villa La Angostura o Bariloche, se puede llegar por vía lacustre o por tierra para recorrer los espesos senderos donde apenas se filtra el sol.

Algunos lugares son por sí mismos sinónimos y motivos de un viaje: ciertas postales que no por repetidas pierden encanto, ciertos sitios que no hay fotografía capaz de revelar en toda su dimensión. El Bosque de Arrayanes es uno de ellos, sobre las tierras de la Península de Quetrihué, que se adentra desde el sur de la provincia de Neuquén frente a la rionegrina Bariloche, sobre las aguas azules del lago Nahuel Huapi. “Donde hay arrayán” es precisamente el significado de Quetrihué en la lengua mapuche, y nunca mejor puesto el nombre que en esta estrecha lengua de tierra donde predomina el color canela de estos árboles a veces centenarios, de fría corteza y lentísimo crecimiento.

Años atrás los arrayanes, inspiradores de la leyenda según la cual Walt Disney le puso los colores neuquinos al bosque de Bambi, formaban parte del Parque Nacional Nahuel Huapi. Pero se independizaron en 1971, cuando pasaron a formar un parque nacional propio, destinado expresamente a preservar este paisaje singular sobre más de 1700 hectáreas, en el extremo norte del “lago del tigre”. O “lago del yaguareté”, el tigre americano que los araucanos llamaron “nahuel”.

Seguramente ajenos a las cuestiones ecológico-administrativas, ellos siguen en pie a pesar de las amenazas que representan para su conservación la presencia de algunas especies exóticas (sobre todo liebres europeas y jabalíes) y la presión turística. Por eso precisamente este bosque se recorre por caminos expresamente señalizados, está absolutamente prohibido recoger cualquier rama u hoja caída en el suelo, y existe un área que no se visita porque goza de la protección de una “reserva natural estricta”.

Corteza canela

El popular arrayán, científicamente conocido como Luma apiculata, es una especie oriunda de los Andes centrales, entre la Argentina y Chile. Aunque es frecuente verlos en su forma arbustiva en las laderas cordilleranas, mezclados aquí y allá con las otras variedades propias de la región y a ambos lados de la frontera, la particularidad de los que crecen en la Península de Quetrihué es el tamaño de árbol respetable que alcanzan los ejemplares, hasta tocar los 15 metros de altura, y sobre todo su concentración en un bosque tan denso que a veces apenas si se cuelan los rayos del sol. Cualquiera sea la época del año, los arrayanes siempre irradian una magia especial, sobre todo en invierno, cuando las hojas apenas soportan el peso de la nieve, y en primavera, cuando sorprenden con unas pequeñas flores blancas que recuerdan al azahar. Como es típico de los bosques patagónicos, el clima en el Parque Nacional va de templado a frío y húmedo, con nevadas y lluvias durante el invierno, y heladas durante casi todo el año: al mismo tiempo, su frescura veraniega es un regalo bienvenido cuando se hace sentir el calor de los meses de enero y febrero.

A bordo

Una de las formas más tradicionales de visitar el Bosque de Arrayanes es navegando por el Nahuel Huapi, en una excursión que combina el descenso en la parte sur de la Península de Quetrihué –unida con Villa La Angostura por un pequeño istmo– con la visita a la isla Victoria, otra de las áreas protegidas del lago. Lleva todo el día, pero dan ganas de quedarse más todavía disfrutando de la diafanidad del aire y el paisaje encantado del lago recostado contra la Cordillera.

La excursión comienza en Puerto Pañuelo, a unos 25 kilómetros del centro de Bariloche, sobre la orillas de la Península Llao Llao: allí los visitantes se embarcan para una navegación que dura aproximadamente unos 40 minutos, siempre acompañados por hambrientas y ruidosas gaviotas cocineras empeñadas en conseguir la atención y la comida de los viajeros. Con sorprendente habilidad, según cómo venga el viento, algunas consiguen la proeza de comer directamente de la mano, mientras los demás pasajeros suelen dedicarse a retratarlas en vuelo.

Una vez en la isla, se desembarca en Puerto Anchorena, en la zona central de la isla, donde una caminata por las zonas abiertas al turismo permite llegar hasta un par de aleros con pinturas rupestres, y seguir entre bosques de coihues, cipreses, maitenes, radales, ñires... y naturalmente algunos arrayanes. También hay tiempo para descansar un rato en las playitas de la isla, verdaderos remansos de vegetación y aguas claras que permiten adivinar el paso rápido de los peces haciendo remolinos entre las aguas del lago.

Nuevamente embarcados, la navegación sigue hasta Puerto Quetrihué, para desembarcar junto al soñado bosque color canela. Allí hay que seguir una serie de senderos que, levantados en escalones sobre el suelo, están delimitados por barandas de madera para evitar que se dañen el suelo y los renovales de arrayanes. Ni siquiera se debe levantar una hoja: por una, y otra, y otra, simplemente terminan poniendo al descubierto las raíces de los ejemplares grandes, ocasionándoles un daño irreversible. Si se piensa que cada año unas 250.000 personas visitan el bosque, se tendrá la dimensión de la acumulación de riesgos y la importancia de no desviarse de los senderos.

Arrayanes por tierra

La otra alternativa, esta vez para piernas mejor entrenadas, es hacer un trekking hasta el bosque de arrayanes atravesando la Península de Quetrihué. Considerando que es un trayecto de 12 kilómetros, hay que calcular por lo menos tres horas de caminata, o dos, si se prefiere hacer la travesía en bicicleta. Los paisajes y la experiencia valen el esfuerzo, que debe empezar bien temprano por la mañana para aprovechar las horas de luz y los horarios establecidos para el ingreso. Para volver, una opción más descansada es embarcarse en el puerto de la propia península, aunque siempre está la opción de volver a hacerlo a pie o en mountainbike.

Una tranquera de madera marca el lugar donde se paga el ingreso al Parque Nacional, cruzando la “angostura” o istmo de la península. La primera parte es la más difícil: aquí hay que vérselas sobre todo con pendientes empinadas y escalones de distinta altura, que distraen un poco la vista del panorama sobre el Nahuel Huapi y la bahía Brava, con los cerros Inacayal y Bayo como telón de fondo.

Algunos kilómetros más adelante, el camino empieza a rendirse y se hace más fácil: poco a poco, aparecen los primeros troncos de color canela mezclados con otras especies patagónicas. Conviene prestar atención a las indicaciones para no equivocar el camino: hay bifurcaciones hacia el casco de la antigua estancia Quetrihué, y un par de lagunas donde se realizan avistajes de aves, que hay que rodear para llegar finalmente a la seccional del guardaparque, el puerto y finalmente, en el extremo de la península, al Bosque de Arrayanes propiamente dicho. Allí, otra vez, espera el ritual de las fotos en la “casita de Bambi”, y sobre todo el placer delicioso y solitario de recorrer los senderos en silencio, bajo la sombra majestuosa de los arrayanesz

Fuente: Página 12 Turismo

Colonia Suiza: curanto y reparo

La pequeña comarca rescata las tradiciones europeas y destaca lo mejor de la Patagonia en su gastronomía.

Hace dos veranos nos embarcamos en un viaje sin tiempo hacia el sur argentino, en el vehículo familiar sin alojamiento contratado en ningún sitio, nos quedábamos dónde mejor nos venía. Eso permitió que los casi 6.000 km recorridos -ida por la cordillera hasta Esquel y de allí a Madryn y Península de Valdés, luego de intensas jornadas de playa, regreso a Mendoza- fueran distendidos, descansando lo necesario y eligiendo cada estadía a nuestro antojo.

Por ejemplo, llegamos a El Bolsón un día en que la feria estaba cerrada, nos quedamos 3 días -aunque teníamos pensado llegar a La Angostura para la noche-. Consideramos que las artesanías son una debilidad y nadie pisa la villa andina sino bebió su cerveza, probó sus dulces y conversó con los viejos hippies, alguno de los cuales hoy son pequeños empresarios.

Bariloche era uno de los lugares en los que haríamos una estadía más prolongada, no sólo por los atractivos turísticos, sino porque resulta más fácil encontrar alojamiento de último momento y excelentes precios.

Veníamos con un clima excepcional, tomando sol en las playas de los lagos de San Martín de Los Andes, del Nahuel Huapi en La Angostura y Bariloche nos recibió con una tupida llovizna de invierno, la noche nos encontró paseando en la calle principal y advertimos que los carteles publicitarios, que además dan la hora y la temperatura, indicaban 0º.

El día siguiente amaneció nevado y en pleno enero nos vimos en las galerías comprando gorros, bufandas y camperas porque el pronóstico indicaba una seguidilla de días con nieve. Por supuesto el frío no impidió hacer todos los circuitos de los alrededores, por el contrario, descansamos del intenso calor de las rutas.

Uno de estos días sin agenda -aunque con dos guías turísticas en la mano- llegamos a Colonia Suiza. Una lluvia torrencial nos precedía, la feria de artesanías en el centro del poblado, con su entidad comunal nos brindó el reparo necesario.

Lo sorprendente fue experimentar la amabilidad de los pobladores, el que pasaba nos daba la bienvenida y nos indicaba los sitios para visitar. Era miércoles, día de curanto, especialidad de la zona transmitida de generación en generación.

Piedras calientes

Los Goye nos explicaron la tradición de la comida, mientras tanto verduras y carnes frescas en trozos esperaban en un mesón, el fuego estaba presto y gente de la ciudad y turistas llegaban para el festín. Al comienzo no entendíamos mucho eso de cocinar en piedras calientes y tapado con tierra, ni la mezcla de productos.

La curiosidad hizo que esperáramos dos horas para disfrutar del menú, tiempo suficiente para recorrer casas de té, comprar dulces, artesanías e interactuar con los habitantes cuyo trato familiar hace olvidar cualquier inclemencia.

Curanto es una palabra de origen araucano que significa "piedra caliente" costumbre que viajó por el Pacífico desde la Polinesia hasta el sur de Chile, donde sus ingredientes principales son pescados y mariscos.

Los colonos suizos ingresaron a la Patagonia argentina luego de haber vivido en el país trasandino y de aprender esta costumbre culinaria. Aquí debieron reemplazar por carnes (cerdo, cordero, res y aves) los productos de mar.

En un hueco de poca profundidad de forma rectangular hay fuego y sobre la leña piedras calientes en las que colocarán los alimentos -papa, batata, zanahoria, arvejas, queso, zapallo, pollo, carne vacuna, cerdo, cordero, achuras y manzana cubiertos con hojas de pangue, luego telas de arpillera y finalmente tierra.

En poco menos de dos horas estuvo listo el almuerzo. Una cerveza artesanal y buena música en vivo acompañó al plato. Ya del frío nadie se acordaba.

Fuente: Los Andes Online
http://www.losandes.com.ar/notas/2010/2/14/turismo-471859.asp

8vo Encuentro de Kayakistas, declarado de interés nacional

En el año del Bicentenario, la Secretaría de Turismo del Ministerio de Industria y Turismo de la Nación (Sectur), a cargo de Enrique Meyer, declaró de interés nacional al 8° Encuentro Nacional de Kayakistas 2010, que se realizará el mes próximo en el Parque Nacional Nahuel Huapi. Así, se apoya y brinda reconocimiento a la actividad por su contribución a la promoción y difusión del turismo argentino.

Bajo el lema “Un Evento Nacional que la sigue remando”, la organización del encuentro abre la convocatoria a los kayakistas de travesía de la Argentina y Chile para formar parte de este evento en su edición 2010. E informaron que la apertura del encuentro se realizará el 17 de febrero en Villa La Angostura para luego, tras completar la travesía, hacer la ceremonia de cierre del encuentro en la ciudad de Bariloche el domingo 21.

La organización del encuentro de kayak agradeció “el importantísimo apoyo y reconocimiento oficial” brindado por la Secretaría de Turismo de la Nación; la Prefectura Naval; el Parque Nacional Nahuel Huapi; la Municipalidad de Bariloche, su oficina de Turismo; Deportes Gobierno de Río Negro; la Federación Argentina de Canotaje; la Municipalidad de Villa la Angostura y la Secretaría de Deportes de la Nación.

Villa La Angostura. Fiesta Provincial de los Jardines

Del 4 al 7 de febrero, se vivirán cuatro jornadas de la 13° Fiesta Provincial de los Jardines, en Villa La Angostura, Neuquén.

La Fiesta de los Jardines es organizada por la Municipalidad de Villa La Angostura y se ha convertido en un clásico de la Patagonia, en la que participan muchos artistas de renombre en el escenario mayor, al aire libre. Entre los artistas estarán Patricia Sosa, Opus 4, Resistencia Suburbana y Los Calzones.

La novedad es que este año será la primera vez que se realizará la elección de la Reina de los Arrayanes, durante este evento.

La Doble Ruca Malen: Mountain Bike en la Angostura

El 13 de diciembre se correrá en Villa La Angostura la tercera edición de la “Doble Ruca Malen”, un rally de mountain bike con largada y llegada desde la Plaza de los Pioneros de esa localidad neuquina.

DISTANCIAS: Mountain Bike 60 Km.
LUGAR: Camino de Siete Lagos
FECHA: 13 de Diciembre de 2009
CATEGORIAS: Damas - Juveniles - 19 a 29 años - 30 a 39 años - 40 a 49 años - Más de 50 años
INFORMES: (02944) 15642985 - Villa La Angostura - junatol@hotmail.com

Delicias para el paladar en La Angostura

Desde hace tiempo, Villa La Angostura se viene consolidando como uno de los grandes destinos culinarios de la Argentina, un sitio que combina los increíbles paisajes de la Patagonia andina con un buen puñado de excelentes restaurantes, muchos de los cuales han ganado una merecida fama entre los expertos del universo gourmet.

En esta fama bastante tiene que ver Chef en Altura, un evento que acaba de celebrar su sexta edición. Se trata de un encuentro que propone duetos entre cuatro chefs residentes en La Angostura y otros cuatro llegados de distintos puntos del país, que suman sus talentos para ofrecer almuerzos y cenas de alta complejidad. La mecánica es divertida y original: el chef residente hace de anfitrión y elabora junto con su invitado un menú de varios pasos, que se acompaña con diferentes vinos de una bodega, en este caso Escorihuela Gascón. A veces priman las ideas de uno, a veces las de otro, pero por lo general nunca se pierde el espíritu de improvisación e intercambio, como si se tratase de una zapada entre dos músicos.

Del té a la fiesta electrónica

El encuentro comenzó en el Hotel Correntoso, con una magnífica tarde de té que remitió a los años dorados de este hospedaje pionero del turismo en La Angostura, cuya pastelería era (y es) legendaria, y continuó en el restaurante Waldhaus, del chef Leo Morsella, quien recibió en sus fogones a Rodrigo Ayala, del Hotel Llao Llao.

La noche siguiente llegó uno de los puntos altos del evento, la cena en el restaurante Tinto Bistró, comandado por Martín Zorroaguieta, hermano de la princesa Máxima, donde cocinaban el chef local Leo Andrés y el televisivo Fernando Trocca, propietario del porteño restaurante Sucre. Allí la estrella fue una ensalada de trucha ahumada, dill, puerros y huevos soft, que se complementó con un perfumado vino rosado de las Pequeñas Producciones de Escorihuela.

Cuando las charlas de sobremesa comenzaron a decaer, Martín Zorroaguieta -miembro de una familia real, al fin y al cabo- se arremangó plebeyamente la camisa, disponiéndose a levantar las mesas y a conectar parlantes para dar inicio a la fiesta que tiene lugar los jueves por la noche en su Tinto Bistró. Algunos de los comensales de más edad dieron las buenas noches y el lugar se empezó a poblar de fauna cool, esquiadores e instructores de Cerro Bayo. Las copas de vino desaparecieron, dejando lugar a los tragos y al champán. Mientras fuera del restaurante la nieve caía como una llovizna silenciosa y helada, puertas adentro la gente no paró de bailar al ritmo de un set electrónico hasta que llegó la madrugada y las calles de la villa amanecieron tapizadas de blanco.

Delicias frente al Nahuel Huapi

Durante la penúltima velada, el restaurante de la coqueta hostería Las Balsas rebasaba de viajeros argentinos y extranjeros, dispuestos a dejarse llevar por las creaciones del chef residente Pablo Campoy y de Rodrigo Ginzuk, chef de Maat Club Gastronómico Privado entre las que se se destacó un risotto con langostinos confitados, almíbar de Martini Dry y enebro.

Finalmente, Delfina -el restaurante de la hostería La Escondida- fue sede de la cita de despedida. Situado a pasos de la costa del Nahuel Huapi, en la bellísima bahía Manzano, el restaurante ocupa una antigua cabaña de madera que, según una leyenda, fue refugio de Butch Cassidy y Sundance Kid. Allí, tuvo lugar una de las cenas más estimulantes de todo el encuentro, llena de sorpresas y combinaciones tan creativas como insólitas, a cargo de la anfitriona Natalia Mutchinick y Soledad Nardelli, chef del restaurante porteño Chila.

"Este ya es un evento con vida propia", concluía frente a una copa de vino dulce Peter Hyland, organizador del encuentro, junto con su mujer Silvina. "Hace ya unos años que mucha gente viene a la villa especialmente para disfrutar de estas cenas, a vivir la experiencia de ver a ocho chefs de alto nivel cocinando en un mismo evento". Un evento que ya va en camino de convertirse en un clásico de La Angostura.

Fuente: Clarín Turismo
http://www.clarin.com/suplementos/viajes/2009/08/23/v-01983658.htm